|Viernes, Diciembre 14, 2018
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Gaspar García Laviana en VI Encuentro de Redes Cristianas 

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Se había decidido que fuera una localidad Asturiana quien acogiera este año el VI Encuentro de Redes Cristianas, debido ello a la coincidencia con la celebración del 40.º aniversario de la muerte de Gaspar García Laviana. El misionero asturiano tendría una presencia especial en las jornadas. Esto encajaba con nuestro deseo de resaltar el cuadragésimo aniversario de su muerte.

La liberación como tema de fondo del VI Encuentro lo sugirió el personaje mismo que queríamos conmemorar: GASPAR GARCÍA LAVIANA, cuyo motivo de vida y de muerte fue precisamente la liberación del pueblo nicaragüense. Un pueblo donde la mayoría de los campesinos vivían en una situación muy cercana a la esclavitud, sometidos por el poder político y económico de la familia Somoza, ayudada por funcionarios a sueldo, incluida la poderosa Guardia Nacional. La Iglesia –digamos mejor, el clero o la jerarquía,- era consentidora de la situación, a pesar de la escandalosa violación de los derechos humanos. Dice Gaspar en uno de sus poemas que los agresores del pueblo comían con los obispos y los obispos comían con ellos.

La familia que domina en Nicaragua llega al poder en el año 1937 con Anastasio Somoza García y mantendrá un régimen de dictadura hasta el triunfo de la revolución sandinista en 1979. Durante ese tiempo, después del padre, ocuparán en distintas ocasiones la presidencia de la república sus hijos Luis y Anastasio, ambos también militares.

Si nos fijamos en el panorama político de Latinoamérica en el tiempo de Gaspar en Nicaragua (1970-1978), veremos que en ese momento había dictaduras militares en bastantes países: Además de la que había en Cuba, que era de otro signo, la tenemos en Argentina (años 1966-1973), Uruguay (1973-1984), Chile (1973-1990), Bolivia (1971-1978), Paraguay (1954-1989), Perú (1968-1975), Ecuador (1972-1976), Brasil (1964-1985), Panamá (1968-1989) y Nicaragua. Las dictaduras siempre llevan consigo la violación de derechos fundamentales de las personas para hacer posible la explotación y el sometimiento de los trabajadores, que en Nicaragua eran en su gran mayoría campesinos. Además, siempre se sostienen a base de un fuerte dispositivo represivo.

Este es el contexto en el que se hace guerrillero el cura Gaspar, quien en carta del 15 de diciembre de 1977 le dice a su amigo Mario que ya ha dado el paso de entrar en lucha al lado del  Frente Sandinista de Liberación Nacional, hecho que hace público en esa Navidad.

Los que somos mayores recordamos perfectamente al primer cura-guerrillero: Camilo Torres, sacerdote colombiano que muere el año 1966 en su primer combate de guerra. Según el ejército de ese país había como una docena de curas españoles vinculados de una manera u otra a las guerrillas y unos 19 clérigos colombianos que trabajan o colaboran con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) o con las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC). Una breve nota al respecto: hay semejanzas entre estos curas-guerrilleros y Gaspar García Laviana, pero también importantes diferencias.

Como consecuencia de ese ambiente de explotación y opresión tan generalizado nace en Latinoamérica la Teología de la Liberación, una nueva interpretación de los dogmas, de la moral y del mismo ser y hacer de la Iglesia. Es una Teología que se hará desde el punto de vista de los empobrecidos. Ello dará como resultado pasar de una religión alienante a una fe liberadora, que llevaría al creyente a comprometerse en la transformación de aquella sociedad injusta y violenta con los más débiles. Hay que hacer, ya aquí y ahora, el Reino de Dios.

He de confesaros que yo hasta no hace mucho pensaba que la Teología de la Liberación  había nacido en Latinoamérica sólo en función de los pueblos oprimidos en esas tierras y en zonas semejantes del mundo. Me parecía que no era algo para los países de aquí. Pero, realmente no es así. ¿No necesitamos también nosotros una nueva visión teológica que transforme nuestra religión en fe comprometida en hacer un mundo mejor, muy distinto a este nuestro de ahora, incluida la misma Iglesia?

