|Martes, Noviembre 19, 2019
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Magdalena 

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Magdalena es un nombre hermoso. Significa “la de Magdala”, la cual era una pequeña ciudad a orillas del lago de Galilea, en Israel. Es la ciudad de origen de María Magdalena, la mujer discípula de Jesús cuya fiesta se celebra hoy, 22 de julio, como la “apóstol de los apóstoles”.

¿Quién es María Magdalena? Para algunos es una prostituta arrepentida, recuperada por Jesús. Para otros, con más razones, es una de los miembros más relevantes de la primera Iglesia, marginada luego por una jerarquía de varones en una cultura patriarcal. Para otros, con muchas menos razones, es un personaje novelesco que habría sido la amante de Jesús, lo cual ha sido amplificado en el imaginario colectivo por ficciones novelescas y cine de dudosa calidad artística, como “El código da Vinci”.

Pero, ¿quién es -en verdad- María Magdalena? Las imágenes acerca de ella, ¿corresponden a la realidad o son ficción literaria? ¿Son imágenes que pertenecen a la historia o a la leyenda?

María Magdalena es una de las figuras más atrayentes y enigmáticas de la historia cristiana, con una imagen que se ha creado a base de malinterpretaciones, leyendas y ficción a lo largo de los siglos; eso es lo que ponen de manifiesto los estudios arqueológicos y bíblicos de las últimas décadas.

Es difícil saber dónde empezó la distorsión de la imagen que se ha formado de la Magdalena a lo largo de los siglos. Según los estudios realizados, un texto del Papa Gregorio -en el siglo VI- habría abierto el camino de la gran confusión al unir en la Magdalena las figuras de María de Betania (la hermana de Marta y Lázaro), la de la mujer que ungió a Jesús con un frasco de perfume y lavó los pies de Jesús con sus lágrimas y los secó con sus cabellos, y la mujer acusada de adulterio a la que Jesús salvó de ser apedreada. ¡Una lamentable confusión que abrió el camino a la leyenda y la ficción que distorsiona la figura de una de las mujeres más importantes del cristianismo!

En realidad, los evangelios presentan a María Magdalena como una discípula de Jesús que tenía un liderazgo en el grupo de mujeres en la primera comunidad cristiana. María Magdalena es la discípula que siguió a Jesús durante su predicación, estuvo con él al pie de la cruz, no huyó a causa del miedo -como hicieron los apóstoles- y no negó al Maestro -como lo hizo Pedro-, sino que estuvo siempre presente y Jesús la distinguió haciéndola la primera testigo de la Resurrección, recibiendo un don especial que no recibieron los apóstoles.

La fe cristiana es la proclamación del Señor Jesús Resucitado como vencedor de lo que echa a perder la vida de los hombres y mujeres: el pecado (el mal, en cualquiera de sus formas) y la muerte. María Magdalena es la que ha proclamado antes que nadie que Jesús es el Resucitado y que no pertenece a un pasado enterrado en una tumba, sino que es contemporáneo a los hombres y mujeres de todos los tiempos, ofreciendo un camino de vida nueva. En ese sentido, María Magdalena es la primera cristiana. Ella y sus compañeras fueron mujeres valientes que hicieron suyo el mensaje de Jesús y lo anunciaron con audacia. Sin María Magdalena y sus compañeras de discipulado, no habría continuado la comunidad de Jesús dispersa y asustada luego de la tragedia de la cruz; gracias a ellas y su testimonio decisivo es que se reúne la primera Iglesia y se renueva la esperanza en toda la comunidad de discípulos y discípulas.

Al celebrar a María Magdalena como “apóstol de los apóstoles”, la Iglesia reconoce -aunque muchos parecen no enterarse de ello- el lugar principal de las mujeres en la comunidad cristiana, superando cualquier distinción de jerarquías y funciones en la vida del pueblo de Dios.

En los tiempos complejos que vive la Iglesia en nuestro país, el aporte de las mujeres cristianas es decisivo para renovar la vida de una Iglesia confundida y asustada. En las comunidades cristianas, parroquias y movimientos, son mayoritariamente las mujeres discípulas del Señor Jesús las que sostienen la vida de las comunidades, la animación de grupos, los servicios pastorales y la solidaridad con los pobres y sufrientes. Ellas son una expresión actual de la fidelidad audaz de la Magdalena para renovar la vida y misión de la Iglesia.

P. Marcos Buvinic

La Prensa Austral   –   Reflexión y Liberación

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