|Jueves, Septiembre 20, 2018
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Diplomacia Vaticana 

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Diplomacia Vaticana y Tergiversaciones Clericales

Algunas renuncias de obispos se aceptaron, también  se ha podido cifrar el número de sacerdotes suspendidos de sus funciones en Chile. Se esperó un  buen tiempo por las medidas a corto plazo,  no se sabe las que se tomarán a mediano plazo  ni menos las que se tomarán a largo plazo como lo anticipó en Papa. Quizás, conociendo su Cancillería y sus Dicasterios,  habló de esta manera para incitar la feligresía a… la paciencia.

Lo que uno puede descubrir en los hechos recientes es esta diplomacia del Vaticano que entró en juego. La cancillería del Vaticano es de las más antiguas del mundo y su experiencia es “venerable”. Su táctica ha sido siempre prudente, demorosa  y muy hábil para  disolver  las crisis, sabe  enfrentar los grupos críticos y también cansar el asedio de los Medios de comunicaciones.

De las primeras medidas, lo que se puede destacar es la aceptación progresiva de varias renuncias: las primeras que incluyen la más urgente y más reclamada, posteriormente otras  que suman la de un obispo apreciado en el país. Todo  esto a manera de diseminar  los cuestionamientos y  sobretodo de demorar las bajas más  emblemáticas  de quienes fueron acusados de mayores responsabilidades  para los encubrimientos institucionales de los abusos sexuales del clero. Igualmente, se les acusa de responsabilidades morales por su pésima gestión de la crisis general de la Iglesia de Chile. La Iglesia no es un imperio en que el Papa puede hacer y deshacer como quiere. El gobierno de la Iglesia implica toda una maquinaria  administrativa que entiende seguir actuando a su manera. Por esto sigue  en sus puestos el Nuncio y los Cardenales para mantener la  ‘continuidad’ y el funcionamiento de la institución eclesiástica  y no sorprende que los nombramientos de los remplazantes de los renunciados (¿salvo excepción?) se reclutaron de las listas de los ‘episcopables’ elaboradas, ellas, por los más influyentes  de los mandamases en sus cargos.

Característico de la diplomacia vaticana  es la confidencialidad de esas elecciones. No se conoce ninguna consulta previa a las diócesis. También vale la pena subrayar los nombramientos de “administradores”  en las diócesis vacantes, vale decir que esas diócesis pasan a ser intervenidas directamente por Roma sin el grado de autonomía que confieren los argos de obispos titulares.  Después de las renuncias en grupo de los obispos en Roma, los cabecillas de la conferencia episcopal chilena se consideran como renunciados de un rol proactivo a futuro. Se entregó mayor poder al Vaticano pero no necesariamente al Papa.

La crisis de la pederastia clandestina  en las filas clericales parece haberse solucionada con las conexiones y las intervenciones de las Fiscalías y la Justicia chilena. La Iglesia  restauró su Comisión contra los abusos y se espera que de esta manera  las denuncias de abusos sean seguidas mejor que anteriormente.  Pero se evita hablar claramente de posibles indemnizaciones…

Se cree que se deberá esperar meses sino años para el restablecimiento de un episcopado nacional completo y empoderado de sus funciones.  Entretanto se puede abrir otros flancos de la reflexión acerca del futuro de la Iglesia chilena.

El problema más grave  que la crisis reveló es el descubrimiento de una feligresía  sometida al clero. El grupo de laicos de Osorno  tuvo un papel relevante para recordar la existencia de un actor olvidado en la Iglesia. Este grupo de cristianos indignados enfrentó los dignitarios de la Iglesia y reclamó al Papa con sus demandas en contra de un mal nombramiento de obispo en su diócesis. Es dudoso creer que su actuar pueda haber despertado un laicado nacional activo. Muy pocas comunidades hicieron escuchar su voz en solidaridad con ellos. A pesar de encontrar actividades pastorales  en  parroquias, colegios y  movimientos activos  no se percibe  la emergencia de una responsabilidad por la institución eclesial. Se reclama por los  vicios clericales y por las corrupciones pero no  por su mala gestión diocesana. La  “renovación “o “conversión” que proponía el Papa no se entiende como un cambio estructural y un cambio de orientación pastoral. Esta situación refleja la precariedad endémica del catolicismo. Durante siglos se ha fomentado una estructura clerical y “religiosa” (entiendan individual e intimista) para los fieles. El mundo post moderno  debilitó esta cultura obsoleta. Es previsible ver dispersarse los grupos católicos  que buscarán otros líderes y ambientes para su religiosidad  y esto empezará por los periféricos que la institución no podrá seguir atendiendo. Ganará de esta manera una religiosidad preocupada por su propia salvación distanciándose de las preocupaciones urgentes para el futuro de la humanidad.

RE-Concientizar el laicado no va ser fácil. Éste se desvitalizó gravemente  después de haber tenido épocas ilustres. Vale la pena recordar repetidamente los tiempos de la acción católica y más recientemente  el ánimo que tuvieron muchos cristianos en la época de las reivindicaciones por la justicia social por los derechos humanos, la defensa de los pobres… la fe en un Cristo Liberador, en el Reino de Dios por construir en la tierra alentaba a los cristianos. Se podría haber  seguido motivándolos  para adecuar su fe a los tiempos como lo querría Vaticano II. A lo contrario, los responsables de la pastoral eclesial se empecinaron a promover una educación religiosa dogmática, una moralidad teórica, unas prácticas sacramentales formalistas y unas devociones infantiles.

No es extraño que el discurso eclesiástico actual  desvía la atención amparando al malestar sacerdotal al lugar de seguir  denunciando los daños provocados a las víctimas y los daños a la cristiandad.  Es cierto que da lástima un obispo anciano e invalido involucrado entre los encubridores, es triste que se rechace a los sacerdotes en general cuando algunos siguen  honestos y buenos. Sin embargo  hay que decir también  que el narcisismo clerical que se escucha en algunas predicas hace perder la orientación de nuestra fe católica. El amor al prójimo y en primer lugar a los pequeños y a las víctimas es prioritario. Se escucha  la torpeza de algunos sacerdotes predicando que hay que seguir con fe, que los pecados no deben espantarnos, que somos todos pecadores, que Dios perdona, es misericordioso!!!! La gran riqueza de nuestro catolicismo no es la Institución, es construir el Reino de Dios con nuestros hermanos de hoy, de ayer, de mañana. Nuestros pecados más graves no son los individuales sino los sistémicos, los que se aceptan sin correcciones. Llega un momento en que  la búsqueda de salvación personal es perniciosa  cuando se olvida de la caridad mínima, cuando se olvida del espíritu comunitario, cuando se tolera, se encubre perversiones, cuando se desvía  de una convivencia fraterna y solidaria. Los clérigos  primeros deben asumir sus responsabilidades  por  la decadencia progresiva de la cristiandad,  no solo por mantener en sus filas  los viciosos y deshonestos, sino también por sus incapacidades, sus prepotencias, sus cegueras, sus omisiones… perjudiciales para el pueblo de Dios.

Enredamos al Papa en nuestras incapacidades de mantener una fe viva y activa. Él Nos muestra personalmente, mejor que sus predecesores  el gran desafío de los católicos de retomar el camino de la solidaridad, del servir,  del dar la vida para los a quienes amamos.  En nuestro mundo actual tan complejo sepamos  hablar de futuro y de salvación  para todos nuestros hermanos.

   Me acuerdo que Evely decía:“No salvarán que lo que usted amaran suficiente que para poder amarlo para siempre” (Hablaba de Dios y de los hombres).

Paul Buchet

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