|Miércoles, Diciembre 19, 2018
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Francisco: Mejor buenos idealistas que flojos realistas… 

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El Papa Francisco concluyó su visita siciliana en Palermo, con la gran cita en la Plaza Politeama: «No sean jubilados y resignados. Mejor buenos idealistas que flojos realistas: ¡es mejor ser don Quijote que Sancho Panza!».

«¡Estoy contento de encontrarme con ustedes al final de este día!». La visita siciliana ha sido larga, pero Francisco se demuestra radiante con los más de cien mil chicos y chicas que lo estaban esperando en la Plaza Politeama de Palermo. «Ha sido un día cansado, pero bello. ¡Gracias palermitanos!», comenzó el Papa. Música y cantos, aplausos y corazones, globos y pancartas llenaban el espacio del ultimo encuentro de esta visita pastoral a la capital siciliana.

En un gran palco con la gigantografía del Papa y la imagen del beato Pino Puglisi como telón de fondo, dos chicas y un chico (Emmanuel de Morreale, Gaia de Caltanisetta y Francesca de Palermo) plantearon tres preguntas al Papa, quien, como normalmente sucede en estos encuentros con los jóvenes, dejó a un lado el discurso preparado para dirigirse a todos ellos espontáneamente, apoyándose solamente en algunos apuntes que había tomado en un cuadernito blanco.

El discurso del Papa fue una inyección de confianza para todos los jóvenes, marcada por invitaciones y consejos para ser hombres y mujeres «verdaderos», hombres y mujeres «de esperanza», que construyen el futuro, que sueñan en grande, que no tienen miedo de denunciar «la explotación» y los crímenes, que se apasionan por la legalidad. Todo ello con la certeza de que «todo puede cambiar».

«La esperanza surgirá en Palermo, en Sicilia, en Italia, en la Iglesia, a partir de ustedes», afirmó Bergoglio. «Ustedes tienen en el corazón y en las manos la posibilidad de hacer que nazca y crezca la esperanza». Y entonces, con una responsabilidad tan grande, no es posible quedarse sentados o en el sillón, no es posible ser flojos, hay que escuchar la voz del Señor: «¿Dónde? ¿Ustedes tienen el número de teléfono del Señor para hablarle?».

No se escucha a Dios llevando una «vida cómoda». «Te aseguro que escucharás cualquier cosa menos al Señor», insistió el Papa. «La palabra de Dios es dinámica. Se descubre a Dios caminando… Dios detesta la pereza y ama la acción, métanselo bien en el corazón y en la cabeza. Los perezosos no podrán heredar la voz del Señor. ¿Entendido?». Se trata de «mover el corazón», porque (el Papa lo repitió una vez más) «es feo ver a un joven jubilado a los 22 años, que ha envejecido demasiado rápido».

También es feo ver jóvenes «encerrados en sí mismos» o que se refugian en las redes sociales, en la televisión o, peor, «frente al espejo». «Este es un peligro… No busquen a Dios en su habitación, encerrados en ustedes mismos pensando en el pasado o vagando con el pensamiento en un futuro desconocido». No, «Dios habla en la relación». Entonces, «compartan experiencias fuertes, hagan grupo, hagan un paseo, hagan amigos, hagan Iglesia así», animó el Papa. «El Evangelio es escuela de vida», y la vida, afirmó el Papa Francisco, «se vive, no se explica».

«¡Jesús –insistió– siempre llama a no conformarte con ver el horizonte desde la playa! Jesús no quiere que te quedes en la banca, te invita a que vayas al campo. No te quiere tras bambalinas, espiando a los demás, o en la tribuna comentando, sino en el escenario. ¡Ponte en juego! ¿Tienes miedo de hacer el ridículo? Pero hazlo, paciencia, todos hemos hecho muchos ridículos. Perder la cara no es el drama de la vida. ¡El drama de la vida es no poner la cara, ese es el drama, no dar la vida! Mejor cabalgar los sueños bellos con algún ridículo que convertirse en jubilados de la vida tranquila, panzones. Mejor buenos idealistas que realistas perezosos: ¡mejor ser don Quijote que Sancho Panza!».

