|Sábado, Septiembre 19, 2020
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Modelo de Misionera en el Sínodo de la Amazonía 

Foto-Misioneras-Agustinas-Recoletas

El 28 de abril de 1985 la hermana Cleusa Carolina Rody Coelho, misionera agustina recoleta, fue asesinada en el Amazonas mientras viajaba en barca por el río Passiá. Su muerte supuso una dura pérdida para los pueblos indígenas que tenían en Cleusa una defensora de su causa y sus tierras. La religiosa entregó su vida por los excluidos y luchó por sus derechos, siempre desde la paz y el mensaje evangélico. Desde su labor pastoral en el CIMI (Consejo Indigenista Misionero), alzó la voz con coraje y sin violencia contra la extracción de recursos que injustamente se estaba llevando a cabo en los territorios indígenas.

Su testimonio de vida sigue siendo relevante para los indios de Lábrea (Brasil). Ahora, con motivo del Sínodo de la Amazonía que se celebra en el Vaticano, la familia agustina recoleta pretende convertir su figura en un ejemplo de misionera en la región amazónica. Los cinco obispos agustinos recoletos que participan en el Sínodo entregaron el pasado martes al Papa Francisco un documento de la Superiora general de las Misioneras Agustinas Recoletas, Nieves María Castro, en el que pide que la vida de la hermana Cleusa sea reconocida por la Asamblea como modelo de entrega al Evangelio.

¿Qué destacaría de la hermana Cleusa Carolina Rody Coelho?

Fue una mujer equilibrada, sencilla, servicial, disponible, preparada, discreta, profunda, amable, educada, alegre, cariñosa, pobre, trabajadora, respetuosa y siempre en constante búsqueda para responder a las exigencias del Padre y a las necesidades de los hermanos, en especial de los más pobres.
Ella no tenía nada que perder, se había vaciado de sí y por eso estaba llena de Dios. Entregada a Dios por completo; libre en el amar, en el pensar, en el actuar; valiente en la entrega, en la donación y en el riesgo; realizada en su vocación y, sobre todo, humilde.
Solo vivía para que Dios reinara. Ese era su problema. El no podía reinar donde hubiese injusticia, odio, miseria infrahumana, pecado, por ello tenía que luchar para romper con el mal. Esto en teoría funciona muy bien, tanto a nivel personal como comunitario, pero en la praxis es un problema. Hay roces, incomprensiones, dificultades, conflictos e incluso, según el ángulo desde donde se mire, podría parecer que hubiese inversión de valores.
En alguna ocasión se le preguntó por las dotes humanas más desarrolladas, dijo: «La voluntad, el amor a todos: Dios, los hermanos, la naturaleza». Y sobre hacia qué trabajos sentía mayor inclinación, respondió: «Servir a los más necesitados, sea como enfermera, educadora, como hermana de todos». Hizo constar que la acción apostólica que más le gustaba era la pastoral con jóvenes y adultos .

¿Por qué es importante el testimonio de la hermana Cleusa para la Iglesia?

Su preocupación era conseguir el respeto a la cultura y a la tierra de los indígenas. Quería que todo se hiciese sin violencia. Ya en el año 1980 se dirige al CIMI, pidiendo que intervenga ante la justicia: «Los indígenas ya han puesto señal de guerra para quien avance en sus tierras». Lucha para que se demarquen en paz, sin violencia…pero alguien quiere acabar con el cacique Agostinho y con la hermana Cleusa. Según la hermana Rosa López,  «la entrega de la hermana Cleusa no fue improvisada; ella se donó en el día a día, momento a momento, por defender la dignidad y los derechos de los indios Apurinã. Su asesinato fue la consecuencia de su entrega constante a favor de los indígenas y los más necesitados. “Ella era voz de los sin voz”. Su martirio ha sido el culmen de toda una historia, vivida y asumida para gloria de Dios, bien de la Iglesia y edificación de quienes con ella formamos la Congregación de Misioneras Agustinas Recoletas».

¿Qué podemos aprender de su figura?

Fue modelo de misionera agustina recoleta en Lábrea, Amazonas. No se predicó nunca a sí misma; en todo lo que hacía y con quien se encontraba anunciaba la Palabra de Dios y vivió la fraternidad sin exclusión. Su mundo era un mundo de fortaleza; siempre activa, participando en todo tipo de encuentros: culturales, pastorales, ecuménicos, de vida religiosa. La hermana Cleusa no se anquilosaba en el pasado, ni dejaba que los demás se anquilosasen: vivía con una perspectiva de futuro esperanzador y de renovación continua. Actuó siempre con criterios claros y valores cristianos. Tenía un amor grande y apasionado por Jesucristo, a quien veía en los excluidos. Hizo de Jesús su norma de vida, consignando todo su ser y hacer en el «para que Él reine». Esta fue su meta. Fue mujer de oración, donde sin duda fraguó sus mejores decisiones en favor de los derechos del pobre y excluido y de la vida amenazada, aun a riesgo de la suya. Además, supo inculturar el evangelio y establecer un continuo diálogo con otras religiones. Algo que a toda la congregación nos ha marcado es su constante consigna con la que vivió consecuentemente: «Vale la pena arriesgarse». Fue tenaz su fe, entregó su vida a Dios, derramando su sangre en favor de la paz y la justicia, sobre todo entre los pueblos indígenas donde ella vivía, en Lábrea, (Brasil-Amazonas).

 ¿Quién ha retomado hoy su lucha en la Amazonía?

A la cabeza está el obispo, monseñor Santiago Sánchez, agustino recoleto, quien ha promovido la formación en la Prelatura y ha impulsado las misiones populares. La Prelatura de Lábrea tomó opciones claras a través del CPT (Comisión de la Pastoral de la Tierra), y el CIMI (consejo misionero indígena) en favor de la pastoral indigenista y la continúa en el tiempo. La comunidad de misioneras agustinas recoletas ha permanecido haciendo presencia antes y después de su muerte, en la educación, en la pastoral de las curvas del río Purús con la evangelización de las comunidades del centro de los Ramais de las aldeas, juntamente con el grupo misionero parroquial. En las romerías de los mártires que cada año se realizan en Brasil, está su memoria, su lucha por la vida y su promoción por la paz y la justicia.

Victoria Isabel Cardiel

Alfa y Omega   –   Reflexión y Liberación

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