|Miércoles, Noviembre 14, 2018
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Riqueza y Abuso 

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 “A cualquier persona que tenga demasiado apego por las cosas materiales o por el espejo, a quien le gusta el dinero, los banquetes exuberantes, las mansiones suntuosas, los trajes refinados, los autos de lujos, le aconsejaría que se fije que está pasando en su corazón”.

La Iglesia santa en su génesis y meretriz en su conformación más contemporánea, siempre ha estado preocupada del dinero y del poder, es cosa de averiguar el porqué de la instauración del celibato, voto impuesto netamente para resguardar las herencias y dinero que percibían los clérigos y cardenales, o el porqué se comienza a solicitar el 1% a los fieles católicos: por la necesidad de embellecer los templos o para solventar los banquetes de los curas párrocos? Para distribuir el dinero con los pobres, como lo solicitan los discípulos en el libro de los Hechos de los apóstoles 4:35, o para que el sacerdote adquiera un auto último modelo y en vacaciones se hospede en lujosos hoteles? interrogantes que en este infausto camino que atraviesa la Iglesia, se deben develar, con el fin de lograr una pulcritud racional, apegada a lo terreno y no “beatera” y santurrona.

El “personal consagrado” no le trabaja un día nadie, salvo ciertos sacerdotes aún vivos, que resuenan como patrimonio de la Iglesia Popular y de ese bello movimiento de Curas Obreros nacido en Francia en los años 40, tales como Mariano Puga Concha, José “Pepe” Aldunate o en Concepción, ciudad de quién escribe, el insigne hermano cura Arnoldo Vega Torres, quien perdiera sus riñones debido al trabajo duro en la construcción y que con el pasar del tiempo y debido al desgaste generalizado, quedara parcialmente ciego.

En la Iglesia actual, el mayor trabajo que efectúan los curas-no todos, pero la inmensa mayoría- es estar sentados en una oficina confesando o asistiendo a diversas reuniones, que poco o nada sirven si no se llevan a la praxis, olvidándose por completo de Jesús y efectuando una reducción nefasta del encuentro con Dios a un rezo fatuo, dejando de lado a ese Jesús encarnado en el drogadicto que recorre la ciudad o la madre que clama por ayuda para mantener a sus hijos e inclusive en los propios/as trabajadores/as de la Iglesia que en su interior abogan por un sueldo digno.

La Iglesia, el modelo que Dios revela al pueblo de Israel es esencial e intrínsecamente liberadora e incitadora a la revolución, es un Dios que se da cuenta de la opresión que sufre un pueblo en manos de un rey canalla, que los obliga a construir sin salarios. Esa comunidad que forma Yavé es libre de preceptos, reglas, contenido teologal, dogmas, y apego a las cosas materiales. Toda esa liberación que provee Yavé, se ha metamorfoseado, convertido en un conjunto de normas baratas, siendo presa de la jerarquía, utilizándolas durante años como cortina de humo para cometer las atrocidades que hoy salen a la luz: violaciones, acumulación de riquezas, sumisión,elitismo,etc.

Como Pueblo de Dios, como laicos organizados: procuremos volver al génesis de la revelación, luchando contra sacerdotes adoradores del dinero, volviendo a esa encarnación de Dios en los débiles y marginados.

 “Los ricos, normalmente hablando, están excluidos del Reino de los cielos. Solo pueden entrar si dejan de ser ricos”… (Pedro Casaldáliga).

     Matías Opazo Ormeño

Laico de la Asociación de Universitarios Católicos (AUC)

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