|Martes, Septiembre 18, 2018
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“Los ataques al Papa no pararán hasta que esté muerto” 

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Gerard O’Conell, lleva 30 años en Roma cubriendo la Santa Sede. Riguroso y profesional, muchos lo consideran el mejor vaticanista actual. Corresponsal en el Vaticano de la prestigiosa revista jesuita estadounidense America Magazine, hablamos con él de la peor crisis que sacude al Papa Francisco, a quien conoce muy bien.

Carlo María Viganò, ex embajador de la Santa Sede en Washington (2011-2016), ha acusado públicamente a Francisco de encubrir los abusos sexuales del cardenal estadounidense Theodore McCarrick. ¿Le cree?

No, absolutamente no. Viganò asegura que Francisco encubrió a McCarrick y le levantó las sanciones privadas que supuestamente Benedicto XVI le había impuesto. Pero la verdad es que no hay ninguna evidencia de eso, y Viganò no ha aportado ninguna prueba. Lo que en cambio sí se sabe es que cuando en 2018 tuvo lugar la primera acusación contra McCarrick de abusos sexuales contra un menor -hasta entonces se trataba de mayores de edad-, Francisco actuó con contundencia: le obligó a renunciar a su dignidad cardenalicia, al público ministerio y a llevar una vida de recogimiento y oración con limitaciones de movimientos. Y el proceso canónico contra él está en marcha. Está claro que durante años la Iglesia no ha prestado suficiente atención a los abusos sexuales. Pero tanto Benedicto XVI como sobre todo Francisco han legislado y actuado con dureza al respecto. Pretender que Francisco ha encubierto a McCarrick es absurdo.

¿Y por qué le acusa entonces Viganò?

Viganò es alguien muy ambicioso que ansiaba convertirse en cardenal, algo que no ha logrado. Ya estuvo implicado en el Vatileaks contra Benedicto XVI (el escándalo por la filtración de documentos reservados, en 2012). Ideológicamente está alineado con la derecha ultraconservadora de Estados Unidos, esa que ha hecho de la lucha contra el aborto y la oposición a la homosexualidad sus grandes caballos de batalla y que rechaza enérgicamente la teología y el tipo de Iglesia abierta que Francisco está promoviendo. Viganò está en la primera línea de oposición al Papa, pero detrás de él hay otros. Muchos en Roma consideran que Viganó está utilizando el caso de McCarrick, alguien a quien Francisco ha impuesto sanciones y obligado a dimitir como cardenal, para un ataque de mayor alcance contra el Papa con la pederastia como trasfondo.

¿Quiénes son los enemigos de Francisco?

Grupos tradicionalistas de la Iglesia católica, principalmente en EEUU e Italia, pero también fuerzas conservadoras políticas y económicas a las que no les gustan sus críticas contra el capitalismo y muchas de las cuales financian medios de comunicación que se dedican a atacar al Papa.

¿Qué no les gusta del Papa?

Muchas cosas. La iglesia católica americana ha estado durante décadas muy centrada en la lucha contra el aborto, el matrimonio homosexual y las cuestiones morales, asuntos en los que muchos de sus obispos son auténticos “guerreros culturales” relacionados con la derecha política. Y llega Francisco y lo primero que dice cuando le preguntan sobre la homosexualidad es que quién es él para juzgar a nadie. Su teología no juzga, ni condena, sino que acompaña y reconforta. Además, desde el principio de su pontificado ha insistido en que no quería “guerreros culturales” sino “obispos pastores”. Y también Bergoglio concibe la defensa de la vida como algo mucho más amplio que el aborto, y que incluye por ejemplo condenar la pena de muerte y la posesión de armas nucleares. Asimismo es muy crítico con el capitalismo salvaje, un sistema que produce ricos pero que también genera muchos pobres, muchos “descartados”. Su posición sobre el cambio climático y la protección del medio ambiente, donde hay muchos intereses económicos, provoca rechazo en algunos sectores políticos y financieros importantes.

Algunos acusan a Francisco de ser comunista. ¿Lo es?

No. Es algo ridículo, sin ningún sentido, lo que hace es seguir el Evangelio, como él siempre dice.

¿Qué pretenden los enemigos de Francisco?

Intentan destruir su enorme autoridad moral acusándole de encubrir abusos sexuales, cuando ha sido el Papa que más he hecho para combatir la pederastia. Quieren desacreditarle y tratar de forzar su dimisión.

¿Han conseguido alguno de sus objetivos?

Todo este escándalo sin duda ha dañado al Papa, alguien que según las encuestas hasta ahora tenía el apoyo de más del 70% de los católicos estadounidenses. Pero también ha dañado, y muy gravemente, a toda la Iglesia. Las acusaciones de Viganò claramente han generado escándalo y han dividido a la Iglesia, sobre todo a la Iglesia en Estados Unidos. Y mucha gente no sabe lo que es verdad y lo que es mentira.

¿Cree que Francisco podría dimitir?

No, para nada. Más allá del revuelo él está totalmente sereno y en paz. Y como él mismo dijo en la misa del pasado lunes la verdad prevalecerá.

¿Continuarán los ataques contra Francisco?

Con mucha probabilidad. Los ataques contra él son sistemáticos y regulares desde el principio de su pontificado, el de Viganò es el último y el más fuerte. Pero prácticamente todos los meses hay artículos, entrevistas, conferencias internacionales, etc, atacando al Papa fundamentalmente en lo que él llama “la moral de cintura para abajo” y también por motivos económicos. Creo que los enemigos de Francisco no cejarán en sus esfuerzos por debilitar su pontificado. Como me dijo un alto prelado, no pararán hasta que esté muerto.

Irene Hernández Velasco    –   El Mundo

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