|Miércoles, Octubre 16, 2019
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Cristianos para la Ecología 

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Cada una de las religiones tiene un impacto particular respecto a los  problemas  del medioambiente  y del desarrollo de la sociedad humana  en general.

La religión católica, por su institucionalidad  jerárquica internacional  ha tenido  una postura  significativa en la materia.  En la historia, después de su larga  hegemonía  cultural en el Medioevo, después de haber incentivado la civilización con el “creced,  multiplicad, dominad”, en el siglo XVIII, entró  en conflicto con las ciencias y defendió  su  doctrina de la creación  contra la teoría de la evolución, se afirmó en su  metafísica  y su humanismo “integral” cerrándose  a cualquier otra filosofía como el racionalismo, el marxismo o  el existencialismo… Su confusa ‘sacralización’ de las leyes naturales desequilibró poco a poco la  participación de los laicos católicos ilustrados en  su iglesia. Reveladora fue la disputa  en torno a la  encíclica “ Humanae vitae (acerca de la regulación  de los nacimientos). Se desmovilizaron muchos  militantes  y  la institución eclesial  se replegó con su clero dominante en  la esfera  estrictamente “religiosa”. A pesar de sus buenas intenciones, el concilio Vaticano II  no logró actualizar  la fe  católica y los discursos de  la jerarquía  se mantuvieron  en  una   postura  autoritaria y conservadora. Las perspectivas del Reino de Dios  que se construye “en” el mundo se perdieron mucho. Se  está  asistiendo  a una des-catolicización  dramática vaciándose  las iglesias en Europa y sufriendo  en América un éxodo de muchos católicos  hacia las sectas. No se conoce bien  lo que está pasando  con los católicos laicos  en África o en Asia.

Se debe  partir de este bosquejo de la  situación global  de  la Institución católica  para  plantear la preocupación actual para la  ecológica. El movimiento “Verde” como se lo llamó inicialmente  no tiene 50 años. De hecho,  el Concilio Vaticano II mantiene las ideas del uso y dominio de los bienes temporales por el hombre, fue la globalización  y la  preocupación por la supervivencia  de la humanidad que abrió lentamente de la mala relación del hombre con su medioambiente. La misma encíclica del Papa Francisco “Laudato Sí” (2015) abrió otras perspectivas. La contra que le hicieron los conservadores  al interior  de la Iglesia  revela la importancia del cambio notorio de su orientación.  A  pesar de mantener   la  antropología  y la cosmología  tradicional (el creacionismo), este discurso  largo pero  bien documentado   propone  una visión  que restablece la armonía (perdida) del hombre con la naturaleza.  Devuelve  la importancia de  Dios para  restablecer las relaciones  de los hombres entre sí y consecuentemente con su medioambiente.  Declara que para las exigencias de la  ecología,  la fe en Dios  es necesaria;  ella podrá  reconstruir  la fraternidad humana  y la  responsabilidad  adecuada  de  las masas para  salvaguardar  el medioambiente. En este texto, se descubre el Papa  más preocupado en  movilizar a los cristianos  que en establecer convergencias  doctrinales. Para él la Verdad  se  percibe  mejor en  una  realización eficaz (verificación).

Desgraciadamente, el escándalo de los abusos sexuales del clero  a  todo nivel y en todos los países  ha  bajado el perfil de este documento. 

A pesar de todo,   unos  Grupos de jóvenes en Chile como en otros países  se reúnen  interrogando  a las religiones sobre el tema de la ecología.  Para sus nuevos compromisos buscan   encontrar en las instituciones religiosas  y en los creyentes  un inteligencia, unas motivaciones y unos apoyos para su acción. Recientemente en Santiago y en otras ciudades de  Chile unos  estudiantes  organizan unas  mesas de diálogo interreligioso  y unas manifestaciones sobre estos temas.

Para imaginar  líneas de acción  posibles y  eficaces. Es necesario profundizar en la  situación particular de la Iglesia chilena.

Previo al Concilio, en  Chile,  como en  muchos países,   la acción católica (antigua) ha sido un despertar laical con la creación de partidos ( DC, IC…), sindicatos y movimientos inspirados en las enseñanzas sociales de la Iglesia. Esto  significó  un cambio importante si se recuerda las alianzas  anteriores de la Institución católica con las elites conservadoras. Para  enfrentar  los problemas  del (sub)desarrollo (Reforma agraria, Educación…) unos obispos ilustres  de la época, en un principio, avalaron, estos  movimientos jugando  un rol de pastores conscientizadores  pero  cuando  intervinieron  otros actores  políticos  más radicales (socialismo, marxismo…) prefirieron   tomar distancia  dejando los laicos  con sus  distintos compromisos políticos . La aparición  del  movimiento “Cristianos para el socialismo” fue reveladora de esta aspiración  de los laicos para la  defensa  de la autonomía de las realidades terrenas. Pero el golpe del Estado y el régimen militar  posterior  pusieron  término  a este despertar laical  y  los obispos, con su autoridad moral tuvieron que asumir la defensa de  los derechos humanos.

