|Lunes, Octubre 15, 2018
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Denuncias de Abusos a Presbíteros en Concepción 

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Lo que pasa en Chile con los abusos sexuales y el brutal encubrimiento no tiene nombre y es del todo inaceptable, así lo entiendo hoy el mundo Cristiano. El deber de la Iglesia es dar una respuesta adecuada.

Duele que aparezcan nuevos casos, porque una quisiera que no fuera realidad lo que se ha vivido en relación a nivel de los abusos en la iglesia penquista, sin embargo es bueno que tenga que aparecer lo que tenga que aparecer. Ya paso el tiempo de encubrir, de quedarse en silencio y para poder salir adelante como Iglesia, solo hay que asumir la verdad por muy perversa y dura que pueda ser.

Me hace ruido lo que ha dicho Charles Scicluna, el arzobispo de Malta,  en días pasados, sobre las crisis de los abusos sexuales, es la oportunidad para que la Iglesia responda a la «sed de justicia» de las víctimas y de todo el pueblo de Dios, habla que el único modo del volver a vivir es pasar por la humillación, eso es lo que estamos viviendo como Iglesia.  Por otro lado, eso es lo que puede asegurar que personas no sanas, como estos curas que han abusado, no estén más en la iglesia, no puedan ser más sacerdotes, no estén a cargo de niños y jóvenes, porque nuestro deber es cuidarlos como un encargo muy especial para la Iglesia.

Hay que seguir apoyando a las víctimas en todos los entidos, a pesar de haber pasado muchos años, instar a que hablen y denuncien lo que han vivido, sabiendo que el dolor para las víctimas es algo muy sagrado que no podemos desoír. No seríamos buenos y sanos Cristianos si los dejamos solos con sus penas y alegrías.

Toda la podredumbre de la Iglesia debe salir, si no, no podremos nunca volver a caminar con la frente en alto, no vamos a volver a ser creíbles en la sociedad, especialmente en el mundo juvenil. La única manera de volver a ser fiel al Evangelio que camina por un dolor inmenso, tal vez todavía, nos falte mucho por vivir pero es necesario para revivir.

Hoy, con más fuerza y convicción hemos de decir, gritar que los abusos sexuales cometidos por miembros del clero  son “una verdadera perversión del ministerio sacerdotal y, como se ha repetido, no hay lugar para los pedófilos en la Iglesia”.

Carol Crisosto Cádiz   –   Laica ligada a los ss.cc.

Diplomada en Cs Religiosas y Estudios Eclesiásticos

 

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