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La caída de Ivo Scapolo, el discípulo de Sodano 

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El próximo 24 de julio, monseñor Ivo Scapolo cumplirá 65 años de edad

                  y 7 años como nuncio apostólico en Chile.

El arzobispo —nacido en Terrassa Padovana, una localidad de menos

de 3 mil habitantes al norte de Italia— es el tercer representante papal

que más tiempo ha estado en nuestro país en las últimas cinco

décadas. Sólo es superado por Angelo Sodano (11 años en el cargo,

entre 1978 a 1989) y Sótero Sanz (7 años y cuatro meses entre julio de

1970 y noviembre de 1977).

Representante del conservadurismo en la Iglesia y discípulo de Sodano

—quien fue 15 años secretario de Estado de la Santa Sede (1991-2006)

y es, desde 2005, decano del Colegio Cardenalicio—, a Scapolo se le

hará difícil superar el récord de su mentor.

Por estos días, Scapolo se prepara para ser, por segunda vez, anfitrión

de los enviados papales Charles Scicluna y Jordi Bertomeu, que

llegarán el martes 12.

Desde que el Papa –en su carta conocida el 11 de abril— aludió a la

falta de información veraz que le impidió tener un diagnóstico sólido

sobre la Iglesia chilena, surgió el nombre de Scapolo como uno de los

principales responsables. “El nuncio es el representante del Papa en

Chile y, como tal, uno esperaría que en su rol de canal institucional

provea de información oportuna, correcta y veraz a la autoridad que

representa”, dijo en su momento Soledad Errázuriz, directora ejecutiva

de Voces Católicas, en La Tercera.

Las víctimas de Karadima además indicaron al cardenal Francisco

Javier Errázuriz y al arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, como

encubridores del ex párroco de El Bosque. Sobre esto, durante los días

del encuentro de los obispos con el Pontífice en Roma, Errázuriz

aseguró: “El Papa me dijo que le he informado bien”.

Para Jaime Escobar, editor de Reflexión y Liberación (creada hace 30

años por el sacerdote José Aldunate), “el actual nuncio, de larga

estancia en Chile, es uno de los responsables del engaño permanente

al Santo Padre durante sus cinco años de pontificado, en sus informes a

Roma y en sus visitas periódicas, no dio cuenta de la realidad gravísima

que atravesaba la Iglesia chilena, porque esta crisis no comenzó ayer;

se arrastra por años”.

Además, a Scapolo se le critica de haber promovido a monseñor a Juan

Barros como obispo de Osorno, cargo que asumió el 21 de marzo de

2015.

Dos meses antes, el 31 de enero, el Papa —en correo al comité

permanente de la Conferencia Episcopal— relata que intentó evitar que

Barros asumiera. “Sin embargo surgió luego, hacia fin de año, un

problema serio. El Sr. nuncio le pide a monseñor Barros la renuncia y lo

exhorta a tomar un periodo sabático (un año, por ejemplo) antes de

asumir otra responsabilidad pastoral como obispo diocesano. Y le

comenta que el mismo proceder se tomará con los obispos de Talca y

de Linares pero que no se los dijera a ellos. Monseñor Barros hace

llegar el texto de su renuncia añadiendo este comentario”. Y el Pontífice

agregó: “Como ustedes podrán comprender este comentario del Sr.

nuncio complicó y bloqueó todo camino ulterior en el sentido de ofrecer

un año sabático”.

A consecuencia de esto, el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la

Congregación de los Obispos, habló con Scapolo.

A ello, hay que sumar las declaraciones que el 29 de mayo pasado

emitió Consuelo Gómez, ex monja de las Hermanas del Buen

Samaritano, quien lo sindicó como encubridor por no haber actuado

oportunamente luego de que ella le informó de los abusos de que era

víctima.

Estos hechos, hacen que su salida sea prácticamente lo más seguro en

medio de los cambios que se esperan en la iglesia.

“Su estilo diplomático es el fiel reflejo del que impuso Sodano”, a quien,

con un grupo de laicos, a fines de los 80 “declaramos persona non grata”,

agrega Escobar. “Viene el segundo momento de las medidas del Papa

y es absolutamente claro que la continuidad de Scapolo es imposible”.

Ya en marzo había signos de su afectada carrera. Tras el paso de la

misión Scicluna en febrero, el hito diplomático por venir era el cambio de

mando presidencial y Scapolo asistió, pero no como único embajador de

Francisco. Nicola Girasoli, nuncio en Perú (desde junio del año pasado),

concurrió “en representación del Santo Padre”, confirmó el jefe de

protocolo del Senado, Guillermo Miranda.

