|Miércoles, Noviembre 14, 2018
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Curar la Sordera 

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(J A Pagola).-

La curación de  un  sordomudo  en la  región pagana d e Sidón está narrada por  Marcos con una intención claramente pedagógica. Es un enfermo muy especial.  Ni oye ni habla.  Vive  encerrado  en  sí  mismo,  sin  comunicarse con nadie.  No se entera de que Jesús está pasando cerca de él.  Son otros los que lo llevan hasta el Profeta.

También la actuación de Jesús es especial.   No impone sus manos sobre él como le han pedido,   sino que lo toma aparte y lo lleva a un lugar retirado de la gente. Allí trabaja intensamente, primero sus oídos y luego su lengua. Quiere que  el  enfermo  sienta  su  contacto  curador.   Solo  un  encuentro profundo con Jesús podrá curarlo de una sordera tan tenaz.

Al parecer,  no es  suficiente  todo  aquel  esfuerzo.  La  sordera  se  resiste. Entonces  Jesús  acude  al  Padre,  fuente  de  toda  salvación:  mirando  al cielo,  suspira  y  grita  al  enfermo  una  sola  palabra:  “Effetá”,  es  decir, “Abrete”.  Esta es la única palabra  que  pronuncia  Jesús  en  todo el relato. No está dirigida a los oídos del sordo  sino  a  su corazón.

Sin duda,  Marcos quiere que esta palabra de Jesús resuene con fuerza en las comunidades cristianas que leerán su relato.   Conoce  bien  lo  fácil que es  vivir sordos a  la  Palabra de Dios.  También hoy hay cristianos que no se abren a la Buena Noticia de Jesús ni hablan a nadie de su fe.  Comunidades sordomudas  que  escuchan  poco  el  Evangelio  y  lo comunican mal.

Tal vez uno de los pecados más graves de los cristianos  de  hoy  es  esta sordera.   No nos detenemos a escuchar el Evangelio de Jesús.   No vivimos con el corazón  abierto  para  acoger  sus  palabras.   Por eso,  no  sabemos escuchar con paciencia y compasión a tantos que sufren sin recibir apenas el cariño ni la atención de nadie.

A veces se diría que  la  Iglesia, nacida  de  Jesús  para  anunciar  su  Buena Noticia,  va haciendo su propio camino,  olvidada con frecuencia de la vida concreta de preocupaciones,  miedos,  trabajos y esperanzas de la gente.  Si no escuchamos  bien  las llamadas  de  Jesús,  no pondremos palabras de esperanza  en  la  vida  de  los  que  sufren.

Hay algo paradójico en  algunos  discursos  de  la  Iglesia.  Se dicen grandes verdades,  pero no tocan  el  corazón  de las personas.   Algo  de  esto  está sucediendo  en  estos  tiempos  de  crisis.   La  sociedad  no  está esperando “doctrina social”  de  los  especialistas,  pero  escucha  con  atención  una palabra  clarividente,  inspirada  en  el  Evangelio  de  Jesús  cuando  es pronunciada  por  una  Iglesia  sensible  al  sufrimiento de las víctimas,  y que sabe  salir  instintivamente  en  su  defensa  invitando  a  todos  a  estar cerca  de  quienes  más  ayuda  necesitan  para  vivir  con  dignidad.

José Antonio Pagola

Grupos de Jesús

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