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Reflexiones ante nuestra Iglesia de hoy 

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Foro de Cristianos Gaspar García Laviana

INTRODUCCIÓN:

Lo primero que queremos hacer es dar las gracias a la Iglesia, santa y pecadora al mismo tiempo, porque a través de ella hemos conocido a Jesús de Nazaret y el mensaje cristiano. Nosotros, hijos de esa Iglesia en la que vivimos, conocemos sus virtudes y sus defectos, de los que nos sentimos responsables junto con todos sus miembros. La publicación del Macrobarómetro del CIS de marzo de 2019 ha hecho que refresquemos algunos datos sobre la evolución del sentimiento religioso en España. Parece que la religión pierde influencia, pues se desploman los ritos y hay menos que se declaran creyentes. Es verdad que lo más importante del cristianismo no es la “religión”, las estructuras ideológicas o formales (los dogmas, el culto, la jerarquía…). Lo más importante es el vivir cristiano, la fidelidad a Jesús, la coherencia con los valores del Evangelio. De esto no habla el Macrobarómetro del CIS. Nos sentimos obligados a estar atentos a la vida de la Iglesia. Sus problemas y logros nos conciernen. La verdad es que estamos preocupados, pues creemos que tanto Jesús de Nazaret como su mensaje pueden ser una importante fuerza para ir haciendo un mundo cada vez mejor. Nos gustaría que nuestra Iglesia fuese lo suficientemente ilusionante para que nadie la abandone y tan atractiva que provoque cada día nuevas adhesiones al movimiento cristiano. Hemos querido reflexionar sobre la actual situación de nuestra Iglesia y compartir con todos las ideas que nos fueron saliendo.

VER Y ANALIZAR:

  1. Obligar a ser creyentes no es un buen camino para “creer en Dios”. La fe tiene que estar fundamentada en la libertad del ser humano, a quien se le presenta la opción de dar un determinado sentido a su vida. Por eso, hay quien considera que los abandonos de hoy aquí en España son fruto, entre otras causas, del nacionalcatolicismo, que obligaba a todos a ser católicos. Mirando hacia atrás vemos causas más generales que no afectaron solo a nuestro país: la jerarquía y la mayoría del clero se pusieron al lado de los poderosos y en contra, primero, de los campesinos y, luego, también de la clase obrera; se pusieron en contra de los ideales de la Revolución Francesa, en contra de los avances científicos… En los últimos tiempos desde posiciones conservadoras se impidió el desarrollo del Concilio Vaticano II. No hace mucho perseguían a los teólogos católicos “progresistas”. Hoy se oponen al Papa Francisco. Los mismos sintonizan con las políticas de derechas que defiende el neoliberalismo, de tan nefastas consecuencias para los más débiles, causante de que en nuestro país creciera la desigualdad.

2. Hay más hechos que afectan a la credibilidad en nuestra Iglesia: no evoluciona al ritmo de la sociedad. Dice NO a todo lo nuevo, lo dijo a la Teología de la Liberación, a los curas obreros, a los curas casados, al sacerdocio femenino …, a la participación real, decisoria, del laicado –hombres y mujeres- en la gestión de todos los asuntos de la Iglesia. Últimamente la pederastia del clero, ejercida y silenciada, dio más razones para su desprestigio.

3.Es imprescindible terminar con el clericalismo, -que afecta a hombres y mujeres-, y con la mentalidad patriarcal que incide en menoscabo de la mujer. A nuestro querido papa Francisco hay que decirle que para superar estos problemas es necesario hacer cambios en el Código de Derecho Canónico. Debe tener en cuenta lo que este Pentecostés le decían las mujeres chilenas: “Las mujeres queremos un rol más activo en nuestra Iglesia, más participación en las decisiones, más responsabilidades y más protagonismo… De lo contrario el éxodo de mujeres de la ‘barca de Pedro’ será cada vez más grande e inevitable”. Esto se puede decir del laicado en general.

4. A la Iglesia se la ve como una institución rica, donde se da más importancia de lo debido al dinero: cobran por todos los servicios (siguen vigentes aranceles y estipendios), para muchos las inmatriculaciones fueron un escándalo, lo mismo que no poner las propiedades de la Iglesia al servicio de los indigentes, de los inmigrantes, de los desahuciados… Tiene que ser solidaria con sus propios bienes y no sólo a través de Cáritas, que reparte lo que recibe de otros. Hay que encontrar la manera de ser de verdad una Iglesia pobre.