Nosotros aquí, en Europa, en España, ¿no nos sentimos sometidos? ¿No tiene uno la impresión de que las grandes decisiones económicas las toman un reducido número de personas que concentran en sus manos todo el poder financiero, de manera tal que ni siquiera puede ser controlado por el poder político? ¿Qué hemos podido hacer estructuralmente para evitar el escandaloso número de parados que llegó a haber en nuestro país o para que no aumentase la pobreza en España y la diferencia entre pobres y ricos?¿Qué se podía hacer que fuera efectivo para evitar los crueles desahucios de los que fuimos testigos? En todos los casos la respuesta es: nada, o casi nada. Y lo mismo en lo que se refiere a otros problemas cuyo origen es también el poder de los bancos. Un ejemplo: ¿quién les exige la devolución de los 42.000 millones?

Por otra parte, ¿no sentimos sobre nosotros la fuerza, cada vez mayor, que ejerce  en nuestra sociedad el neoliberalismo, sistema sin corazón, a quien no le importan nada los ancianos, los enfermos, los imposibilitados para producir…, y en general todos los que no puedan reportar beneficios económicos? ¿Conocemos alguna alternativa importante, aunque no sea más que de corrección al sistema capitalista que sustenta?

¿Y qué nos pasa en el campo humanitario? ¿Por qué no podemos decidir que nuestros gobernantes reciban de otro modo a los que llegan a las fronteras de Europa? ¿No estamos horrorizados por tantas muertes en el Mediterráneo y por las tan horribles condiciones de vida en los campos de refugiados o por las condiciones en nuestros CIEs? ¿No nos sentimos también muy mal por no dar solución a las muertes de tantas mujeres?

Todas estas situaciones generan necesariamente en nosotros una sicosis de vivir inexorablemente sometidos a un enorme poder que nos maneja a su antojo con el fin de conseguir sus objetivos económicos. ¿No necesitamos, pues, llevar a cabo una lucha de liberación colectiva para deconstruir este mundo y hacerlo más habitable para que todos podamos vivir de verdad en paz?

Los que somos creyentes tenemos que añadir a esta situación común a todos los ciudadanos las agresiones que se realizan en nuestro mundo “religioso”, en nuestra Iglesia.

Nos quieren quitar la libertad de conciencia, exigiéndonos ante todo obediencia a las normas, hechas desde una determinada concepción del ser humano. Nuestra razón también está fuertemente sometida. Por una parte, sólo es posible la interpretación de la Biblia que hace la autoridad eclesiástica competente. A los llamados Santos Padres se les confiere una autoridad desorbitada, llamando la atención la poca que se les da a los teólogos de hoy. ¿Por qué a los de antes sí y no a los de ahora? Lo mismo hay que decir del valor relativo que hay que dar a los concilios, cuyas doctrinas, que pudieron haber sido para sus respectivos momentos buenas directrices de pensamiento y de comportamiento, no tienen porqué serlo para nuestro tiempo. Los contenidos de nuestra fe debemos expresarlos tal como los entendemos hoy, en el lenguaje de nuestro tiempo, teniendo en cuenta los avances científicos y las categorías del nuevo mundo en el que vivimos. Hay que defender que otro Dios, otro Cristo, otra Iglesia, otro cristianismo son posibles. Es necesario también que sean admitidos otros caminos de conocimiento, como pueden ser la intuición y el amor. Hay que rebelarse y liberarse del pensamiento único. Es necesario romper las cadenas morales e intelectuales con las que nos están sometiendo y conquistar la libertad que nos niegan. La gran dificultad es lo poco que se suele valorar entre nosotros la libertad, debido a la ideología que ha envuelto de sacralidad a la obediencia.

Podría seguir hablando del autoritarismo en la Iglesia, de la falta de participación en las decisiones, de la situación de desigualdad de las mujeres, de la irracional imposición del celibato a los sacerdotes, de la negación, no ya de que puedan comulgar, sino de que puedan volver a casarse matrimonios rotos para siempre, del lenguaje y de las formas litúrgicas tan arcaico que es imbebible, etcétera. Y también habría que hablar de lo poco que hace la  Iglesia para proteger a la Madre Tierra.

Así es que también nosotros, aquí, en estos países desarrollados de Europa, nosotros, que además estamos dentro de una Iglesia como la nuestra, necesitamos de una Teología de la Liberación que nos ofrezca una fe cristiana liberadora, comprometida con la libertad,  con la justicia, con la solidaridad, con la paz…, que nos dé una nueva visión dogmática, moral, eclesiológica y mística. Necesitamos una nueva Teología que nos ayude a romper cadenas: prejuicios, falsas interpretaciones, imposiciones arbitrarias, peticiones de principios, obediencias sin sentido…

Introducción al Tema

“GASPAR GARCÍA LAVIANA”

 Principales fechas en la vida de Gaspar García Laviana

Gaspar García Laviana es un sacerdote Misionero del Sagrado Corazón (MSC), que nace el año 1941 en El Entrego, en el Ayuntamiento asturiano de San Martín del Rey Aurelio (SMRA). Hacia los diez años vivirá con su familia en Tuilla, pueblo de Langreo cercano al lugar de trabajo del padre. Así es que su vida, aquí en Asturias, estará ligada a la Cuenca Minera del Valle del Nalón. Si el sector minero se caracterizara, como creo yo, por un tipo de mentalidad, ésta sería una de las influencias en la personalidad de Gaspar.

