|Miércoles, Noviembre 14, 2018
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Aniversario Encíclica Laudato Si’ 

Cardenal

El Cardenal Pietro Parolin  ha  pronunciado  un Discurso en la apertura de la Conferencia Internacional Saving our Common Home and the Future of Life on Earth  (Salvaguardar nuestra casa común  y  el  futuro  de  la  vida  en  la tierra),  que se celebra hoy,  jueves 5 de julio de 2018, y mañana, viernes 6, con motivo del tercer aniversario de la  Encíclica del  Santo Padre Francisco Laudato si ‘,  en el Aula Nueva del Sínodo en el Vaticano.

Eminencias, Excelencias, miembros del Cuerpo Diplomático y Representantes de Gobiernos, distinguidos líderes e invitados de grupos de la sociedad civil, movimientos, instituciones de Fe, comunidades indígenas, Academia,  Organizaciones Internacionales;  queridos hermanos y hermanas,

Muy buenos días a todos y cada uno de vosotros.  Deseo agradecer a Su Eminencia,  el cardenal Peter Turkson,  Prefecto del Dicasterio para la  Promoción del  Desarrollo Humano Integral,  su  amable invitación a  pronunciar el discurso de apertura en esta Conferencia que se propone reflexionar sobre Laudato si‘, la carta encíclica del Papa Francisco sobre  el  cuidado de nuestra casa común.

Desde su publicación en mayo de 2015, la encíclica fue bien recibida como una poderosa contribución para comprender mejor y abordar de manera más efectiva  una  serie de  cuestiones  puntuales  e  incluso  críticas  que enfrenta  la  humanidad,  sobre  la  base  de  un  enfoque  más  amplio  y profundo  de  ecología  integral.   Precisamente,  partiendo  del  contexto de  la  inter-relación,  de  que  “todo está conectado”,  el  Santo Padre  nos recuerda que  la  humanidad  es  la  administradora  y  no  la  dueña  de  la creación. De hecho, como señala en varias ocasiones, el resquebrajamiento de  la  relación  del  hombre  con  Dios,  con  el  prójimo  y  con  la  creación, proviene,  en sus raíces,  de un antropocentrismo equivocado.

Solo  para  subrayar  la  amplia  recepción  que  ha  tenido  la  encíclica  Laudato si ‘,  cabe mencionar que la  comunidad  científica la  ha  apreciado particularmente  y  que  ha causado una   profunda  impresión  también en los seguidores de  otras  religiones.   Al  comienzo  de  Laudato si ‘,  el Papa Francisco destaca que en  esta encíclica,  intenta  “especialmente entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común.  (LS, 3),  apelando  “a  un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta”  cómo estamos modelando el futuro de nuestro planeta “(LS, 14). Tal vez el debate que ha fomentado dentro de  la  comunidad  científica  y entre varios grupos religiosos es una clara señal de la voluntad de trabajar para su implementación.

En estas breves palabras de apertura,  quisiera destacar  tres aspectos que caracterizan particularmente Laudato si ‘.

En primer lugar, en el contexto de los actuales y cada vez más emergentes desafíos ambientales de nuestra época,  se nota una  clara  urgencia  en  la invitación  del  Papa Francisco  a  cuidar  de  nuestra  casa  común.   Todos sabemos  cuánto  sea  precaria  la  situación  de  nuestro  planeta  hoy.   La encíclica es,  de hecho,  una  respuesta  oportuna  a  uno de  los  retos  más urgentes que enfrenta  hoy  la humanidad,  a saber,  un posible colapso de la misma casa que nos alberga,  tanto a nosotros como a  todas las formas de vida.

En  segundo  lugar,  Laudato si ‘  es  importante  por  su  mensaje  de  una Ecología Integral.   El Papa Benedicto XVI observaba en  Caritas in veritate que el Libro de la Naturaleza es uno e indivisible (Caritas in veritate, 51)[1]. La ecología humana  y  la  ecología  natural  están  unidas  y son prioridades inseparables  para  la  familia  humana.   El  Papa  Francisco  ve  en  San Francisco  “el ejemplo por excelencia del  cuidado  de  lo  que  es débil  y de una  ecología integral,  vivida con alegría  y  autenticidad. […]. Nos muestra cuán inseparable es  el  vínculo  entre  la preocupación por la naturaleza, la justicia para los pobres,  el compromiso con  la  sociedad y la  paz  interior “ (LS, 10).   Todo,  para  el  Papa Francisco,  está interconectado;  así  que  el “clamor de la tierra”  está estrechamente vinculado con el  “clamor de los pobres” (LS, 49). En consecuencia, como miembros del mismo hogar, todos debemos  unirnos  para  comprometernos  a  salvar  nuestra  casa  común Como  escribe  el  Papa  Francisco:   “Todos  podemos  colaborar  como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación,  cada  uno  desde  su cultura,  su experiencia,  sus iniciativas y sus capacidades.” (LS, 14).

