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Relectura del Evangelio desde Chile 

22_012_2017_01

Los últimos acontecimientos  vividos  a todo lo largo del país obligan los cristianos a reubicar con su fe. Algunos buscan el estilo de Jesús, otros se preguntan lo que Jesús habría hecho si estuviera en nuestro lugar pero, cuidado, a veces uno se queda con  ideas preconcebidas no muy apropiadas. Por esto es necesario volver a leer el evangelio mismo para  escuchar lo que Dios nos dice  hoy día. Propongo una reseña invitando todo aporte o divergencia para completarla

Primero,  llama la atención, en el evangelio, la relevancia de las muchedumbres que Jesús reunía. Las muchedumbres tanto por la proclamación de las bienaventuranzas como para las multiplicaciones de los panes marcaron el inicio de la actividad de Jesús. Esas masas populares son el paradigma de lo que hemos visto en las plazas y calles de nuestro  país últimamente. En la época de Jesús existía un sentimiento nacional herido por una larga dominación extranjera y un abandono de los elites del pueblo: los fariseos, los saduceos y los maestros de la ley coludidos los unos más que otros al imperio del Cesar.  Las poblaciones sobrevivían por las artesanías, la pesca, la pequeña agricultura de consumo o sino  los salarios de trabajos en los grandes latifundios, también eran tributarias del templo. Las enseñanzas de Jesús y  sus parábolas se refieren a este estilo de vida del común  de gente de  la época. El pueblo sencillo tesorizaba la esperanza mesiánica, de la intervención de Dios  prometida de generación en generación. Jesús dirá de sus contemporáneos que se ven como ovejas “sin pastor”.

Compartiendo con  los manifestantes de las masas que se juntan en nuestras ciudades, se habla de las  preocupaciones económicas y sociales, de injusticias, frustraciones… pero también se escucha las esperanzas de cambios de muchos. Las personas  se descubren sorpresivamente numerosas con los mismos anhelos. ¿Se encontrará suficiente fe para todo lo que se espera?

También, entre los discípulos de Jesús, había más de uno que era violentista, uno que fue zelote (rebelde  independista) Judas que era  sicario (Marcos 3, 16-19), se hace mención de un discipulo que estaba  armado en la arresto de Jesús y que cortó la oreja a uno. Jesús supo desmarcarse de los movimientos revolucionarios (los zelotes) igual  de los monjes retirados del mundo (los Esenios), se escapó de los entusiasmos ingenuos de la muchedumbre que querría hacerlo Rey. Pero un texto puede dejarnos  pensativo. En Lucas 6 1-9, Jesús  no encontraba más condenables los muertos en  revueltas que los muertos por  accidente. Decía: “si no se convierten, todos perecerán  igual. La conversión y  los cambios que Jesús predica, hoy día como ayer, deben ser colectivos de todos como individuales de cada uno.

Leyendo ahora  textos que son ellos muchísimos y que  nos reportan  la crítica severa de Jesús en contra de los ricos. Leemos  “No se puede servir a dos señores: Dios y el dinero”. Esta postura tan cortante  de Jesús justifica todas las críticas frontales contra nuestra  adoración actual de la riqueza (el crecimiento económico). Los directivos de las organizaciones financieras  que nos gobernaron  nos dejaron a todos esclavizados por el afán del dinero. Ganar plata llegó a ser nuestra religiosidad dominante. La más pequeña tarjeta de plástico, nuestra AFP, nuestras compras en los supermercados, toda la publicidad… nos involucran en el sistema financiero imperante a nivel global. Nuestra religión misma  está corrompida en esto. Hasta nuestras  generosidades son hipócritas  sino  no encaran  las desigualdades a nivel planetario. Quien no emprende algo socialmente, políticamente, culturalmente, quienes no solidarizan con las manifestaciones que buscan cambiar el sistema ¿pueden realmente decirse cristiano?.

Los que acusan  fácilmente de “delincuentes”, de vándalos, de “lumpen” (= asalariados en alemán!!!) a los que comenten acciones violentas en las manifestaciones se olvidan que somos todos culpables de las situaciones  que nos provocan hoy día esta rabia y estas frustraciones. La conversión a la que llama Jesús va más allá de un pequeño esfuerzo personal para mejorar la vida propia, el llamado de Jesús es al  reconocimiento  de  la culpabilidad de las injusticias sociales pasadas que crearon la atroz desigualdad social  que pone a Chile como  peor país latinoamericano en la materia.  Nos corresponde una responsabilidad generacional. El pasado, lo hicimos nosotros a lo menos por omisiones, pasividad o errores. Los delincuentes son hijos “nuestros”. .Seamos honestos de reconocerlo, será el principio de una conversión.

A los que se conmovieron del desorden que generaron las manifestaciones y que piensan que ir contra del orden establecido y la tranquilidad ciudadana es  ir en contra de la buena fe, se le invita a leer  Mat. 10,14ss.  Cuando Cristo envía a sus discípulos a predicar, les previene que Él es señal de contradicción: “No he venido a traer paz a la tierra…”  o “ No he venido aquí para dar paz a la tierra , no les aseguro, sino división”.. (Lucas 12,51). Los evangelios nos obligan a borrar de nuestras mentes las imágenes de un  “dulce predicador de Galilea” y a atrevernos a acciones que por ser  justas van a crear conflictos y represalias.

Jesús no impulsó a nadie a  saquear, a robar, a violentar, es obvio  pero una de sus intervenciones en el templo nos puede dejar  sorprendidos.

Jesús mostró un afecto particular para Jerusalén y el templo en particular. Lloró al ver sus bonitas  construcciones cargadas de simbolismo y de tradición Presentía  su futura destrucción. (Lucas 19,41ss),”No quedará piedra sobre piedra”, Le chocaba profundamente la  corrupción que reinaba en el templo. Desde el inicio de su ministerio en  San Juan 2, 13. Jesús entró en el templo y “haciendo un látigo con cuerdas”, dio vuelta a todos los  negocios que había en su interior, los echó todos a fuera  o  sino, al final, después de su entrada triunfal  en Jerusalén, (Mat. 21,12ss).  Sus  denuncias contra  la hipocresía y las corrupciones de las elites civiles y religiosas llenan capítulos enteros  de los evangelios y toman claras características subversivas (Mat 23) que los dirigentes religiosos muchas veces han dejado olvidado.

Nuestra relectura de los evangelios en este momento particular de la historia de nuestro país no puede pasar por alto  el fin trágico de Jesús. Él murió crucificado. Él tomó la actitud de  una no violencia absoluta, fue la  víctima de los poderosos de su tiempo. Pero por su Resurrección nos reveló la fuerza del amor de Dios, este amor extremo que puede subsanar nuestras incapacidades de superar nuestras injusticias y nuestros problemas. Con su gracia, podemos convertirnos y hacer los cambios necesarios para  progresar  en dirección del Reino de Dios .  

 Que en estos días penosos, de muchos corazones salga la exclamación ciudadana: VEN SEÑOR JESUS. 

Paul Buchet

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”

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