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Por una teología del diálogo 

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Diálogo en política, diálogo en la Iglesia, diálogo interreligioso, diálogo intergeneracional, social, en la pareja,… “Diálogo “es, hoy día, la palabra mágica para  solucionar  todos los problemas.

El termino viene de una palabra griega : “día- logos” que es sinónimo de “inter-locución”, hablar entre  varias personas. El antiguo filósofo Platón,  en sus escritos, utilizaba mucho la “dialéctica”, el arte de debatir entre personas diferentes. En toda la filosofía  el vocablo “logos”(=palabra o verbo)  ha sido considerado  el punto de partida de todo pensamiento y de toda Verdad.

El hablar es lo más humano que hay porque relaciona las personas. Se aprende a hablar escuchando palabras.  El niño empieza a decir “mamá”, aprende a nombrar las cosas, llega un día  a decir “yo”. De esta manera, utilizando  sonidos, se empieza a  expresarse y a comunicar. El “logos” es el  principio vital para el ser humano.

No es de extrañar que San Juan empiece  su evangelio diciendo: En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con  Dios, y la Palabra era Dios”.

Todo empieza con la Palabra y los que escribieron los primeros libros de la Biblia no podían explicarse la existencia del mundo de otra manera: “Dijo” Dios: Haya luz y hubo luz…” Se explicó así sencillamente el universo por una palabra activa, inventiva y creativa.

Cuando  los hebreos  quisieron explicar su existencia como pueblo, fue también por una palabra, más bien una promesa  de Dios a Abraham  que  se dio la  partida a la gesta del pueblo israelita.  Enseguida  con Moisés, fue un compromiso de palabras, las palabras de una Alianza, que se celebró nuevas relaciones  entre Dios y su pueblo. Después fueron posteriormente palabras de profetas, de sabios, de orantes también relatos de la fidelidad de Dios y de deslealtades del pueblo  que fueron registradas en la Biblia como  las actas del dialogo histórico entre Dios y  el pueblo… Palabras y palabras pero no tan solo palabras porque estas palabras son testimonios escritos, testamento para todas las generaciones futuras. Son palabras siempre activas porque siguen interpelando buscando interlocutores.  Dios sigue dándose a conocer y en ella, también  los hombres se pueden reconocer y reaccionar.

La palabra se hizo carne”  dijo san Juan.  Dios se humanizó, se puso a nuestro nivel para que lo entenderíamos sin intermediarios. Su palabra fue a la vez buena nueva para algunos pero inaceptable otros. Para confirmar la veracidad de su palabra el Hijo de Dios tuvo que pagarla con su vida. Los evangelios constituyen así el diálogo de cuatro testigos acerca de lo que ha dicho y hecho Jesús.

Unos buenos ejemplos del diálogo de Jesús se puede encontrar en el mismo evangelio de San Juan  cap. 3 y 4. El primero es el encuentro de noche de Jesús con el magistrado judío Nicodemo. El tema de la conversación es la nueva vida. Hay que nacer de nuevo  para ver el Reino de Dios  Nicodemo es maestro en Israel pero no entiende y pregunta: ¿cómo?. Jesús tuvo que explicarle que Dios amó tanto al mundo que envió a su único Hijo para salvarlo.

El segundo ejemplo por meditar es el diálogo de Jesús con la samaritana a la orilla de un pozo. El diálogo  parte de una conversación insólita sobre la pega de sacar agua. Jesús le habla de un agua viva.  La mujer no entiende, entonces  Jesús la vuelve a lo existencial, su problemática de convivencia marital, la cuestiona. Allí ella descubre que Jesús es hombre de Dios  pero, rápido, desvía la conversación hablando de las prácticas religiosas. Jesús entonces le aviva la esperanza olvidada en el Mesías para finalmente presentarse claramente como el Cristo enviado por Dios.

Diálogos de Jesús con sus discípulos, con el público, con los  enfermos, con sus contrarios: los fariseos, los letrados, diálogo con Pilato, dialogo con los discípulos de Emaús, diálogos de los discípulos de Emaus comentando la resurrección,  Pentecostés, después controversias entre Pablo, Pedro y Santiago, su acuerdo conciliado, más discursos, discusiones, cartas en la Iglesia primitiva… en definitiva todo un diálogo extraordinario de Dios con sus hijos, un diálogo motivador.

Los más teólogos podrán profundizar la fe en un Dios que habla y que dialoga.  Podemos quedarnos en algunas ideas que podrán servir  para todo tipo de diálogo: social,  laboral, empresarial, cívico, político, familiar, cultural…,  algunos planteamientos inspirados de nuestra fe cristiana.

La primera condición para dialogar auténticamente es la autocrítica, la “conversión”. No cuestionarse a sí mismo antes de decir algo es entrabar el diálogo. Preguntarse  a uno mismo el “porque” de lo que uno piensa es verdadera la libertad para hablar.

El diálogo no es una conversación suelta, tiene que tener un objetivo preciso, un tema relevante y claro compartido por todos los integrantes de la mesa de diálogo. Cuidado, también, de no excluir implicados en la controversia planteada.

Siempre, en un diálogo, hay poderosos, inferiores, tímidos y  callados, el moderador debe hacer espacio a cada uno. Se dice que en el diálogo hay que escuchar pero escuchar es también hacer hablar.

Escuchar no es contentarse de oír, es también buscar comprender lo que motiva el otro a decir lo que dice, pedir explicaciones… buscar la interacción de un pensamiento con el otro.

Es bueno pedir a participantes reformular lo que otro dijo. Antes de terminar utilizar metodología para sintetizar colectivamente para lograr acuerdos o resoluciones posibles.

Después de estos pocos consejos, terminemos diciendo que el diálogo, para la Iglesia es vital. Sin diálogo, la Iglesia deja de ser creíble. Para la juventud o sea  los cristianos de mañana, el compartir la fe en diálogo es un aprendizaje imprescindible. Son las comunidades cristianas que dialogan que aseguran que la Iglesia de mañana será algo más que una secta. 

Paul Buchet

Consejo Editorial de revista “Reflexión y Liberación”

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