|Miércoles, Mayo 22, 2019
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Obispo Angelelli: Pastor, Profeta y Mártir 

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Monseñor Enrique Angelelli, obispo de La Rioja (Argentina) asesinado en 1976, los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera -conocidos como “los mártires de la Rioja”- serán beatificados mañana 27 de abril de 2019, esta fecha coincide con el día de Santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos latinoamericanos. Desde Chile, revista “Reflexión y Liberación”, acompaña esta justa y merecida distinción de la Iglesia a estos Mártires por la causa de la Justicia, tal como lo ha indicado el Papa Francisco en el Decreto de Beatificación del obispo Angelelli y sus colaboradores.

Enrique Angelelli nació en la ciudad de Córdoba el 17 de julio de 1923. Fue ordenado sacerdote en Roma el 9 de octubre de 1949. El Papa Juan XXIII lo eligió como obispo auxiliar de Córdoba y fue consagrado el 12 de marzo de 1961. Luego el Papa Pablo VI lo designó Obispo de La Rioja y tomó posesión de esa diócesis el 20 de agosto de 1968.

Mons. Angelelli llevó a la vida del pueblo de La Rioja las enseñanzas del Concilio Vaticano II, de Medellín y del documento de San Miguel del Episcopado argentino. Su acción pastoral, inspirada por estos documentos, fue objeto de duras polémicas. Fue un hombre que se dejó tomar por el Espíritu y apasionar por el evangelio.

Vivió intensamente la amistad y estrechó lazos de unión y de afecto con la gente de manera bastante inusual en su ambiente. Siempre manifestó con gestos y palabras su amor por la Iglesia; un amor serio, crítico y absolutamente fiel al evangelio. Creyó en la Iglesia como comunidad y favoreció el encuentro fraternal entre sus miembros.

Tuvo una enorme comprensión por los más humildes, y fue capaz de elevar la voz en la denuncia frente a las opresiones desde sus homilías, cartas pastorales y la radio. Desde la experiencia de su tierra y de su pueblo, constantemente se esforzó por romper las estructuras de injusticia para que la tierra, el trabajo, el pan y el agua fuera para todos.

Los títulos de sus homilías son más que significativos para mostrarnos por donde iba su reflexión. Veamos algunos ejemplos: “Pacificar el corazón, mirar al futuro, preparar los hombres del mañana” (1 de enero de 1969):

“El obispo, hombre crucificado; en su corazón deben encontrar cabida las alegrías y los dolores de su pueblo” (1970).

“Con alma de niños, dar acogida en nuestro corazón al don de la paz” Mensaje de Navidad (1970).

“Colecta Más por Menos, toma de conciencia nacional, un comienzo para aplicar en cristiano la distribución de los bienes” (1971).

“Urge escuchar la voz de Cristo y llegar incluso a opciones y rupturas interiores si queremos cambiar nuestra manera de vivir” Carta pastoral de Cuaresma (1972).

“En nuestras madres encontramos un eco de la grandeza y del amor de Dios” Mensaje en el Día de la Madre (1973).

“Quiero manifestar un amor grande al pueblo riojano que el Señor me confió; un amor grande a esta hora histórica que nos toca vivir y que juntos vamos tejiendo dolorosamente; amor grande a Cristo y a su Iglesia” (1973).

“Somos obispos y pastores de un Concilio que debe ser llevado a la práctica” (1974).

“Ser hombres de la luz es no evadimos de nuestra realidad y construir nuestra historia con los demás” (1975).

“Seguimos mirando nuestro presente y nuestro futuro con esperanza, aunque sea dolorosa nuestra realidad” (1975).

El 18 de julio de 1976 en Chamical, ciudad pequeña de la región de Los Llanos riojanos, fray Carlos de Dios Murias, uno de los primeros franciscanos conventuales argentinos, y el padre Gabriel Longueville, sacerdote francés a cargo de la parroquia de esa ciudad, en una fría noche de invierno, fueron cruelmente asesinados por ser fieles a Cristo y a la Iglesia.

El padre obispo Enrique Angelelli en la homilía del entierro dijo:

“También hay en este presbiterio muchachos que están estudiando, todavía no son sacerdotes, están preparándose, experimentando a Cristo, descubriéndolo con la inteligencia y fundamentalmente descubriéndolo en la vida y asimilándolo para que puedan ser presbíteros. Yo creo que ellos hoy deben recibir la mejor lección de teología de la vida. Porque un muchacho de 30 años y presbítero ha muerto, por ser fiel a las bienaventuranzas de Jesús, mártir. Hermanos seminaristas, a ustedes también les deja una lección, un mensaje”.

Una semana más tarde, en la puerta de su casa le quitaron la vida a Wenceslao Pedernera, un hombre apostólico, trabajador rural, esposo fiel y padre de familia. Pocos días después, el 4 de agosto (día del párroco), caía en el camino, en Punta de los Llanos, el obispo de la diócesis, el pastor y profeta Enrique Angelelli.

“La vida y la muerte de Monseñor Angelelli son fuente fecunda de inspiración para quienes seguimos a Jesús de Nazaret y también para aquellos que sueñan y luchan por un tiempo nuevo de justicia y de paz.
Sus huellas de profeta y de pastor nos llevan “tierra adentro” al encuentro de los pobres y olvidados. Quienes van detrás de sus pasos, descubrirán un camino de fidelidad creativa, de entrega radical, de amor sin reservas. Hallarán el corazón del pastor habitado por el clamor de los pobres y la pasión del Evangelio.
Hoy, quizás más que nunca, necesitamos volver a oír sus palabras; en ellas, el testimonio de su vida nos convocará, a ser también nosotros sembradores de una época nueva que haga posible la vida plena para todos”

Redacción de revista “Reflexión y Liberación”   –   Chile.

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