|Miércoles, Octubre 16, 2019
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Porque la justicia nos hace decir Gracias don Alejandro 

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Si buscamos en el Diccionario de la Lengua Española la palabra “reconocimiento”, encontramos dos acepciones: 1) acción y efecto de reconocerse o reconocer; 2) gratitud. Por su parte, su buscamos gratitud la definición dice: “Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera”. Sentimiento, acción por la cual se nos beneficia, obligación moral, actitud cristiana. Eso es lo que quisiera realizar en esta reflexión: cómo la justicia, esa que todos buscamos y sobre todo ansiamos para nuestra Iglesia – y sobre todo para las víctimas – debe también realizarse para uno de los Obispos que recientemente ha sido removido de su cargo pastoral.

La persona de Alejandro Goic Karmelic no deja indiferente a nadie. Hijo de Pedro y de Margarita, oriundo de Punta Arenas, con raíces croatas. Sacerdote desde el 12 de Marzo de 1966 de manos del obispo Vladimiro Boric en Punta Arenas, en pleno post Vaticano II con toda una renovación eclesial que removía fuertemente las comunidades. El Padre Alejandro, en un testimonio transcrito por la periodista talquina María Verónica Figueroa recuerda “era una época de profundas transformaciones en el mundo y en la Iglesia. Había muchas esperanzas, pero también muchas incertidumbres. Fue una época compleja, difícil, pero tremendamente desafiante”. Que lógica más profunda tiene la historia: hoy, luego de cincuenta y dos años de sacerdocio, la época que ve salir al Padre Alejandro es también “compleja, difícil, tremendamente desafiante”.

En 1973 tuvo que conducir la Iglesia de Punta Arenas como Vicario General. Los dolorosos hechos del Golpe de Estado y del derrocamiento del Presidente Allende lo encuentran en la ciudad. Volvemos a escucharlo en sus palabras: “hicimos, con la gracia de Dios, todo lo posible para acoger, infundir esperanza, dar ánimo, servir, hacer diligencias…”. Recuerda como le amenazaron por teléfono, por mensajes anónimos. Y añade: “tiempos muy difíciles, pero al mismo tiempo muy evangélicos”. Sin comparar la envergadura del 73 con nuestra actual situación, parece que también estos tiempos exigen ser más evangélicos: vuelta a Jesús, a la Biblia, a las comunidades.

Fue nombrado Obispo Auxiliar de Concepción el 28 de Abril de 1979, siendo el primer obispo chileno ordenado por un Papa. Su gobierno pastoral en la Arquidiócesis sureña finalizó en 1991. En esta ciudad vivió todo el tiempo de la Dictadura de Pinochet, acompañando a las familias de los detenidos desaparecidos, organizó la peregrinación a Yumbel – vigente hasta el día de hoy – consolidó comunidades de base, organizó la Pastoral de los Derechos Humanos, fue cercano a los que sufrían. Un hecho marcó esta estadía: la muerte a lo bonzo de Sebastián Acevedo. Sebastián sufrió la detención de sus hijos por agentes de la CNI. Los buscó incesantemente pero sin resultados. En su desesperación de padre, Acevedo se suicidó quemándose vivo en las escaleras de la Catedral de Concepción el 11 de Noviembre de 1983. En la homilía del funeral de Sebastián Acevedo, el Obispo Goic declaró con la fuerza de los profetas: “nuestro hermano Sebastián, inmolado por amor, inmolado por amor a sus hijos, confió en el Señor. Y por eso conoce ya en plenitud la Verdad y el Amor que es Dios y en Dios ha encontrado bondad y misericordia”. Y más adelante añade: “… y también hemos pedido públicamente como Iglesia de Concepción, la disolución dela CNI en nuestro país porque sus actuaciones han dañado y siguen dañando profundamente la convivencia de los chilenos”. Años después se creaba el “Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo”, del cual fue animador clave el querido Padre Pepe Aldunate, teólogo moralista y profeta chileno.