Posteriormente,  con sus  estructuras  diocesanas  y parroquiales y un apoyo internacional, la Iglesia   cumplió  su rol asistencial a favor de las poblaciones dejadas en la miseria (Caritas). Promovieron  numerosos  proyectos de desarrollo y para esto los obispos encontraron un laicado cooperador para  sus departamentos de acción social, sus fundaciones… Pero posteriormente. aprovechando la prolongación  del régimen militar y  el termino de las emergencias  sociales, el Vaticano  logró  un cambio drástico en la pastoral nacional por la selección de nuevos  obispos conservadores, Es así que en el pontificado de Juan  Pablo II  la Iglesia chilena  emprendió  un repliegue institucional.  Con  un mayor dirigismo pastoral,  un  clero  formado en los seminarios intervenidos, la Institución eclesial  se   recluyó  en   una pastoral sacramental. Se  multiplicaron los diáconos, se  multiplicaron  las devociones a los santos, se volvió a incentivar la educación confesional y se promovieron  unos movimientos espiritualistas pero también se perdió un laicado comprometido en las tareas temporales.

Todo esto en medio de una sociedad  que evolucionó muy rápidamente  con  desigualdades, delincuencias y corrupciones pero también con una  mayor emancipación femenina, más  tolerancia, inclusiones, divorcios, uniones  gay…

El  drama  poco esperado de los abusos clericales  y de sus encubrimientos institucionales estalló en este contexto.  Se destituyeron obispos,  destacados sacerdotes fueron denunciados,  unas comunidades enteras levantaron  críticas severas a las instituciones eclesiásticas, se creó  un movimiento sinodal  auto-convocado de laicos críticos de la Institució. La Iglesia, toda, empezó a vivir un  tiempo de espera, muchas diócesis están sin obispos. Las parroquias siguen actuando  con mayoría de  personas de la tercera edad, los sacerdotes predican  como si “aquí no pasó nada”,  nadie se atreve a  dar cifras de  católicos que se marginaron , de las bajas en las estadísticas de  bautismos , de matrimonios…bajas  en el financiamiento de la institución,  nadie se atreve a evaluar  los resultados  de la promoción de la fe  en los colegios y universidades  católicas pero en las estadísticas, las cifras de credibilidad de la Iglesia católica han bajado  cómo nunca antes en la historia del país.

Es en  el contexto tan especial que unos grupos de jóvenes universitarios  se reúnen para  organizar una  mesa de diálogo interreligioso para  la defensa del medioambiente.  Sorpresivamente, se refieran a la encíclica “Laudato Sí”  del Papa Francisco que ya tiene  cuatro años  de su publicación.  Ellos  son un  signo de los tiempos como lo es  el viaje  de la joven activista  sueca  Greta Thunberg que interpeló a la ONU incomodando a  muchos, como lo son las manifestaciones  que ocurrieron en todo el país.  Otro signo de los tiempos  particular  para Chile es  la organización de la COP25  que debe reunirse,  en diciembre, con  representantes de 150 países. Esta  cumbre  pretende controlar  las medidas consensuadas anteriormente  para  limitar  el calentamiento global y  se buscará  ampliar  el programa ecológico.

La defensa del Medioambiente  es   una tarea urgente  e inevitable.  Es  imposible  trazar líneas de acción en este artículo, menos todavía entrar en discusiones doctrinales  pero si se puede dejar  algunos interrogantes  localizados en  la situación nacional de Chile.

¿Cómo podrán  multiplicarse  las iniciativas  de las mesas juveniles interreligiosas en Chile?

¿Podrán  abrirse diálogos  ecológicos  en las parroquias, en las diferentes  iglesias y movimientos?

¿Podrá  el episcopado chileno  convocar a unos gestos de solidaridad eclesial con la cumbre de la  COP5 en diciembre?

¿A nivel individual, cuales  gestos de cambios de vida  concretos se pueden proponer para  involucrar  las personas?

¿Bastará  el convencimiento de unas elites cuando el problema es global?  O   ¿Cómo cambiar  la cultura individualista imperante?

¿Cómo  re-interpretarse  mejor el usufructo humano del  lo animal, vegetal y mineral?

¿Qué confianza  tienen  en la humanidad  y en Dios como para  creer que se pueda evitar un cataclismo global?

Paul Buchet

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”

 

 

 

 

 

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