Francisco exhortó a soñar «en grande» y «a la grande» y a no «conformarse con las propias necesidades del momento». «Necesitamos hombres y mujeres verdaderos, no los que hacen finta de serlo». Hombres y mujeres que «denuncian los crímenes y la explotación. No tengan miedo de denunciar, de gritar. Necesitamos hombres y mujeres que vivan relaciones libres y liberadoras, que aman a los más débiles y se apasionan de la legalidad, espejo de honestidad interior».

No «al gatopardismo extendido». No a «pinceladas de barniz» con las que se pinta la vida; sí, por el contrario, al compromiso, a la lucha, a los sueños, al «jugarse la vida con un ideal». «Ustedes son llamados a ser “albas de esperanza”», dijo el Papa a los jóvenes. Para serlo, «hay que levantarse cada mañana con corazón joven, lleno de esperanza, luchando para no sentirse viejos, para no ceder a la lógica de lo irremediable, es una lógica perversa: esto no funciona, no cambia, todo está perdido, es el pesimismo según el cual no hay salvación para esta tierra. ¡No!».

No hay espacio para el «fatalismo» ni para el «pesimismo», ni mucho menos para la «resignación». Los jóvenes, insistió el Pontífice, pueden «generar una civilización nueva, acogedora, fraternal, una civilización del amor». Y «todo puede cambiar». También esta crisis que vive el mundo en diferentes formas (guerras, problemas financieros, desempleo), esta crisis «que hace bailar en la incertidumbre», puede ser superada. Lo importante es no perder ni la esperanza ni los valores.

También es importante ponerse al servicio de los demás: «Servir, hacer algo por los demás, siempre hacia los demás, no replegado en ti mismo. “Yo, conmigo para mí”. Al final acaba como el vinagre, tan feo».

A los jóvenes de Palermo el Papa recordó la identidad del pueblo siciliano, mosaico de culturas, lenguas, personas, tradiciones. «Ustedes son un pueblo del encuentro», afirmó. Este «es un mensaje de fe». «Favorezcan los encuentros, porque el mundo de hoy es un mundo de enfrentamientos, de guerras, en el que la gente no se entiende». Los jóvenes, dijo el Papa Bergoglio, deben ser solidarios con los demás, porque un «cristiano que no es solidario no es cristiano». Y esto hay que tenerlo en cuenta en este momento, en el que «hay carestía de amor».

«Somos buenos haciendo distinciones, incluso justas y finas, pero para vivir no se puede solamente distinguir, a menudo para justificarse; hay que involucrarse, gastarse por los demás. ¿Lo digo en dialecto? Hay que ensuciarse las manos». Y, continuó, si los jóvenes se sienten tristes, amargados, es un «termómetro» para entender «que la temperatura de la acogida, del servicio a los demás es demasiado baja».

El Papa concluyó exhortando nuevamente a los jóvenes a hablar con los viejos, con los ancianos: «He hablado de su esperanza, del futuro, ustedes son la esperanza. He hablado del presente Pero les pregunto: en este tiempo de crisis, ¿ustedes tienen raíces? Que cada uno responda en su corazón. ¿Cuáles son mis raíces o las he perdido? ¿Soy un joven con raíces o ya soy un joven desarraigado? Primero hablé del joven en el sillón, jubilado, del joven quieto que no se pone en camino. Ahora te pregunto: ¿eres joven con raíces? Y he hablado de esta tierra de tantas culturas… ¿Estás arraigado en la cultura de este pueblo, de las familias, o estás un poco en el aire, sin raíces o (perdónenme la palabra) un poco gaseoso? ¿Sin fundamentos sin raíces? “Padre, ¿dónde puedo encontrar las raíces? Pues en su cultura, encontrarán tantas raíces; en el diálogo con los otros y, sobre todo, y esto quiero subrayarlo, hablen con los viejos, hablen con los viejos. Escuchen a los viejos. “Oh, padre ellos siempre dicen lo mismo”. Escuchen. Discutan con los viejos, porque si discutes con ellos hablarán más. Son ellos quienes te dan las raíces».

