|Sábado, Septiembre 21, 2019
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Halloween entre otros 

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Esta semana se multiplican manifestaciones de todo tipo. Primero fueron las “marchas por Jesús” de las iglesias evangélicas  que, en Santiago,  se marcaron con unos contra manifestantes. Sigue  después la famosa y curiosa tradición  del Halloween que toma vuelo entre los niños. También  los adultos recordarán sus difuntos yendo a los cementerios. Y, por fin, un poco en margen de todo este ajetreo social, la Iglesia católica celebrará su calendario litúrgico con la fiesta de Todos los Santos  que precede  la del 2 de noviembre  el propio “día de los difuntos”.

 Primero  se puede subrayar un detallito ocurrido en  la “Marcha por Jesús” en Temuco. El predicador empezó su predicación diciendo que no iba a hablar ni como evangélico, ni como católico, ni como político tampoco como religioso, porque  Jesús no tiene religión  él, declaró hablar como “servidor de Dios”. Este  “pasa calle” se pone tradicional de un grupo de agrupaciones evangélicas, buscan manifestar su presencia en la sociedad con  muchas banderas de amor a Jesús  y  algunos letreros en defensa de “valores morales “. ¿Pero  porque tanto particularismos? Muchos otros cristianos, entre ellos nosotros los católicos amamos a Jesús (y somos igual sectarios)?

En estos días  muchos cristianos y moros habrán hecho ya  programa para reacondicionar las tumbas de sus padres que visitarán en los próximos días yendo a los cementerios. Recurrirán al gran negocio de los floristas y de los sepultureros. Los que habrán cremados a sus seres queridos, ellos  se felicitarán de no tener que ceder a todo este culto de los muertos. Es para pensar si es mejor…

Pero si hay algo que no podemos dejar pasar en estos días es esta famosa fiesta de las máscaras horrendas, de las calaveras, las brujas, todo este juegos de los muertos, zombis, vampiros… Esta antigua tradición sajona, con grandes recursos de la publicidad comercial  se implanta con mucho éxito en el mundo infantil. Se trata de reírse de la muerte y de todo su horror.

Ayer los predicadores nos hablaron de los condenados a las penas del infierno eterno. Nos pintaron las iglesias con imágenes terríficas para asustar y convertir a los pecadores. Se pedía la protección y el socorro de todos los santos para el día  temible de la muerte. La liturgia en negro riguroso y los cantos de funerales eran todo lúgubre.

Desde entonces, las cosas han cambiado, en los entierros se celebra los difuntos pero poco se habla  de la muerte misma, de su misterio,  de sus interrogantes.  Respecto de los niños, en familia, en la escuela  nos corrimos de hablar de la muerte ¿Será  ahora el show del Halloween y su comercio  que les hablará a los niños?  Los tiempos han cambiado, los abuelos que ayer morían en medio de toda la familia, hoy día no hacen más historia que por su desaparición un día en el hogar de ancianos o en el hospital. Debe ocurrir un drama cercano en un ámbito familiar o escolar para que se organice un corto duelo justo (unas flores, unas velas) para no conmover demasiado a los niños. Pero ¿Quién tiene miedo a la muerte, los adultos o los niños?

¿Quién puede explicar la muerte  a un niño?  ¿Tiene la muerte una explicación, una explicación? Los padres que han sido interrogados por sus niños acerca de la muerte se salvan a menudo con unas respuestas cortitas de un cielo donde reunirnos, de una comunicación posible con el cariño con los que se fueron…. Nuestros cuidados de salud y nuestros afanes de vivir  han exaltado tanto la vida  que se está  corrieron la muerte lo más lejos posible: un tabú Bien distinta es la opinión del campesino a quien se le preguntaba si tenía miedo de morir,  contestaba: “No, ¿Porque? Los árboles también mueren”. Hemos perdido lo natural de la muerte en nuestro mundo hiper-moderno.

Es quizás la primera idea que tener  cuando  un niño nos interroga acerca de la muerte. El morir no es una fatalidad, es un destino que tiene  perspectiva. Es nuestra pertenencia a un mundo que pasa, evoluciona, progresa se transforma. Y esto mismo nos permite expresar nuestra visión del futuro a los hijos, el futuro  personal nuestro pero también el de toda la  humanidad. Podemos de esta manera entregar al niño  una opinión optimista e integrada de la vida humana.

Las películas de horror y de  guerras,  los noticieros de violencias y las publicaciones crueles en las redes sociales no sirven para vacunar a los niños de todos los miedos. Las inseguridades y las angustias lo demuestran. Es ingenuo pensar poder exorcizar todos los  demonios de nuestro tiempo. Un día de disfraz no va a espantar todos los miedos existenciales que tendrán los niños. Es difícil reírse indefinidamente de la realidad.   Los dramas de la vida pueden ser virtuales hasta que sean lo de uno o él de un ser querido.   Acordémonos que los niños no tienen las diferencias muy precisas entre la real y lo imaginario. Uno crece y se despierta.   La fiesta es a veces una escapadita para olvidar, para tragar sus  miedos. Pero no hagamos de la fiesta un juego vicioso como un juego de casino en que uno busca la suerte porque después, viene  la muerte, la pérdida de afecto, de una relación, viene la soledad, los  dolores propios y ajenos. En esta perspectiva realista hay que hablar a los niños después del Halloween o después de una película de horror. Mejor dicho hay que estar preparado para contestarles  cuando ellos mismo abrirán  el tema.  No lo harán si  ven que son temas tabúes para nosotros mismos.

El muerto no es un esqueleto, un cadáver. Humanicemos la muerte y los muertos. Lo podemos  hacer hablando  sinceramente, mejor todavía por la fe. No hay que inventar cielos ni angelitos sino valorizar los afectos, los sentimientos, las relaciones humanas, lo que se tesorizan, se aguarda como lo más precioso que uno tenga. Revelarles que todo esto del más allá es  muy misterioso y no tenemos explicaciones completas pero que una fuerza intima nos anima. El Amor de Dios nos asegura ampararnos y  así podremos  poner de lo nuestro para que venga un mundo mejor. Es este amor de Dios que nos da confianza personalmente para vivir y llegar a la muerte nuestro destino pero no nuestro fin.

“La muerte ha sido devorada en la victoria  ¿Dónde está, oh muerte tu victoria? ( I Cor. 15,54ss).

Paul Buchet

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”

 

 

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