En el año 1952 comienza sus estudios en La Pequeña Obra, Seminario Menor de los MSC en Valladolid. Hará filosofía y teología en el Escolasticado que su congregación tiene en Logroño. Se ordena sacerdote en el año 1966. En septiembre iniciará en la parroquia de San Federico de Madrid su vida pastoral que durará tres años. En ese tiempo estudia sociología en el Instituto Social León XIII y es especialmente llamativo que comience a trabajar en una carpintería. Vivirá una corta etapa de cura-obrero, pues en julio de 1970 los MSC celebran el Capítulo Provincial en el que se pide voluntarios para Centroamérica y Gaspar se ofrece a ir a Nicaragua, a donde llegará junto con su compañero Pedro Regalado el 18 de noviembre de 1970. Gaspar vivirá solo ocho años en Nicaragua. Había entrado en la lucha armada que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) mantenía contra el régimen somocista y cae en combate el 11 de diciembre de 1978. Este año, pues, conmemoramos el cuadragésimo aniversario de su muerte.

Impacto que tubo su muerte en Asturias

Antes de comentar la vida de Gaspar me gustaría hablar del impacto que tuvo su muerte aquí en Asturias. La mayor parte del clero asturiano miró para otro lado, siguiendo la postura del arzobispo y del vicario general, que disculparon su asistencia al funeral celebrado en Tuilla. Su muerte como cura-guerrillero pesaba más que cualquier otra consideración. Por otra parte, he de decir que la celebración eucarística en la parroquia donde vivían sus padres fue muy emotiva, con una gran asistencia de gente, concelebrando un nutrido grupo de sacerdotes. En Gijón se hizo un funeral y la prensa destacó con un gran titular que los curas y seglares asistentes dijeron que se solidarizaban en todo con Gaspar García Laviana. Los comentarios de prensa también manifestaban división de opiniones.

Por otra parte, decir que ya al siguiente año de su muerte -1979- fue declarado por nuestro principal diario, LA NUEVA ESPAÑA, como Asturiano del Año 1978, a título póstumo, juntamente con otras tres personalidades de alto prestigio universitario. Posteriormente daría nombre a una calle en Tuilla, donde se le haría también un monumento. Daría nombre a una importante avenida en Gijón y a calles en Oviedo y Lugones. En la tierra donde nació da su nombre a una senda peatonal en La Hueria y este año 2018 a la Casa de Cultura de El Entrego. También hay que reseñar que llevarán su nombre varias asociaciones asturianas. No da tiempo a hablar de cómo se fue viviendo en Asturias su memoria. Creo que no le hicimos la merecida atención.

Termino esta introducción señalando los temas que voy a tocar sobre Gaspar: cura obrero, formador de militantes, crítico social, poeta de la liberación y cura guerrillero.

 1,- GASPAR CURA OBRERO

Algunos curas de la generación del Concilio sintonizábamos con unos valores que conllevaban ciertos rechazos, tanto en el modo de ser y hacer Iglesia, como en el modo de ser y hacer sociedad.

