|Domingo, Octubre 13, 2019
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Propuesta del Vaticano reaviva la revuelta conservadora contra el Papa 

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Francisco abrió la puerta a que hombres casados puedan ordenarse sacerdotes en zonas donde es grave la escasez de curas. Fuerte polémica.

Un nuevo frente de tormenta proveniente del sector más conservador de la Iglesia empieza a despuntar en el horizonte del pontificado de Francisco. Después de la fuerte resistencia de los integristas a la aprobación por parte del Papa para que puedan recibir la comunión los católicos divorciados en nueva unión (condicionada a un estudio de cada caso), otra probable decisión del argentino preanuncia que volverán a presentar batalla: el acceso de hombres casados al sacerdocio en zonas del mundo donde la escasez de sacerdotes es muy severa. De concretarse sería la segunda gran reforma en materia de normas eclesiásticas del actual pontífice.

En rigor, hace tiempo que comenzaron a escucharse voces críticas a esa eventualidad a partir de que el Papa convocó para octubre en El Vaticano a un sínodo sobre la presencia de la Iglesia en la Amazonia que podría analizar esa alternativa por tratarse, precisamente, de una región de gran carencia de sacerdotes. Pero esta semana la difusión del documento de trabajo de las deliberaciones dio entidad al tema, ya que figura entre las propuestas para ser consideradas por los 250 padres sinodales -en su mayoría obispos- de todo el mundo. Además de que fueron invitados a participar 20 indígenas.

El texto, presentado en la sala de prensa del Vaticano por el secretario general del sínodo, el cardenal Lorenzo Baldisseri, dice: “Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable”.

También menciona “la corrupción” en la región y la necesidad de una “conversión ecológica” ante las amenazas a la naturaleza y la vida misma de los habitantes.

Al fundamentar la necesidad del acceso de hombres casados al sacerdocio, el director de Obras Misionales Pontificias de Brasil, Mauricio Da Silva Jardim, advirtió hace poco sobre “el hecho de que el 70% de las comunidades de la región no tengan acceso a la misa dominical”.

A su vez, el relator general del sínodo, nombrado por Francisco, el cardenal brasileño Claudio Hummes, afirmó que “la ausencia de la eucaristía -que se consagra en la misa- en las comunidades amazónicas es un gran límite porque para la Iglesia es fundamental y necesaria para desarrollar una comunidad fiel a Jesucristo”.

Sin embargo, los más conservadores temen que su aprobación sea el primer paso hacia la determinación del celibato sacerdotal optativo. Esto pese a que Francisco se manifestó en reiteradas ocasiones a favor de su mantenimiento, ya que lo considera un don y una riqueza de la Iglesia y rechazó taxativamente que vaya a autorizar en algún momento que sea opcional, más allá de que podría hacerlo porque no es un dogma de fe, sino una medida disciplinaria. Pero también aceptó la posibilidad de analizar el acceso al sacerdocio de hombres casados en regiones de grave escasez.

La ordenación de lo que técnicamente se llama viri probati (varones de probada fe) es un asunto del que hace rato se habla en la Iglesia. Y no sería algo del todo novedoso porque en el catolicismo de rito oriental (si bien muy minoritario) se ordena a casados. Y sacerdotes anglicanos casados fueron aceptados en la Iglesia católica. Ya en las primeras comunidades había sacerdotes que estaban casados, pero con el paso de los siglos se fue consolidando la exigencia celibataria hasta que dos concilios en el siglo XII lo instituyeron. La razón principal –no la única- fue la disponibilidad total del sacerdote.

Entre los más encumbrados críticos se cuenta el ultraconservador prefecto de la Congregación para el Culto Divino del Vaticano, el cardenal africano Robert Sarah. “El proyecto para separar el celibato del sacerdocio ordenando a los hombres casados por ‘razones pastorales o por ciertas necesidades’, como se argumenta, conduce a graves consecuencias y a una ruptura definitiva con la tradición apostólica”, disparó.

Y completó: “Entonces estableceríamos un sacerdocio según los criterios humanos, pero no continuaríamos el sacerdocio de Cristo: obediente, pobre y casto.

Otro que cuestionó fuerte la idea fue el arzobispo de Utrecht, Holanda, cardenal Willem Eijk, quien dijo que “ciertamente la necesidad de sacerdotes existe y es más imperiosa en algunos lugares del mundo, pero los casados no son la solución. Si se permitiese solo para algunos territorios, nacería una desigualdad al interior de la Iglesia sobre un punto muy importante. Permitir una cosa de ese tipo temporalmente -añadió- tampoco es solución porque una vez decidida se convertiría en irrevocable. Además, en el caso de los viri probati faltaría la formación en el seminario”.

Sin embargo, el cardenal alemán Walter Kasper, que desde siempre sintoniza con el actual pontífice, vaticinó que -al igual que pasó con el caso de la comunión a los divorciados en el sínodo sobre la familia- si el sínodo de la Amazonia se lo propone a Francisco este lo aceptará. Se descuenta que entonces volverá la embestida de los más conservadores que a más de seis años de la llegada al papado de Jorge Bergoglio no lo digieren y anhelan que llegue pronto un nuevo cónclave del que surja un pontífice fiel a la “ortodoxia doctrinaria”.

Sergio Rubin

Clarín Mundo   –   Reflexión y Liberación

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