|Martes, Noviembre 19, 2019
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Padre Nuestro que… 

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En nuestra cultura actual, la paternidad  está  cuestionada: las  denuncias de las feministas por el machismo patriarcal, las familias monoparental  que son novedades,  las reivindicaciones  de adopciones  de lo(a)s  “gay”, la pedofilia en la “paternidad “ clerical …

Quizás  son estas indefiniciones  de la paternidad que  aminoraron las referencias a Dios Padre en las devociones actuales de los cristianos…Se notan  más referencias a  Dios sin calificativo, a Jesucristo, al Espíritu Santo  y a la Virgen María. Sin embargo conviene  recordar  la importancia de esta invocación especial a Dios como “Padre  nuestro “que es la expresión  que Cristo  promovió para corregir la artificialidad de los rezos.

 Para reflexionar a  la paternidad de Dios, lo más común es recurrir a la Biblia  y sacar de ella muchas  teorías. Pero  es  conveniente  indagar previamente  otras perspectivas de las ciencias humanas, nuestra cultura actual lo exige.

En primer lugar, conviene  colocar  la figura de Dios  “Padre” en referencia a  la sicoanálisis y  a este  famoso  complejo del Oedipo. Este  trata  de la rivalidad sicológica  fundamental en que  el hijo debe apropiarse  del poder del Padre (bienes, valores, saber…)   para ser sí mismo. Según Freud, este complejo  no puede disolverse  sino  por el remplazo  por el hijo de la identificación del padre. Sólo puede haber paternidad por este reconocimiento mutuo. Hay que señalar que se trata  de una  paternidad distinta  de la generación biológica. La muerte (síquica o natural) es la que puede operar este  remplazo de la  identificación “paternal”  un remplazo que  se perpetúa. Es  de  llegar a aceptar  la muerte del padre y la propia, no llegar a hacerlo  hace  vivir  todos los desórdenes de un complejo mal asumido. Freud  no vio  posible  ninguna sublimación  religiosa de la paternidad  pero a pesar de todo  vale la pena tomarla en cuenta su teoría.

La tentación de algunos religiosos   es  de  despreciar  los  impulsos (ej.el Oedipo). Creen  que engendrar  es la única perspectiva  para los deseos sexuales  pero  los deseos naturales   configuran  la realidad humana  y no encontrarles  mayor sentido deja la puerta abierta  para  cualquier degeneración.

Para progresar en nuestra reflexión,  podemos  reflexionar a  la figura del “Padre” en otra perspectiva. La  fenomenología del espíritu   es una  disciplina filosófica que  busca  reconocer   el camino cultural que  las figuras interpretativas del “padre” siguen en la historia. Esta reflexión  se interesa a las  representaciones paternales  para  descubrir la  evolución, “sentido” u orientación.  Hegel piensa  que no son las representaciones   de  “padre- hijo”  las primordiales en las culturas  sino las de  “amo-esclavo”. Se  llega a la consciencia de sí mismo por  la dominación sobre los demás  y sobre la naturaleza   y/o  en  la  postura  reciproca  la del  “ esclavo”, se logra  contener los deseos  por el trabajo. Las relaciones  padre-hijo  no son primeras  sino que las preceden los impulsos de tener (propiedad) las representaciones contractuales   que involucran voluntades  reciprocas. Dice  Hegel, hay  padre  porque hay familia  y no al revés. En la familia, el padre es miembro, jefe, conyugue, padre a la madre, madre al padre  y es posteriormente que  la sexualidad  empieza a ser reconocida para engendrar.  La familia  es la que eleva la paternidad  al  nivel de una representación simbólica  que se abre por este  camino  hacia  las representaciones de  los lazos de amor y de vida y al fenómeno religioso.