  1. Rechazábamos el nacionalcatolicismo en el que estaban instalados la mayoría de los obispos y del clero, muy bien acomodados en el régimen de la dictadura franquista. Rechazábamos una Iglesia instalada en el poder político y sirviéndose de él para gozar de privilegios. Rechazábamos el Concordato, queríamos que la Iglesia renunciase a la “paga del Estado” de los curas, que parecía como una compra que obligaba a los curas a asentir a la dictadura. Rechazábamos la utilización que hacía el Estado de la Iglesia para justificar la situación surgida del levantamiento militar contra la República, interpretándolo como una cruzada contra los enemigos de la Iglesia. Rechazábamos la intervención en el nombramiento de los obispos… etc
  2. Pero, además, rechazábamos la estructura jerárquica eclesiástica, que excluía cualquier participación en las tomas de decisiones. Se rechazaba el clericalismo en todos los niveles. La misma democracia que pedíamos para la sociedad la queríamos para la Iglesia, pues pensábamos que la autoridad en la Iglesia es algo tan mundano como la ejercida en la sociedad y hay que concebirla de parecida manera. Nada de mistificaciones. La autoridad en la Iglesia no tiene porqué tener un carácter sagrado especial que obligue al acatamiento, exigido en nombre de la virtud de la obediencia.
  3. Por otra parte, se rechazaba que la doctrina católica estuviera encorsetada en unos dogmas inflexibles, a pesar de estar expresados en una determinada filosofía que suponía de suyo una interpretación ideológica de la revelación, que debiera permitir un cierto relativismo. Además era fruto de un pensamiento pre-científico, que conducía a afirmaciones que no soporta la razón. Teilhard de Chardin, por poner un ejemplo de entonces, había abierto un nuevo modo de expresar la fe en un Dios creador y se vio abocado al ostracismo. La razón, obligada por la obediencia, había de someterse a los dictámenes de quienes ostentaban el poder eclesiástico, que imponía férreamente un trasnochado pensamiento único.

Estos rechazos los llevábamos en el corazón y apenas se podían hacer efectivos. Se llegó a tener una cierta libertad medio concedida o medio conquistada, pero existía un condicionamiento muy importante para poder ser libres de verdad: nuestros sueldos los recibíamos a través de la Iglesia. Así es que algunos empezamos a buscar caminos de independencia económica a través de un trabajo civil, pero no siempre llegamos hasta el final.

  1. Entrando en el tema concreto de los curas obreros, hay que añadir que, algunos curas, además de coincidir con la mentalidad y con los rechazos descritos anteriormente, desarrollaron unas características relacionadas con la evangelización de la clase obrera, que el Concilio Vaticano II quiso reactivar. Esta evangelización se había canalizado sobre todo a través de la HOAC, la JOC y algunos otros movimientos semejantes a estos. Los curas obreros serán la respuesta que surge en una pequeña parte del clero. Voy a señalar unos trazos que yo considero más típicos de su mística, de las ideas que les movieron para dar a su vida un cambio tan radical.

Una de ellas fue la exigencia de encarnarse, que fue el primer paso de Jesús para realizar su misión evangelizadora. Eso mismo era lo que tenía que hacer el “misionero” del mundo obrero, pensábamos. Encarnarse suponía estar con ellos, vivir como ellos, vestir como ellos, trabajar como ellos, luchar con ellos en su quehacer de un nuevo mundo… Se pensaba que el mejor modo de hablar de la fe cristiana era a través de la vida, por el testimonio. Este era el lenguaje que mejor entendía la gente trabajadora. La encarnación llevaría necesariamente al compromiso temporal. Es imposible querer estar en la ciudad o en la empresa sin participar en los problemas de los ciudadanos o de los obreros.

Trabajar, además de ser un modo de encarnación era un camino de liberación personal. El sometimiento de los curas a sus obispos era ineludible, pues por ellos pasaba la nómina estatal. El sometimiento había de ser integral: de la conciencia,  de la razón, de los comportamientos… de todo. Esa situación del clero sigue aún hoy.

Lo dicho sobre los curas que sintonizaban con el Concilio Vaticano II y sobre los curas obreros hay que atribuírselo a Gaspar en su etapa más joven. Gaspar era así. Él tenía esas mismas ideas e inquietudes. Cuando se va a Nicaragua lleva consigo todo este bagaje ideológico y existencial. Por eso su cercanía a la gente, su implicación, su lucha codo con codo con ellos, su modo de predicar más con la vida que con las palabras.

2.- GASPAR FORMADOR DE MILITANTES

Hablaré ahora de Gaspar como formador de militantes, utilizando  una palabra de aquí. Ya en Nicaragua, una de las principales actividades de Gaspar García Laviana será la formación de Delegados de la Palabra, que al mismo tiempo serán líderes campesinos. La importancia de esta gente es enorme. Se deduce al ver la función que desempeñan en las comunidades: dan a conocer el mensaje liberador del Evangelio con el testimonio de su vida e impulsan la concienciación social de sus conciudadanos, actúan conjuntamente ante las autoridades locales y constituyen mecanismos para promover el bienestar. La importancia social de estos líderes lo demuestra la cantidad de ellos que han sido asesinados en Latinoamérica.

Gaspar dedicará una dedicación especial a la formación de estos agentes comunitarios. Se prepara para ello asistiendo a los cursos “miniIPLA” que organizaba el Instituto Pastoral Latinoamericano- la Conferencia de Religiosos guatemaltecos y el CELAM.