5. Vemos a nuestra Iglesia encerrada en sí misma, dedicada sobre todo a sus ritos religiosos, a los sacramentos, a la revitalización de Cofradías y Hermandades… Las procesiones llenan las calles, la peregrinaciones los santuarios, se hacen grandes concentraciones de jóvenes…, pero el Evangelio no llega a la calle ni a los centros de trabajo, no cala en el corazón de quienes lo escuchan. Se echa en falta la robustez misionera de los movimientos apostólicos especializados. Se percibe una cierta apatía pastoral generalizada. Debemos sacar el Evangelio fuera del ámbito de los templos. La mayor parte del tiempo los curas lo emplean en el culto y en gestiones administrativas parroquiales. Jesús convivía día a día con la gente y les transmitía su mensaje principalmente “al aire libre”.

6. La formación religiosa ha de ser liberadora y popular, donde todos nos educamos mutuamente, en un proceso continuo, tiene que dejar de ser tan infantil y dar los contenidos adecuados para vivir una fe adulta. Su objetivo ha de ser conocer al Jesús del Evangelio cuya propuesta esencial fue: “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Amor que conlleva ser solidarios, justos, considerar que todos somos iguales… Lo que ha hecho todo el montaje artificial doctrinal es ocultar el mensaje del Evangelio y a veces adulterarlo hasta el punto de hacerlo irreconocible o incluso inaceptable. La Teología dogmática tradicional no da respuesta a nada de lo que las personas del mundo actual necesitan. Los teólogos tienen que liberar al Evangelio de todo lo que le ha añadido la religión.

7. Hay que superar el concepto de un dios mágico, de un dios humanizado, de un dios creacionista (el mito bíblico ya no sirve ni como metáfora para hablarnos del origen del mundo), de un dios que puede hacer milagros alterando las leyes de la naturaleza (curar enfermedades, proteger de catástrofes…) No se pueden utilizar conceptos que no encajan con nuestra mentalidad moderna, que usa otros modelos para conocer y hablar de la realidad.

8. Más importante que la moral eclesiástica es la moral evangélica que debe ser la referencia fundamental de la conducta cristiana de la gente, que nunca ha de olvidar que la norma definitiva de moralidad es la propia conciencia personal. Estamos obligados a informarnos, pero no a someternos a la conciencia de otros.

¿QUÉ PODEMOS HACER?: Debemos ejercer más la función profética, que conlleva la crítica social y salir en defensa de los marginados, de los sin trabajo, de los desahuciados. Hoy es una necesidad social y un imperativo moral denunciar al neoliberalismo, origen de tanta marginación, al capitalismo que mata o deja morir, al poder financiero que nos gobierna tan despiadadamente.

A lo que hay que decir NO es a la economía de la exclusión, a la idolatría del dinero, a la inequidad. No podemos quedar indiferentes ante los problemas de la Iglesia, pero la manera de implicarnos no será centrarnos en ellos, sino, como miembros suyos, comprometernos en hacer un mundo cada vez mejor para todos y para la Madre Tierra, estando en asociaciones políticas, sindicales, culturales, ciudadanas…, ONGs.

El testimonio es la mejor manera de anunciar el mensaje cristiano. Casi todos nosotros vivimos y celebramos nuestra fe en una “comunidad de base” y creemos que este puede ser un buen camino para la vida cristiana.  Una de las preocupaciones centrales de todos los cristianos ha de ser el cuidado de la Madre Tierra y en ella las personas marginadas (empobrecidos, diferentes…), o rechazadas (emigrantes…). La solidaridad y las inquietudes ecológicas encuentran buen eco entre los más jóvenes. Por otra parte, la gente más consciente y responsable exige una Iglesia más democrática o al menos más participativa.

Hoy somos especialmente sensibles a la desigualdad entre mujeres y hombres. La situación en la Iglesia al respecto es escandalosa y motivo de que algunos –hombres y mujeres- se aparten de ella. Nuestra Iglesia está obligada a sintonizar con las sensibilidades de hoy. Por eso, debe conocer nuestro mundo, saber por qué es así y qué puede hacer en él. Todos estamos obligados a hacer un esfuerzo intelectual de comprensión global, de crítica de la realidad y de compromiso creador.

FORO GASPAR GARCÍA LAVIANA.

Asturias  –  22 de junio de 2019

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