|Miércoles, Noviembre 13, 2019
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Francisco hace todo lo posible en contra de los abusos 

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«¡Nadie tiene el derecho de acusar al Papa ni pedirle que renuncie!».

Los ataques y las polémicas públicas «acaban poniendo en tela de juicio la credibilidad de la Iglesia y su misión». El cardenal Gerhard Ludwig Müller, teólogo y prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, nos recibió en su habitación ubicada en la Plaza de la Ciudad Leonina, en donde vivió durante un cuarto de siglo el cardenal Joseph Ratzinger. Está preocupado por el clima que se respira en la Iglesia, las tensiones, las polarizaciones y las facciones contrapuestas.

El arzobispo Carlo Maria Viganò publicó un “comunicado” a finales de agosto acusando al Papa por un presunto “encubrimiento” del cardenal Theodore McCarrick. Llegó incluso a pedir la renuncia del Papa. ¿Qué le parece?

Nadie tiene derecho de acusar al Papa ni pedirle que renuncie. Claramente es posible tener opiniones diferentes sobre los problemas existentes y sobre los caminos para resolverlos, pero debemos discutir sobre ellos según los papeles de cada quien y al final son los cardenales, como representantes de la Iglesia de Roma, los que pueden ayudar al Papa o pedirle algunas explicaciones. Pero esto debe darse de manera reservada, en los lugares adecuados, y sin hacer nunca una polémica pública, con ataques que acaban por poner en tela de juicio la credibilidad de la Iglesia y su misión. Estoy personalmente convencido de que el Papa Francisco hace todo lo que es posible para contrarrestar el fenómeno de los abusos contra menores y para favorecer una nueva espiritualidad de los sacerdotes, que deben actuar según el corazón de Cristo y por el bien de todas las personas, sobre todo de los niños y de los jóvenes.

El terrible escándalo de los abusos es utilizado para batallas dentro de la Iglesia. ¿Usted está de acuerdo?

 Todos debemos cooperar para superar esta crisis que hiere la credibilidad de la Iglesia. Desgraciadamente tenemos estos grupos, estos “partidos” (los llamados “progresistas” y “conservadores”). Todos nosotros estamos unidos en la fe revelada, y no por prejuicios de ideologías políticas. Nosotros no somos un ente político, la Iglesia fue instituida por Jesucristo y es guiada por los obispos y, sobre todo, por el Sucesor de Pedro, que es el principio permanente y fundamental de la unidad de la Iglesia en la verdad revelada y en la comunión sacramental, en nuestro ser hermanos y en el confiar los unos en otros, como se lee en la Constitución conciliar “Lumen gentium”, en el número 18. Espero que el Papa pueda hacer algo para una reconciliación. Por ejemplo, para ocuparse de la crisis que siguió a los escándalos de los abusos en los Estados Unidos, podría nombrar una comisión de cardenales en los que confíe para que estudien la situación y luego, con base en sólidas informaciones, hacer algunas propuestas, más allá de las contraposiciones, de las luchas entre fracciones, de las sospechas recíprocas, de las campañas mediáticas de propaganda. Necesitamos una sólida base de informaciones: solamente así se podrán tomar decisiones para el futuro.

No hay duda de que los abusos de menores son un crimen y un pecado abominable. ¿No cree usted que exista dentro de la Iglesia quien confíe demasiado en las “best practices” y en las normas como solución del problema? ¿No se corre el peligro de olvidar que la Iglesia no es una empresa?

