|Miércoles, Noviembre 14, 2018
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II Jornada Mundial de los Pobres 

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El Papa Francisco al culminar el Jubileo Extraordinario de la Misericordia reafirmó su urgente llamado a que seamos una “Iglesia pobre para los pobres” (EG 198), que en salida misionera, muestre el rostro misericordioso del Padre a toda la Humanidad. “Termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa, pero la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par” (Misericordia et Misera 16). Uno de los frutos concretos de ese Año Santo fue la institución de la JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES, que el Papa Francisco pidió se realice el domingo anterior a la culminación del Año Litúrgico, de manera “que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo” (N 7).

Por segundo año consecutivo el Santo Padre Francisco nos exhorta a celebrar en todas nuestras parroquias y comunidades la Jornada de los Pobres, con ella da un carácter plenamente evangélico a todas las Jornadas que la Iglesia realiza en el año litúrgico.

El año pasado, para la Primera Jornada Mundial, “No amemos de palabra sino con obras”, muchas de nuestras parroquias y comunidades hicieron grandes esfuerzos para llegar a nuestros hermanos más pobres, frágiles y vulnerables, los invitaron y les dieron un lugar especial de cercanía, afecto, reconocimiento y compartir.

Compartimos con los pobres el pan de la Eucaristía y el pan nuestro de cada día; también compartimos nuestra esperanza por un mundo donde todos podamos vivir con la dignidad de hijos amados de Dios, fue una experiencia de cuidado, de ternura y de dignificación.

En el 2018 el Santo Padre nos invita a reflexionar y actuar con el Salmo 34: “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó”, palabras que debemos hacerlas propias, para ser una Iglesia con un oído atento, como el del Señor, que nunca desoye el grito del pobre.

Esta es una de las certezas que tiene nuestro pueblo, el Señor siempre los escucha y responde.

Ninguna situación de sufrimiento y marginación nos puede ser indiferente. Desde su pobreza el pobre transforma su situación en un canto de alabanza y acción de gracias al Señor.

En el reciente consistorio (29/06/2018), el Santo Padre recordó en su homilía las bellas y profundas palabras del testamento espiritual de un pobre que llegó a Papa, Ángelo Giuseppe Roncalli -el Papa Bueno- San Juan XXIII.

«Nacido pobre, pero de honrada y humilde familia, estoy particularmente contento de morir pobre, habiendo distribuido según las diversas exigencias de mi vida sencilla y modesta, al servicio de los pobres y de la santa Iglesia que me ha alimentado, cuanto he tenido entre las manos —poca cosa por otra parte— durante los años de mi sacerdocio y de mi episcopado. Aparentes opulencias ocultaron con frecuencia espinas escondidas de dolorosa pobreza y me impidieron dar siempre con largueza lo que hubiera deseado. Doy gracias a Dios por esta gracia de la pobreza de la que hice voto en mi juventud, como sacerdote del Sagrado Corazón, pobreza de espíritu y pobreza real; que me ayudó a no pedir nunca nada, ni puestos, ni dinero, ni favores, nunca, ni para mí ni para mis parientes o amigos» (29 junio 1954).

Vivamos con alegría y compromiso esta nueva Jornada Mundial de los Pobres, como una ocasión propicia para ser testigos del amor infinito del Padre hacia todos sus hijos e hijas, en especial de los más pequeños.

+ Mons Juan Espinoza
Obispo Auxiliar de Morelia
Secretario general del CELAM

 

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