En la pág. 27 del libro GASPAR GARCÍA LAVIANA visto desde Asturias, se dice que la formación de los «delegados de la Palabra » y de líderes campesinos es una de las labores más importantes –si no la que más– a la que se consagran Regalado, Gaspar y otros muchos sacerdotes y misioneros. Gaspar desempeña un papel fundamental en la extensión y consolidación de las relaciones entre el Centro de Educación y Promoción Agraria (CEPA) y los sacerdotes dedicados a la pastoral rural, consciente de la importancia nacional que tenía esta iniciativa, pese a las reticencias de algunos obispos y sacerdotes.

Además Gaspar también se implica en la promoción cultural de la gente sencilla. Hay que considerar que en algunas zonas el número de analfabetos llega al 90%. Gaspar tendrá que empezar reivindicando maestros a unos gobernantes a los que nada les importaba que el pueblo supiese leer y escribir. Él mismo cuenta que dan cursos de salud, de parteras, de agricultura, de coser, de cocina… También de concienciación: les enseñan el origen del poder, qué tipos de presión se hace desde él… y les insisten que si se unen, podrán lograr grandes objetivos. También hizo con los campesinos escuelas.

Vemos, pues, que la labor de Gaspar en sus parroquias no era la típica tradicional centrada en una pastoral sacramental. Tenía una especial preocupación por la formación y promoción integral del campesinado y por la formación de líderes. Es lo que quería transmitiros en este apartado.

3.- GASPAR CRÍTICO SOCIAL

 Paso ahora a un breve comentario sobre Gaspar como crítico de la realidad social. Es una de las características de la personalidad de Gaspar que con otras dan pie para considerarle como uno los profetas del siglo XX.  Coincide con ellos en la denuncia de las injusticias de los poderosos, señalándolos, como ellos, con el dedo. Igual que ellos, destaca Gaspar por su sensibilidad a las situaciones de los necesitados para terminar defendiéndoles con todas sus fuerzas a riesgo de lo que fuere. Como les pasó a los profetas, a Gaspar los poderosos terminan complicándole la vida, habiendo de pasar por dificultades de todo tipo: calumniado, amenazado, perseguido… y al fin abatido por sus balas.

Los profetas también animaban al pueblo cuando estaba decaído, le daban esperanza cuando todo se veía oscuro, orientaban en el quehacer diario sugiriendo nuevos caminos. Así fue su Gaspar al lado de los campesinos.

En lo que se refiere a la denuncia directa de los opresores, podemos recordar lo que al respecto comenta Manuel Rodríguez en su libro GASPAR VIVE sacerdote y guerrillero. Se hacía el 19 de abril de 1973 el Vía Crucis del Viernes Santo. La procesión recorre las calles principales de San Juan del Sur. Una de las catorce estaciones, el de la tercera caída de Jesús, está situado frente a la casa del doctor Caldera. Gaspar habla delante de la casa del médico “de los que traicionan a Cristo, de los que le venden por treinta monedas, de los que roban despiadadamente a sus hermanos hundiéndoles en la más dolorosa miseria, de los ladrones que apoyan sus robos en su profesión y en las armas de la Guardia Nacional…”. Una hija del doctor Caldera abre la puerta de la casa con una pistola en la mano con la intención de dispararle a Gaspar, lo que logra impedir una de sus empleadas.

Como ejemplo de su crítica social, presente en muchos de sus poemas, voy a leer  parte de su Reflexión 1, (A corazón abierto, pág. 61-68), donde Gaspar denuncia la falsedad y maldad de la conducta de los gobernantes nicaragüenses (pág. 63):

 (Perdieron su oportunidad…)

… Cuando decían que eran demócratas

y hacían trampas en las elecciones,

cuando decían que eran cristianos

y perseguían a los que iban a misa,

cuando decían que querían la paz

y armaban a sus soldados para matar…

Cuando decían que eran justos

y encarcelaban al inocente

y lo torturaban

y se burlaban de él

y lo mataban

y echaban su cuerpo a los volcanes.

Y cuando dormían con putas

y aparecían con sus esposas en los desfiles

y en las inauguraciones

y en la iglesia comulgando…

(Perdieron su oportunidad…)

Cuando planeaban en secreto

matanzas de familias

de niños y ancianos,

cuando planeaban matarlos a todos…

Cuando comían con los obispos

y los obispos comían con ellos,

cuando daban dinero a los protestantes

para que dieran opio

a los campesinos…

Cuando hicieron todo esto

y mucho más que no te cuento

perdieron su oportunidad…

A continuación leo un poema de Gaspar donde percibimos su especial sensibilidad ante el sufrimiento de los campesinos, que, sin duda es la principal razón que le empuja a entrar en la guerrilla:

 Campesino 1 :

Me hieren

tus mortajas

prematuras

de hambre

serena.