El Derecho canónico es un instrumento para nosotros, una ayuda necesaria para la Iglesia, que, como cualquier “societas”, necesita sus reglas. En el Derecho canónico tenemos normas de derecho divino que no podemos cambiar, pero también normas de derecho humano, eclesiástico, que podemos cambiar y actualizar para responder cada vez mejor a las exigencias y a las circunstancias que hay que afrontar. Pero nosotros, la Iglesia, somos una realidad sacramental y espiritual, y son más importantes las dimensiones de la moral y de la fe: no son suficientes las reglas, las normas, la disciplina exterior. Necesitamos una renovación espiritual, oración y penitencia, acercarnos a los sacramentos, leer y meditar la Biblia, entrar en el Espíritu de Jesucristo. Debemos ser sacerdotes según el corazón de Jesús, el corazón de Jesucristo en la Cruz, que sufrió y murió por amor de todos los pecadores y por cada ser humano. El sacerdote es un “alter Christus”, no porque sea bueno o por sus capacidades, sino porque da su corazón por los hombres. Debemos testimoniar esto y, de esta manera, restablecer la credibilidad de la Iglesia para que la gente encuentre la fe.

Benedicto XVI y Francisco, frente a los escándalos de los abusos, han insistido en el camino de la conversión y de la oración…

Es el camino más auténtico. Existen los procedimientos que se establecieron para combatir el fenómeno, pero la renovación espiritual, la conversión son más importantes. Hay sacerdotes que casi nunca van a los ejercicios espirituales, no van casi nunca al confesionario, no rezan el breviario. Y, cuando la vida espiritual está vacía, ¿cómo puede actuar un sacerdote según Cristo? Corre el peligro de convertirse en un “mercenario”, como leemos en el Evangelio de Juan.

Ha causado mucho revuelo que la Santa Sede haya pedido que los obispos estadounidenses postergaran la votación sobre las nuevas normas anti-pederastia que preveían la institución de comisiones de laicos para investigar sobre la responsabilidad de los obispos y sobre los códigos de “accountability”. ¿Qué le parece lo sucedido?

Según la institución sacramental de la Iglesia, los obispos tienen su responsabilidad, el Papa tiene la suya, pero todos deben colaborar. Contamos con normas suficientes en el Derecho canónico, está el “motu proprio” “Sacramentorum sanctitatis tutela” de 2001, están las normas ya existentes de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y no siempre todos los obispos han colaborado con nuestro dicasterio. No han informado, como está establecido que se haga. Primero debemos hacer lo que las normas ya existentes establecen e indican como necesario y obligatorio. Y después se podrá colaborar, en un espíritu fraterno de colegialidad, y tal vez discutir si el tono del texto propuesto era adecuado. Me dijeron que el texto llegó a Roma de Estados Unidos al último momento: ¿por qué no fue enviado antes? Hay que evitar la confrontación y la polémica pública, y discutir antes juntos para llegar a una decisión. Hay que hablar más antes. Yo pensé que era necesario que la presidencia de la Conferencia Episcopal estadounidense se consultara antes con nuestros expertos en la Congregación para la Doctrina de la Fe. El Santo Padre es una única persona, no puede ocuparse de cada cosa. Para esto están los dicterios de la Curia romana, para colaborar y llegar a una propuesta bien elaborada que presentar al Papa.

Hay quienes insisten en que el problema de los abusos está relacionado con el problema de la homosexualidad del clero. ¿Qué opina?

Pederastia y homosexualidad son expresiones de la psicología que ayudan a la Iglesia en su teología moral. Pero, para nosotros, la dimensión es moral: es decir, si se actúa según los Mandamientos, según la santa voluntad de Dios o no. Este es el problema para nosotros. Debemos colaborar con la psicología y con la sociología, pero nosotros en la Iglesia, a nivel de magisterio moral, no tenemos que poner en primer lugar estas disciplinas. Debemos, por el contrario, basarnos en la teología moral. Está claro que, según la voluntad de Dios, para los fieles laicos no es posible tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, y para un sacerdote (que se comprometió a vivir el celibato) no es posible tener relaciones sexuales. Ni mucho menos es posible que nadie abuse sexualmente de chicos o niños. El abuso de menores es un pecado abominable, que roba el alma de los pequeños encomendados a nuestro cuidado, ¡es algo diabólico! Debemos elevar el nivel moral del clero. En cuanto a su pregunta: no podemos hablar de “homosexuales”. No existen los “homosexuales” como categoría. Hay personas concretas que tienen algunas tendencias y están las tentaciones. Nuestro corazón está herido por el pecado original y debemos superar las tentaciones con la gracia, la nueva vida en Jesucristo. Llamando siempre pecado al pecado y reconociéndolo como tal, para no caer en la corrupción de quien peca y se auto-justifica.

