|Miércoles, Agosto 15, 2018
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Noches con sentido 

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Con motivo de la activación del Código Azul, se abrieron las puertas del Templo de la Parroquia Santa Cruz en Estación Central para recibir a las personas en situación de calle y transformar este espacio en una casa de acogida, con calor de hogar.

Una época del año en que las noches se hacen más largas y oscuras. Para muchos de nuestros hermanos en situación de calle, a veces el mismo frío no es el problema mayor, sino la indiferencia que respiran. Por eso, este gesto es tan hermoso y que me emociona. Un cable a tierra a la hora de conversar sobre lo necesario y lo secundario. Una manera concreta de encontrarnos con Jesús, el mismo que salió al encuentro de los niños, los enfermos, los despreciados. El Cielo está de fiesta porque a su casa han llegado los más pequeños, los pobres y los marginados de la sociedad. Es una invitación a no perdernos, a rescatar la centralidad del Evangelio que está en las personas y particularmente los pobres.

Probablemente, algunos encontrarán que este tipo de gestos deberían ser muy excepcionales, otros rezarán para que no se vuelva a repetir y los menos rasgarán vestiduras por lo que consideran una suerte de profanación al sagrario. En estas circunstancias, hacen sentido las palabras de Jesús de lo que debería ser el corazón de la Evangelización:“… tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver” (Mateo 25,35-36). Acompañar de manera activa estos gestos, es anticipar el Reino de Dios.

Es también una invitación para que nuestras celebraciones, particularmente la Eucaristía, no se agote en las paredes de nuestros templos y la vivamos en la calle, en medio de los barrios, en nuestras propias casas. Junto a la cruz, vemos al resucitado.

En medio de la crisis de fe que vivimos, ellos vienen a nuestro rescate. Para levantarnos y ponernos a caminar, son ellos nuestro apoyo, nuestro alimento y brújula. Los marginados, aquellos que han ocupado el último banco en la Iglesia, son la oportunidad para que nazca la esperanza de una Iglesia a la manera de Jesús.

Juan Carlos Navarrete Muñoz

Comunidades Laicas Marianistas

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