Me hieren

tus huesos

entubados

en pieles

sedientas.

Me hieren

tus ojos

humillados

hendiendo

la tierra.

Me hieren

tu duro

trabajo

y tus malas

cosechas.

Y un poema donde Gaspar da ánimos al maltratado pueblo nicaragüense:

Meditación

Ahora

¡Qué negras las noches de mis días!

¡Qué oscuras las sombras de mis sueños!

¡Qué lejanas las promesas de mis frutos!

Después

¡Qué radiante tu futuro!

¡Qué igualdad entre la gente!

¡Qué mundo tan diferente!

4.- POETA DE LA LIBERACIÓN

Al hablar de los poemas de Gaspar García Laviana, podríamos empezar diciendo que en conjunto sus versos podrían ser calificados como “poesía social”, pues tiene las características distintivas que se exigen a este modo poético: toca el aquí y el ahora con realismo, tiene tono narrativo y estilo sencillo y directo, habla de la solidaridad con el oprimido, de la represión política, de las injusticias sociales, de la lucha por la libertad y la igualdad, critica aquella sociedad endiablada y pide que sea transformada. Y, además, sus ideas y vivencias interiores le llevan a él a un compromiso social y político tan radical que se hace guerrillero con la firme decisión de llegar hasta el final, que, desgraciadamente, no sería la victoria, sino su muerte. Critica también la religiosidad que aliena, que aparta a la gente de la hiriente realidad social. Lo que hay que hacer, dice él, no es sólo rezar, sino cambiar las cosas que están mal, aquello que está haciendo sufrir a la gente. No es posible aquí ir poniendo ejemplos que confirmen cada afirmación. Sólo leeré un poema sobre la última:

Angustia (Pág. 77).

Las angustias

de mi alma

no las calma

el rosario,

ni la misa,

ni el breviario.

Mis angustias

las mitigan

las escuelas

en los valles,

el bienestar

campesino,

la libertad

en las calles

y la paz

en los caminos.

 Pero no es sólo poesía social. Es poesía de liberación. Al igual que hay teólogos y pintores de la liberación, podemos decir que hay también poetas de la liberación, entre los cuales Gaspar puede ocupar, creo yo, un merecido lugar.

Efectivamente, desde su poesía les dice a los campesinos: nosotros te invitamos cordialmente a la guerra al mando del general de hombres libres, Augusto César Sandino. (Malos mensajeros, pág. 89).  Y les pide que escuchen a las  mismas olas del lago, que les gritan pidiendo revolución. (Meditación en el lago, pág. 110). Les dice que no resiste sus ojos humillados, que quiere campesinos rebeldes, luchadores, no sumisos al infortunio.. (Ojos humillados, pág. 15). Proclama que el miedo a la muerte no puede paralizarlos, pues morir no es mala suerte, no, porque cree en la vida de la muerte. (Morir, pág. 123) La conformidad campesina le cansa y le aflige. (Conformidad campesina, pág. 32). Ve claramente que el mal mayor que pesa sobre ellos no es la falta de tierra, o el hambre, o las enfermedades sin medios para curarlas. Su peor mal está en ellos mismos. (Campesino 2, pág. 31).

Leo sólo dos poemas como ejemplo:

Morir

¿No es mala suerte?

-No es mala suerte, no,

no es mala suerte.

Porque creo en la vida de la muerte

el morir para mí no es mala suerte.

Victoria

A morir, a morir

guerrillero,

que para subir al cielo,

hay que morir

primero.

 Es una poesía liberadora que proclama con radicalidad, como le oímos en este poema:

Al Campesino 2

Prefiero que mueras,

hermano campesino

que verte así,

tan destrozado,

tan en agonía,

tan muriendo

sin morirte nunca.

5.- GASPAR CURA-GUERRILLERO

 Gaspar García Laviana fue también un cura-guerrillero. Me encontré con gente, incluso agnósticos, que les resultaba extraña esa conjunción. También a mí, pero de igual manera que en cualquier cristiano o persona. Estar en guerra, matándose unos a otros, es una situación en principio disonante con la condición humana. Todos debemos ser radicalmente pacifistas e intentar solucionar nuestras desavenencias a través del diálogo y, en todo caso, cuando haya que ejercer presiones para salir del conflicto, hay que encontrar otros medios que no sean las armas. El no a la guerra yo creo que ha de ser siempre contundente.