«Sin raíces –insistió el Pontífice argentino– todo está perdido, no se puede ir y crear esperanza sin raíces. Un poeta decía lo que el árbol tiene de florecido le viene de lo que tiene enterrado. Y si alguien piensa que los viejos son aburridos, yo les aconsejo: vayan con ellos, dejen que hablen, discutan con ellos, y ellos comenzarán a decirles cosas interesantes que les darán fuerza para seguir adelante. Tomen de ellos la fuerza, la pertenencia. Un joven que no tiene pertenencia en una sociedad, en una familia, en una cultura, es un joven sin identidad, sin cara. En tiempo de crisis tenemos que soñar, tenemos que ponernos en camino, debemos servir a los demás, ser acogedores, ser jóvenes de encuentro, debemos ser jóvenes con la esperanza en las manos, con el futuro en las manos, debemos ser jóvenes que sacan de las raíces la capacidad de florecer esperanza en el futuro. Por favor, no sean desarraigados, gaseosos, porque sin raíces no tendrán pertenencia ni identidad».

«Me gusta verlos aquí en la Iglesia –concluyó Francisco–, portadores alegres de esperanza, de la esperanza de Jesús que supera el pecado. Yo no les voy a decir que ustedes son santos, no, ustedes son pecadores como yo, pero es Jesús es quien nos da la fuerza para vencer el pecado, nos da la esperanza. Soñemos y vivamos la cultura de la esperanza, la cultura de la alegría la cultura de la pertenencia a un pueblo, a una familia, la cultura que sabe tomar de las raíces la fuerza para florecer y dar fruto. Muchas gracias por haber escuchado, por la paciencia… ustedes están de pie. Perdón porque les hablé sentado, pero me dolían los tobillos a estas horas. Recuerden raíces, el presente en las manos y trabajar por la esperanza en el futuro, para tener la pertenencia y la identidad».

Antes de despedirse, el Papa impartió una bendición particular a todos los presentes con la siguiente oración: «Ahora quisiera darles la bendición. Yo sé que entre ustedes hay jóvenes católicos cristianos de otras tradiciones religiosas y también agnósticos, y les daré la bendición a todos y pediré a Dios que bendiga la semilla de inquietud que habita en ustedes. Señor Dios, mira a estos jóvenes; los conoces a cada uno, sabes qué piensan, sabes que desean salir adelante, hacer un mundo mejor; Señor, hazlos buscadores del bien, de la felicidad, hazlos onerosos en el camino, en el encuentro con los demás, audaces en el servir, humildes en el buscar las raíces y salir adelante para dar frutos, tener identidad y pertenencia. Señor Dios, acompaña a todos estos jóvenes en el camino y bendícelos a todos».

Oración por los Jóvenes

“Señor, Señor Dios, mira a estos jóvenes. Conoces a cada uno de ellos, sabes lo que piensan, sabes que quieren seguir adelante, para hacer un mundo mejor. Señor, hazlos buscadores del bien y de la felicidad, hazlos activos en el camino y en el encuentro con los demás, hazlos audaces en el servir, hazlos humildes en la búsqueda de las raíces y seguir adelante para dar frutos, tener identidad, tener pertenencia. Que el Señor, el Señor Dios, acompañe a todos estos jóvenes en su camino y los bendiga a todos. Amén”.

Salvatore Cernuzio  –  Palermo (Sicilia)

Vatican Insider   –   Reflexión y Liberación 

 

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