El Papa Francisco habla de abuso de poder y clericalismo para indicar que, antes de ser un abuso sexual el que perpetran clérigos contra menores o adultos vulnerables, se trata de un abuso de poder por parte de quien ejerce una autoridad sobre la víctima. Por ello se puede decir, por ejemplo, que McCarrick no tenía simplemente relaciones homosexuales con sus seminaristas, sino que abusaba de ellos.

Creo que el Papa quiere subrayar que en el abuso sexual de menores cometido por sacerdotes siempre hay un abuso de autoridad natural y espiritual del sacerdote. Él es representante de Jesús Buen Pastor, los niños y chicos confían en él y él ejerce una paternidad sobre ellos. El abuso sexual comienza con un abuso de autoridad y de conciencia. Creo que esto es lo que quería decir el Santo Padre. Si uno está secularizado en el corazón, para él las categorías del poder, del interés, del lujo, del dinero, del placer, se convierten en ídolos. El sacerdote no debe ser mundaneado: nuestro tiempo, nuestro ser, es por la gente, por el pueblo de Dios.

El Papa Francisco insiste a la hora de advertir sobre el clericalismo…

A mí no me gusta esta palabra, porque es ambivalente, pero, como he dicho, se quiere decir con ello el abuso de los poderes de oficio por parte del sacerdote. Que deja de ser buen pastor según el corazón de Jesús y se transforma en un mercenario. Estas son las palabras de la Biblia.

Eminencia, ¿qué le parecen la polarización y el énfasis con los que ciertos grupos y medios de comunicación instrumentalizan algunos nombramientos erróneos, tal vez con significativas omisiones según los grupos a los que se pertenezca?

 Tenemos muchos ejemplos my claros en la Biblia: el mismo Jesús llamó a los doce apóstoles y uno de ellos era un traidor, Judas. También ahora es posible que el Papa nombre a una persona que es “falsa”, que no es idónea para el encargo, para el episcopado. Jesucristo mismo, a pesar de conocer todo gracias a su intelecto divino, dejó la libertad al traidor Judas. Cada uno es responsable por su pecado: nosotros podemos, mediante el proceso de selección con las Congregaciones, mediante todos nuestros juicios humanos, hacer lo posible para elegir a un buen candidato. Pero el Papa no es responsable de lo que luego hacen estos obispos, así como los obispos no lo son por todo lo que hacen sus sacerdotes. Cada uno es personalmente responsable por el mal que comete.

Entonces, ¿cómo se podría mejorar el proceso de selección de los obispos?

Para nosotros, los hombres, no es posible formular un juicio absoluto, perfecto. Lo hacemos según nuestras posibilidades limitadas, según lo que se nos ha concedido conocer. Hay que buscar candidatos idóneos para el episcopado, pero el Papa no es infalible en el nombramiento de alguien. Y tampoco en el futuro podremos evitar completamente los errores. Tenemos que aprender de los errores, tratar de cometer cada vez menos, tratar de hacer cada vez mejor nuestro trabajo de selección. Pero somos hombres, y, como tales, todos somos pecadores y falibles. Todos necesitamos de la misericordia y del perdón de Dios, todos debemos reconocernos pecadores. No necesitamos a quienes se erigen en jueces o vengadores considerándose justos. Yo estoy convencido de que un paso significativo sería promover una mayor colaboración entre los diferentes dicasterios de la Curia romana por el bien de la Iglesia. Cada uno de los dicasterios responde directamente al Papa, pero se debería corroborar la colaboración horizontal.

Andrea Tornielli   –   Ciudad del Vaticano

Vatican Insider   –   Reflexión y Liberación

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