En Concepción también coordinó la visita de Juan Pablo II en 1987. En Junio de 1991 comenzaba su labor como Obispo Auxiliar de Talca colaborando con el recordado y también profeta Carlos González, otro defensor de los Derechos Humanos. En 1994 vuelve a partir, esta vez a Osorno como Obispo, en donde comenzó el proceso de postulación de Monseñor Francisco Valdés Subercaseaux al catálogo de los beatos. Hasta hoy, los osorninos recuerdan a Monseñor Francisco Valdés como otro Pastor con “olor a oveja”. En esta época sus dolores físicos a la columna comenzaron a incrementarse, pero su misión continuaba. Rancagua se comenzaba a asomar en el horizonte.

El 10 de Julio de 2003 llega a nuestra ciudad como Obispo Coadjutor – similar a un Auxiliar pero con derecho a sucesión. Fueron hasta hoy, 28 de Junio de 2018, 15 años de profundo pastoreo. Nuestra Diócesis de Rancagua tiene una fisionomía particular: grandes distancias, una variedad de expresiones, texturas y rostros. El desafío de esta diócesis no es fácil, y el Padre Alejandro aprendió a trabajar con una diócesis tradicional. Innumerables acciones recordadas, y por las cuales hoy doy gracias a Dios y a Don Alejandro:

 

  • La peregrinación juvenil a Puquillay, la cual y en conjunto con él y otros muchos compañeros de comunidades, tuvimos que preparar durante unos 8 años. Las llamadas con él eran constantes, su apoyo a los jóvenes siempre presente. Sus homilías en el Santuario Mariano de Puquillay en la localidad de Nancagua siempre memorables, llenas de ánimo y con un profundo sentido evangélico y social.
  • La celebración de los 80 años de la Diócesis en 2005 con la gran fiesta en el Estadio El Teniente en Octubre de ese año.
  • El lanzamiento del Sínodo Diocesano.
  • También el apoyo a los trabajadores particulares de Teniente el año 2007, cuando mi papá trabaja por un sueldo que no se comparaba con todo lo que tenían que hacer los trabajadores subcontratados. Don Alejandro funcionó como mediador del conflicto. Año duro de marchas desde la mina hacia Rancagua, toma de la catedral por trabajadores. Ahí la Iglesia estaba presente.
  • El sueldo ético que él colocó en el tapete el 2009 cuando el Obispo sostenía que un sueldo mínimo debía ser un sueldo ético. Senadoras como Evelyn Mathei sostuvo en esa fecha: “él no tiene idea de economía”. Hoy, 9 años después sigue en pie el tema. Falta justicia laboral en el país.
  • Sus cartas pastorales en Rancagua, dedicadas a los jóvenes, a las Parroquias, a los administradores de bienes.

 

Personalmente doy gracias a Dios por la presencia de Don Alejandro en Rancagua, en nuestras comunidades y en mi vida personal y familia. Él en más de una ocasión me y nos ayudó con su cercanía de padre y pastor. Hoy, 15 años después de su llegada y por un acto de justicia, de esa que reclamamos con tanta fuerza en este tiempo, aprovecho de recordar que el ser humano debe ser recordado por lo que es. También es necesario reconocer que este último tiempo y para toda nuestra Diócesis la cosa no vino fácil. Él también falló, lo reconoció y se lo hicimos saber en una reunión a la que nos convocó a un grupo de laicos. Su dolor, vergüenza y cansancio eran claros. Pero hoy pongo en la balanza y reconozco que su misión pastoral fecunda es más que sus omisiones. Por la justicia, recalco una vez más, hemos de aprender a ver los fenómenos en todas sus aristas. Que don Alejandro no quede como el “Obispo que no investigó”. Eso sería reducir a su máxima expresión una vida entregada a la Iglesia, una vida que, como lo dice su lema episcopal “es Cristo”.

Ahora comenzamos como Diócesis de Rancagua un tiempo nuevo, con Fernando Ramos como Administrador Apostólico. Que sea el Espíritu de Jesús el que acompañe a esta porción del Pueblo de Dios Peregrino en la sexta región, a sus presbíteros, religiosos y religiosas, laicos y laicas, comunidades de base, movimientos, gente de a pie. Y que sea el Espíritu de Jesús el que fortalezca nuestro discipulado misionero y que anime a Don Alejandro en este nuevo tiempo de su vida personal y pastoral.

¡Gracias y buena suerte don Alejandro! ¡Bienvenido y fecundo tiempo Fernando!

Juan Pablo Espinosa Arce   –   Académico Teología UC

Laico de la Diócesis de Rancagua

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