|Viernes, Diciembre 14, 2018
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“Si sirve, hay que vender bienes de la Iglesia para ayudar a pobres” 

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Mensaje de Francisco al Congreso sobre la dimensión de los lugares de culto inutilizados : «el cambio no hay que tomarlo con ansiedad, sino como un singo de los tiempos que nos impone adaptarnos»…

La Iglesia no debería constatar «con ansias» que «muchas iglesias, hasta hace pocos años necesarias, ahora ya no lo son, por falta de fieles y de clero, o por una diferente distribución de la población en las ciudades y en las zonas rurales». Debe, por el contrario, acoger este cambio «como un signo de los tiempos que nos invita a una reflexión y nos impone una adaptación». Lo subrayó el Papa en un mensaje a quienes participaron en el congreso “¿Dios ya no habita aquí? Dimisión de lugares de culto y gestión integrada de los bienes culturales eclesiásticos” (del 29 al 30 de noviembre). El Papa Francisco afirmó que «la dimisión no debe ser la primera ni la única solución en la que pensar», y no se debe llevar a cabo «con escándalo de los fieles», sino recordando la «constante enseñanza eclesial que, a pesar de inocular el deber de tutelar y conservar los bienes de la Iglesia, particularmente los bienes culturales, declara que no tienen un valor absoluto», por lo que, «en caso de necesidad, deben servir al mayor bien del ser humano y especialmente estar al servicio de los pobres».

«Siguiendo el pensamiento del Magisterio eclesial», se puede elaborar casi «un discurso teológico sobre los bienes culturales, considerando que forman parte de la sacra liturgia, de la evangelización y del ejercicio de la caridad», escribió el Pontífice en el mensaje que leyó el cardenal Gianfranco Ravasi durante la inauguración del congreso organizado por el Pontificio Consejo de la Cultura, en colaboración con la Conferencia Episcopal de Italia y con la Pontificia Universidad Gregoriana.

El «sentido común de los fieles», antes que nada, «percibe para los ambientes y los objetos destinados al culto la permanencia de una especie de huella que no se agota ni siquiera después de que hayan perdido tal destino», recordó el Papa. Además, «los bienes culturales eclesiásticos son testimonios de la fe de la comunidad que los ha producido en los siglos y por ello son, a su manera, instrumentos de evangelización que se añaden a los instrumentos ordinarios del anuncio, de la predicación y de la catequesis», con una «elocuencia original» que «se puede conservar incluso cuando ya no sean utilizados en la vida ordinaria del pueblo de Dios, en particular mediante una concreta exposición» en un museo, «que no los considere solamente documentos de la historia del arte, sino que les vuelve a dar casi una nueva vida, para que puedan seguir desempeñando una misión eclesial».

Los bienes culturales también se relacionan «con las actividades caritativas que desempeña la comunidad eclesial», explicó Papa. Después recordó la iconografía tradicional que representa al mártir romano Lorenzo en el acto de vender los preciosos muebles del culto para distribuir las ganancias entre los pobres: «Esto constituye una constante enseñanza eclesial que, a pesar de inocular el deber de tutelar y conservar los bienes de la Iglesia, particularmente los bienes culturales, declara que no tienen un valor absoluto», por lo que, «en caso de necesidad deben servir al mayor bien del ser humano y especialmente estar al servicio de los pobres.  

Francisco recordó que muchas iglesias, hasta hace algunos años, eran necesarias y «ahora ya no», y esto se debe «a la falta de fieles y del clero, o a una distribución diferente de la población en ciudades y áreas rurales». Esto debe ser acogido en la Iglesia «no con ansiedad», aseguró, «sino como un signo de los tiempos que nos invita a la reflexión y nos obliga a adaptarnos».

Esta reflexión, recordó el Papa, ya ha sido afrontada por algunos episcopados, por lo que el congreso que se está llevando a cabo en Roma ofrecerá «sugerencias e indicará líneas de acción, pero las decisiones concretas y últimas les tocan a los obispos. A ellos recomiendo vivamente que cada decisión sea fruto de una reflexión coral, conducida en el seno de la comunidad cristiana y en diálogo con la comunidad civil».

La dimisión de un inmueble, por ejemplo, antes destinado al culto, en el caso de que fuera necesaria, «debería ser incluida con tiempo en la ordinaria programación pastoral, ser antecedida por una adecuada información y resultar lo más posible compartida», escribió Francisco. Al final, en el documento explicó que la construcción de una iglesia o su nuevo destino «no son operaciones que solo pueden ser tratadas técnica o económicamente, sino que deben evaluarse de acuerdo con el espíritu de la profecía: a través de ellas, de hecho, pasa el testimonio de la fe de la Iglesia, que acoge y valora la presencia de su Señor en la historia». 

Iacopo Scaramuzzi   –   Ciudad del Vaticano

Vatican Insider   –   Reflexión y Liberación

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