En tercer lugar,  Laudato si‘  añade una  dimensión  de  profundidad  a  la cuestión  ecológica,  una atención que a menudo  falta  en  las  discusiones sobre  el  medio  ambiente.   En  Laudato si ‘,  el  Papa  Francisco  ofrece  una  visión  profundamente  espiritual  del  mundo  natural,  hablando  del “evangelio”  de la creación,  el título mismo  del  segundo  capítulo  de  la encíclica.   El  Papa  señala  “cómo  las  convicciones  de  la  fe  ofrecen a los cristianos,  y  en parte también a otros creyentes,  grandes  motivaciones para  el  cuidado  de  la  naturaleza  y  de  los  hermanos  y  hermanas  más frágiles.” (LS, 64).  De  nuevo,  este  es  un  aspecto  del  mensaje  del  Papa sobre  la  ecología  integral;  y está  estrechamente  relacionado  con  la visión  antropológica  relacional  de  Laudato si ‘.   Como  escribe  el  Papa: “La  existencia  humana  se  basa  en  tres  relaciones  fundamentales estrechamente  conectadas:   la relación con Dios,  con el prójimo  y  con la tierra.”  (LS, 66).   Nuestra relación con Dios  y  con nuestro prójimo incluye necesariamente nuestra relación con la madre tierra. Esta relación puede y debe ser armoniosa;  pero como observa el Papa Francisco al comienzo de su encíclica,   “La violencia  que  hay  en el  corazón  humano,  herido por el pecado, también  se  manifiesta  en  los  síntomas  de  enfermedad  que advertimos  en  el  suelo,  en el agua,  en  el  aire  y  en  los  seres  vivientes. “(LS, 2).   Como resultado de esta violencia presente en nuestros corazones, la tierra misma está sojuzgada y devastada, se abusa de la vida humana en una cultura donde predomina el descarte, y toda la creación se tambalea al borde de la catástrofe. Es urgente, pues,  que cambiemos nuestro sentido del progreso humano, la gestión de nuestra economía y nuestro estilo de vida.

La  doctrina  católica  de  la  creación  no  considera  el  mundo  como  un accidente.   Nuestro  planeta,  todavía  más,  el  universo,  es  un  acto intencional  de  Dios que se ofrece a los  seres  humanos  como  un  regalo. La creación  es  el  primer paso en la  gran vocación  del  hombre:  creación, encarnación,  redención.

La humanidad no es una ocurrencia tardía.   Dios no tenía dos programas: primero,  el mundo  y  luego,  la humanidad.   El hombre  y  la mujer  están hechos a  la  imagen  y  semejanza  de  Dios,  son  una  parte  intrínseca  del universo,  y  su  vocación  es  “cultivar  y  custodiar”  todo.   Pero  cultivar  y custodiar no debería llevar aparejada  la dominación  y  la devastación.  Un comportamiento  semejante  constituye  una  burla  de  la  dignidad  y  del respeto debido a los dones de Dios.

En este sentido,  deberíamos saber que es fácil  entender  la  preocupación del  Papa  Francisco  por  los  pobres  y  por la naturaleza.  Él no da consejos mundanos sobre cómo ser prudente  y  práctico,  aunque su mensaje tiene inmensas consecuencias prácticas.   Más  bien,  nos está recordando:

  1.  la consecuencia básica de la creación, que establece  un  nivel  de relaciones  triple  para  la  persona  humana: con Dios el Creador.
    • con otras personas humanas en un vínculo de fraternidad, y
    • con el mundo como el jardín-hogar de nuestra existencia, y  las demandas básicas de nuestra vocación  de  participar  en  la  obra de Dios  como  co-creadores,  y de ah nuestra responsabilidad por la obra de Dios que no esconde a su rostro ningún aspecto de la creación, pobre o rico, natural o humano, ahora o en el futuro.

Ojalá nuestra reunión de estos días para reflexionar sobre el delicado estado de nuestra casa común nos lleve a trazar líneas de acción concretas y  participativas para salvar la creación.   Todos somos conscientes de lo largo  y  exigente  que será  este  camino,  pero  tenemos  una  brújula muy buena para orientarnos en la carta encíclica,  Laudato si ‘.  ¡Que la encíclica os sirva de guía e inspiración en vuestras deliberaciones e intercambios en estos días!.   Tened la seguridad de mi apoyo fraternal  y  de mis oraciones por todo lo que hacéis.

Gracias.

***

[1]  Cf. Papa Benedicto XVI:   Todo  cristiano  está  llamado  a  esta  caridad, según su vocación  y  sus posibilidades de incidir  en  la  pólis.   Ésta es la vía institucional  —también  política,  podríamos  decir—  de  la  caridad,  no menos cualificada e incisiva de lo que pueda ser la caridad que encuentra directamente al prójimo fuera de las  mediaciones  institucionales  de  la pólis.   El compromiso por el bien común,  cuando está inspirado por la caridad,  tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. (Caritas in veritate, 7)

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