Esto dicho, sí se puede matizar esta cuestión, para llegar a un juicio de valor sobre la decisión de Gaspar de pasar a la guerrilla. ¿Hay casos en los que se pueda justificar una guerra? Gaspar y todos los compañeros sandinistas entendieron que sí, aún sabiendo que su decisión podía costarles la vida, como así resultó en muchos casos.

Podemos conocer cómo enfocó Gaspar su decisión echando mano de sus escritos. En la carta que Gaspar en la Navidad de 1977 dirige a los nicaragüenses anuncia su ingreso en las filas del Frente Sandinista y en ella da cumplidas explicaciones de su decisión. “Vine a Nicaragua desde España, mi tierra natal, a ejercer el sacerdocio como misionero del Sagrado Corazón… Me entregué con pasión a mi labor de apostolado y pronto fui descubriendo que el hambre y sed de justicia del pueblo oprimido y humillado al que yo he servido como sacerdote, reclamaba, más que el consuelo de las palabras, el consuelo de la acción”. Esta es la razón de su decisión: estar viendo al pueblo nicaragüense oprimido y humillado.

No son meras palabras demagógicas. Era la hiriente realidad que él mismo describe con detalle en su carta y que todos en Nicaragua conocían: “he visto en carne viva las heridas de mi pueblo; he visto la explotación inicua del campesino, aplastado bajo la bota de los terratenientes protegidos por la Guardia Nacional, instrumento de injusticia y represión; he visto cómo unos pocos se enriquecen obscenamente a la sombra de la dictadura somocista; he sido testigo del inmundo tráfico carnal a que se somete a las jóvenes humildes, entregadas a la prostitución por los poderosos; y he tocado con mis manos la vileza, el escarnio, el engaño, el latrocinio representado por el dominio de la familia Somoza en el poder. La corrupción, la represión inmisericorde, han estado sordas a las palabras y seguirán estando sordas, mientras… mis hermanos padecen tortura y cárcel por reclamar lo que es suyo: un país libre y justo, del que el robo y el asesinato desaparezcan para siempre…”.

Se puede pensar que estas palabras son de alguien que quiere justificarse a sí mismo y a la revolución armada en la que él está embarcado, pero es la misma visión que, por ejemplo, tiene Amnistía Internacional. El martes 16 de agosto de 1977, en el diario El País, un periodista asturiano recoge lo que sobre Nicaragua decía esta prestigiosa institución, que resumo a continuación: La Guardia Nacional de Nicaragua, así como las autoridades militares de esa república latinoamericana, llevan a cabo una sistemática violación de los derechos humanos y torturan y mantienen en prisión a sospechosos de atentar contra la seguridad del Estado, sin que los cargos hayan sido comprobados judicialmente… En el noreste de Nicaragua han desaparecido trescientos campesinos, desde mayo de 1975 hasta enero de este año (1977). En el departamento de Zelaya, doscientos campesinos están en prisión sin haber sido juzgados todavía. Algunos han sido ejecutados a sangre fría.

Los mismos obispos latinoamericanos, en su documento de Medellín, publicado con motivo de la II conferencia del CELAM (1968), dicen que «la gran mayoría del pueblo latinoamericano» vive en un «contexto de pobreza y aún de miseria». Los obispos ven «formas de opresión de grupos y sectores dominantes», «desigualdades excesivas entre ricos y pobres, entre poderosos y débiles». Por eso dicen que en estas circunstancias no se puede decir que haya paz, pues ella no consiste sólo en que no haya ejércitos en lucha y que es necesario «crear un orden social justo, sin el cual la paz es ilusoria», y ello, dicen, «es una tarea eminentemente cristiana».

Gaspar, al llegar a Nicaragua, lo primero que hace es comprometerse en una acción social en favor de los empobrecidos.

