|Jueves, Marzo 21, 2019
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¿Madre y Maestra? 

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La crisis actual no solo no frena, sino que da impulso a las reformas del Papa Francisco.

El inicio del séptimo año de pontificado coincide con la mayor crisis que atraviesa la Iglesia desde la renuncia de Benedicto XVI en febrero de 2013. «2018 fue el annus horribilis para la Iglesia», ha reconocido en Madrid el presidente del Centro para la Protección de Menores de Roma, Hans Zollner. El escándalo de los abusos sexuales, hasta ahora focalizado en determinados países de forma aparentemente aislada, se ha globalizado, y con ello se ha extendido una «desconfianza hacia la Iglesia como nunca antes», que afecta a «los obispos, a los cardenales y al Papa mismo». La Iglesia falló como madre, al proteger antes su propia reputación institucional que a sus víctimas. Y quedó desacreditada como maestra, debido a los encubrimientos y a la ocultación de la verdad.

En Roma, cunde en muchos el desconcierto… con la notable excepción del Papa. Todas las fuentes destacan la serenidad con la que afronta esta tormenta. Francisco ha hecho una lectura creyente de los acontecimientos, en los que ve la mano de Dios para la purificación de su Iglesia. Está convencido de que esta crisis solo no frena, sino que da impulso a sus reformas, que como no se ha cansado de repetir, antes que con las estructuras eclesiales, tienen que ver con las actitudes personales. De la tribulación debe surgir una Iglesia más humilde, consciente de sus debilidades y de sus limitaciones, que camina junto a la mujer y al hombre de hoy en la búsqueda sincera de Dios. Una Iglesia más samaritana y cercana a la persona que sufre, capaz de transparentar mejor la misericordia y la ternura divinas. Y una Iglesia más horizontal, libre de castas y de clericalismo, donde el poder sea realmente servicio y el ejercicio de un ministerio no implique injustificables desequilibrios en las relaciones de fraternidad entre los bautizados.

Esa es la agenda que, pacientemente, ha ido impulsando el Papa. Y si en estos años no han faltado focos de resistencia, la crisis actual deja al descubierto que no hay otra vía de solución. La Iglesia quiere volver a mostrarse como madre. Comenzando con sus víctimas y con las personas que sufren. De ahí proviene también su credibilidad como maestra. Porque su misión, la misma de Jesús, no es juzgar ni condenar al mundo, sino ofrecerle signos del Reino para mostrarle el camino de la salvación.

Alfa y Omega   –   Reflexión y Liberación

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