|Viernes, Diciembre 14, 2018
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Todo ha cambiado, nada es como antes 

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(P. Marcos Buvinic).-

El título de esta columna es la típica frase de los nostálgicos que, mirando hacia atrás y dejándose ganar por la añoranza de tiempos pasados e idealizados, no aciertan a enfrentar los desafíos propios del presente. Los lamentos nostálgicos no sólo pretenden negar la evidencia de que la sociedad y la cultura son realidades dinámicas y cambiantes, sino que son incapaces de ver y enfrentar los desafíos propios de cada momento y situación. Sólo en la medida que las personas e instituciones son capaces de sacudirse de las añoranzas pueden mirar el presente y romper las inercias, y así actuar ante los desafíos propios de cada época.

Un testigo de esta actitud positiva ante los cambios es san Alberto Hurtado, -ayer se cumplieron 66 años de su partida a la Casa del Padre-, quien es un modelo de realismo frente a los problemas de su tiempo, así como de una acción creativa y audaz frente a las situaciones que le tocó vivir en la sociedad y en la Iglesia. Es posible afirmar que Chile y la Iglesia ya no son lo mismo antes y después del Padre Hurtado. ¡Gracias a Dios que nada es como antes!

En su tiempo, el Padre Hurtado vio lo que otros no querían ver y -junto a otras personas- hizo visible la pobreza y las injustas situaciones de una sociedad que vivía en la ceguera y en las lamentaciones nostálgicas. Con su acción fue despertando conciencias adormecidas, rompió las inercias y enfrentó los desafíos de ese tiempo con audaz creatividad, dando origen al Hogar de Cristo y a diversas instituciones de solidaridad y de formación de las personas.

También, el Padre Hurtado en su tiempo se la jugó por un nuevo modo de ser Iglesia, yendo más allá del espejismo de las cifras de un “país católico” marcado por una transmisión cultural de la religión y un cristianismo sin conversión personal al Señor Jesús. Se la jugó buscando un nuevo modo de ser Iglesia desde el encuentro personal con el Señor Jesús y con la novedad del Evangelio, promoviendo una vida cristiana marcada por la solidaridad con los pobres y el servicio al mundo.

La vida de san Alberto Hurtado estuvo llena de generosa entrega y -también- llena de conflictos con quienes cerraban sus ojos ante la injusta pobreza de los pobres y lo difamaban y calumniaban. En su misión de abrir los ojos de la sociedad chilena y de la Iglesia al escándalo de la injusticia, tuvo que cargar con dolorosos conflictos con los sectores conservadores de la sociedad, con el Estado, y con la misma Iglesia que tanto amaba.

El Padre Hurtado mostraba lúcidamente el escándalo de una sociedad complaciente en el bienestar de unos pocos, así como el fracaso de un catolicismo arraigado en esquemas conservadores, que vivía de espalda a los cambios que ocurrían en la sociedad y reactivo a ellos.

Las palabras que decía hace seis décadas siguen sonando fuerte: “enorme es el escándalo de quienes ven gozar a un sector de la sociedad de todas las delicias de la vida, mientras ellos carecen de todo”. Hoy es el tiempo de hacernos cargo de la solidaridad pendiente ante las situaciones que hacen sufrir a tanta gente. Decía el Padre Hurtado: “el que no ha sufrido la pobreza, no sabe lo que es”. También hoy muchos no saben ni se imaginan lo que es ser anciano y tener que vivir con una pensión miserable; muchos que ni se imaginan los dramas cotidianos de los más de cuatro millones de chilenos que viven en la pobreza; muchos que no se imaginan lo que es ser niño en un hogar del Sename, y tantas otras situaciones. Esa es la solidaridad pendiente y… los pobres no pueden esperar…

Así mismo, el Padre Hurtado, que en su tiempo se la jugó por un nuevo modo de ser Iglesia, es un modelo y un estímulo para que los católicos enfrentemos la actual crisis eclesial con realismo y creatividad, sin posturas reactivas ni defensas nostálgicas de lo indefendible, conscientes del fracaso un modo de ser Iglesia que se manifiesta en los abusos de conciencia, de poder y sexuales. Ante la crisis se trata de hacer nuestra la pregunta del Padre Hurtado -“¿qué haría Cristo en mi lugar?”- y desde un infatigable y audaz anhelo de fidelidad al Evangelio ir caminando juntos en la búsqueda de un nuevo modo de ser Iglesia, como nos dijo el Papa Francisco “una Iglesia cada día más sinodal, más profética y esperanzadora; menos abusiva porque sabe poner a Jesús en el centro, en el hambriento, en el preso, en el inmigrante, en el abusado”.

P. Marcos Buvinic

La Prensa Austral   –   Reflexión y Liberación

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