Él mismo nos describe lo que había estado haciendo en el último año antes de pasar a la clandestinidad: está presente en la redacción de una carta que se envía a la señorita ministra solicitándole maestros para las 14 poblaciones, acusa públicamente al Hospital Departamental de Rivas por mala atención a los enfermos y cobros indebidos a los pacientes pobres, entabla acusación formal contra dos tratantes de blancas en Tola por rapto, vejámenes a menores, corrupción de menores y graves lesiones a la moralidad pública, hace una carta al general Somoza informándole del incumplimiento de las sentencias judiciales…

Cuando ve que ese camino no conduce a nada y que incluso él, con lo que está haciendo, se siente utilizado por el régimen, es entonces cuando decide pasar al compromiso armado, que justifica de este modo ante el pueblo: “es una guerra justa, una guerra que los sagrados evangelios dan como buena, y que en mi conciencia de cristiano es buena, porque representa la lucha contra un estado de cosas que es odioso al Señor, Nuestro Dios. Y porque, como señalan los Documentos de Medellín, suscritos por los obispos de América Latina, en el capítulo de la Situación Latinoamericana en la Paz, ‘la insurrección revolucionaria puede ser legítima en el caso de tiranía evidente y prolongada y que atente gravemente a los derechos fundamentales de la persona y damnifique peligrosamente el bien común del país, ya provenga de una persona, ya de estructuras evidentemente injustas’ ”.

Con todo lo dicho anteriormente podemos deducir que Gaspar cree que su decisión de tomar las armas está totalmente en consonancia con los principios cristianos, aunque él mismo dijo que era un asunto más vital que teológico.

Al hablar al principio de Gaspar cura-obrero mencionaba la teología de la encarnación como idea nuclear de la mística que animaba a aquellos misioneros de la clase obrera. En el Gaspar de ahora se da el paso a la teología de la liberación, que en él, por sus circunstancias personales y sociales concretas, le llevó al compromiso armado.

Esta teología mística queda reflejada en sus escritos. En la carta a los obispos y demás gente del clero les dice Gaspar: ¿No es Cristo mismo torturado? ¿No es la Iglesia misma la que está siendo asesinada en cada uno de sus hijos?… Por otra parte, mi fe y mi pertenencia a la Iglesia católica me obliga a tomar parte activa en el proceso revolucionario con el FSLN, porque la liberación de un pueblo oprimido es parte integrante de la redención total de Cristo. Mi contribución activa en este proceso, es un signo de solidaridad cristiana con los oprimidos y con aquellos que luchan por liberarlos… Nosotros pondremos un hito en la historia siendo el primer grupo en la Iglesia que lucha en una revolución cristiana para derrocar un régimen asesino y construir una sociedad nueva en donde se vivan los ideales cristianos de justicia, de amor y de paz.

Y en la carta a los nicaragüenses les dice: A todos mis hermanos nicaragüenses les pido que por su amor a Cristo apoyen esta lucha del Frente Sandinista, para que el día de la redención de nuestro pueblo no se siga retrasando. Y a quienes aún sirven al somocismo les digo que aún es tiempo de ponerse del lado de la justicia, que es el lado de Nuestro SeñorEl somocismo es pecado, y librarnos de la opresión es librarnos del pecado. Y con el fusil en la mano, lleno de fe y lleno de amor por mi pueblo nicaragüense, he de combatir hasta mi último aliento por el advenimiento del reino de la justicia en nuestra patria, ese reino de la justicia que el Mesías nos anunció bajo la luz de la estrella de Belén.

Gaspar vive la teología y la espiritualidad de la liberación asumiendo y haciendo suyo el grito de los pobres, luchando contra sus explotadores y opresores, y defendiendo tanto en la sociedad como en de la Iglesia los valores del Reino de Dios: la honestidad, el reparto equitativo de los bienes, el salario justo, la solidaridad, la libertad… etc

Quisiera terminar diciendo que “GASPAR GARCÍA LAVIANA” no son sólo palabras que hacen referencia a un personaje para el que se pide admiración. Lo importante en Gaspar no es él ni lo que hizo, sino los motivos y valores por los que llegó incluso a morir. Son valores universales que estarán siempre vigentes como referencia de un comportamiento humano ejemplar.

Entre esos valores está su interpretación del Evangelio como liberación, su concepción del sacerdocio como servicio a los demás y como compromiso con los más pobres. La libertad la vivió en primera persona, liberándose de muchos condicionamientos y prejuicios que le impedían darse totalmente a los demás tal como él entendía que debía hacerlo. Pero además luchó por la libertad de los demás, luchando contra la tiranía del dictador y contra la tiranía de la miseria.

Asumió conscientemente el riesgo de ponerse al lado de los más débiles y en contra de los poderosos, intentando una sociedad justa. Llegó hasta dar la vida por su gente, demostrando que efectivamente su amor a ellos era de verdad muy grande. Y otros valores que podemos conocer leyendo más ampliamente la vida de este misionero asturiano.

José María Alvarez (Pipo)    

Foro Gaspar  García Laviana  –  Asturias

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