Después de estas  dos perspectivas distintas algo resumidas y  simplificadas se  puede ilustrar nuestra comprensión de la paternidad de Dios , llegando a  las representaciones especiales de la paternidad divina . Seguiremos  en esto  el filósofo  Paul Ricoeur  que abandona el camino de las representaciones abstractas (teóricas) para seguir a  Kant  que coloca” la religión en los límites del razonamiento”. Para Ricoeur , la religión es  más motivada por la esperanza  que por la fe (creída) porque ella es proactiva  y a hacia el futuro. Prefiere  reflexionar a  la “·paternidad de Dios” a partir de la exegesis porque  considera que la teología  especula demasiado con  las representaciones paternales de Dios y  conviene quedarse  al nivel de la representaciones  originales que se dan  en la historia de los textos para descubrir  su evolución y el sentido que insinúa en ellas.

Todos los pueblos antiguos  llaman a Dios “Padre  pero los hebreos de la Biblia  son la excepción, tienen una gran reserva de usar  este calificativo para nombrar a Dios: se calcula solamente unas 20 ocasiones por toda la Biblia (anterior a los profetas). Presentan la figura de Dios como gran  héroe salvador  histórico de su pueblo.  Dios es un “Yo soy”, un sujeto que actúa. Sus relaciones con el pueblo se caracterizan por las alianzas y la Ley. Y serán  la elección de Israel, las experiencias de  dependencia, de protección, de  confianza y de gratitud  que llegarán a elaborar  la representación de Dios como “padre”.  El fantasma del ancestro  originario (ídolo-padre)  se transforma  en  nueva figura : Dios-padre. Son los profetas  y especialmente  Oseas (11,1) y Jeremías (3,9) que empiezan a insinuar  esta representación todavía mezclada a otras figuras como las del “esposo”, la “roca”…

El Nuevo Testamento, dice  P. Ricoeur , conserva algo de este  pudor antiguo de  llamar a Dios “Padre” . San Marcos usa solamente 4 veces esta expresión cuando  San Juan posteriormente  la utilizará  más de 100 veces en su evangelio. La paternidad de Dios  no fue un concepto  de la predicación inicial del  evangelio, la categoría favorita  fue  es la del” Reino de Dios”. Hasta en la oración enseñada por Jesús, la paternidad de Dios  se invoca  inseparablemente  del Reinado escatológico: “venga a nosotros tu Reino”  De la misma manera, las primeras predicaciones en los Hechos de los Apóstoles nombran  al “Dios de los Padres”  a Jesús Hijo de Dios y al Espíritu Santo pero casi nunca se refieren a Dios-Padre. Es con San Pablo  que valorará la paternidad de Dios para los cristianos. Todas sus cartas mandan  saludos de  “Gracias y Paz  de parte de Dios, Padre nuestro…” dice : “Es porque el Espíritu  testimonia de nuestra filiación que podemos gritar “Abba”(padre) “.  Entonces “ lejos de  ser  la religión de un  padre  transcendente  lejano  y amenazador , el cristianismo proclama  que  hay paternidad  divina porque hay filiación, y hay filiación porque hay comunidad de espíritu”.

Antes de concluir, queda por  aclarar las reminiscencias  de los  fantasmas del Oedipo   y también de  las representaciones del Dios- Amo que  penan   en algunas expresiones de litúrgicas antiguas y de algunas espiritualidades  : la eterna culpabilidad humana del asesinato  de Dios, la deuda pagada  al Todopoderoso, la expiación….las suplicas “Señor,  ten piedad”, los  repetitivos: “Escúchanos señor,  te rogamos” …“ Señor no soy digno…”… Debemos llegar a  Jesús crucificado  para  entender a Dios “Padre”.  Dice Jesús: “Nadie  me quita la vida, yo la doy” (San Juan10.18).  Su morir es un dar la vida “para” los hombres, es un amor extremo,  no es  un pago de deuda, no es una sumisión sacrificada   a un ser Supremo Todopoderoso, es el mismo amor del Padre. Decía  Jesús  “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10,30). Es para meditarlo.

“Padre Nuestro que estas en el cielo…

  Me gusta verlo en este universo  que me muestran los astrónomos  a través sus telescopios … ¡ Un amor tan grande!

Paul Buchet

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