Pero la caída de Scapolo no sería necesariamente con estruendo, por

las redes que aún mantiene en el Vaticano (ver recuadro), sino que una

salida más discreta.

Recorrido por diócesis y Punta Peuco

A nivel diplomático, Scapolo fue representante pontificio en Angola;

secretario de la Nunciatura en Portugal (1987), en Estados Unidos

(1990), nuncio en Bolivia, en Ruanda y luego en Chile, desde el 15 de

julio de 2011.

En los tres primeros años se dedicó a recorrer las diócesis del país.

Incluso, el 31 de diciembre de 2012 realizó una visita a Punta Peuco,

donde rezó con el grupo de uniformados detenidos allí, entre los que

estaba Álvaro Corvalán. Aunque ahora sus viajes han mermado.

Apegado a su idea de mantener un bajo perfil, suele rechazar las

peticiones de entrevista. Y cuando habla, lo hace por declaración

pública o al término de alguna actividad, siempre y cuando quiera decir

algo.

Según Jaime Escobar, Scapolo desde que llegó comenzó a elaborar las

listas de personas “en gracia” y “en desgracia” entre sacerdotes,

obispos y religiosos (de ambos sexos) que no le obedecían. Cita como

ejemplo la vez que requirió datos al Arzobispado de Santiago sobre

declaraciones acerca de la reforma educacional del Gobierno, el aborto,

el matrimonio homosexual y la desigualdad que hicieron los sacerdotes

José Aldunate, Felipe Berríos y Mariano Puga, en 2014.

Aldunate aseguró que “el homosexual tiene derecho a amar”; Puga

señaló que “la Iglesia, en vez de ser la que destruía el concepto de

clases, lo fortaleció: colegios para los pobres, otros para los indígenas,

otros para la clase alta”. Y Berríos, al regresar de su misión en África,

dijo: “No soy muy querido en ciertos sectores de la Iglesia Católica

chilena. No hay que ser sabio para darse cuenta”.

La polémica fue tal, que hasta Benito Baranda, hoy presidente de

América Solidaria, declaró que “ya está bueno que la Iglesia saque a los

nuncios de los países”.

Meses después, en marzo de 2015, Scapolo elevó la voz, pero para

criticar a los manifestantes que se opusieron a la asunción de Barros en

Osorno: “Dieron ejemplo de falta de respeto, primero, a la asamblea que

estaba celebrando la Eucaristía; a los obispos, al lugar, y también

violaron un derecho fundamental que es la libertad de culto. Una

persona puede tener posturas diferentes; la respetamos, mas no puede

faltar el respeto al otro”.

En la misma ocasión aseguró que las cartas de parlamentarios y laicos

reclamando por Barros y que fueron entregadas a la Nunciatura,

llegaron al Papa: “No se ha escondido nada. Al Santo Padre le ha

llegado todo y tenemos que aceptar la decisión. De hecho, el Santo

Padre ha confirmado el nombramiento y hay que mirar el futuro con

espíritu de esperanza”.

Diplomático: opina poco, pero pregunta por obispos

Como nuncio, es además decano del Cuerpo Diplomático, lo que le

permite contactarse con los embajadores de todos los países con

representación en Chile.

Una ex autoridad de Relaciones Exteriores —que prefirió no

identificarse— plantea que Scapolo “es un diplomático clásico del

Vaticano, con relaciones fluidas, pero que se notaba incómodo cuando

se tocaba el tema Barros, que estaba presente en todas las

conversaciones”. En todo caso, advierte, nunca intentó imponer alguna

idea en particular.

Un ex parlamentario que mantiene contactos con el nuncio agrega que

“es muy afable y con gran capacidad para escuchar, más que para

opinar. Es conservador, pero se le puede hablar sin tapujos de cualquier

tema”. Y agrega: “Nunca intentó influir en algún tema; a lo más, algunas

veces preguntaba la opinión que uno podía tener de algunos obispos”.

“Estuve un par de veces con él, no es suficiente para tener una

impresión”, dice un ex ministro del Interior, quien sí agrega que “un cura

obrero o villero (término argentino para los que trabajan con los más

pobres) no me pareció”.

                          Viviana Candia  –  LaSegunda

                                Santiago de Chile.

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