|Martes, Agosto 11, 2020
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Afonía Cristiana 

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Son pocos  los cristianos, obispos o curas que declaran o predican algo en las circunstancias especiales que vive el país pero hay que decir que es menos que poco, todavía,  los que se  refieren a  Dios  en sus mismos discursos.

Se puede  hablar de moral ,de justicia , de la equidad,  de la  no-violencia , de  la necesidad de diálogo, de paz , de oración , de  la Virgen María …pero  lo menos de lo que se habla es de “Dios” mismo , de  “Jesucristo” y  su  evangelio. Se puede  recorrer   varias intervenciones recientes  pero se encuentra solo  unos  tímidos: “… Cristo que nos urge”, “En nombre de Dios…”  y no mucho más.

No hablamos  de  Dios  como se podría esperar de cristianos  que  pertenecen a una Iglesia  que querría ser  … “Luz del mundo”. Los últimos acontecimientos  nos sorprendieron pero existen otras razones  por  esta dificultad.

En primer lugar, la crisis de la Iglesia que anticipó  las  movilizaciones populares  nos dejó a muchos callados. Muchos clérigos  y laicos cristianos,  ayer despiertos,  viven  hoy día   en una postura  incómoda, como en  una actitud de vergüenza por una institucionalidad venida en menos.  ¿Cómo cantaremos a Yahvé en tierra  extranjera? (salm. 136,4).  El desterrado  de la Biblia  lejos de su “Jerusalén” querida, reanima  su esperanza porque, a pesar de todo, es  en  la confianza en Dios que está la fortaleza.

Otros son silenciosos por estar  desconcertados con  sus  ideas  religiosas preconcebidas. Tienen mediocres conocimientos religiosos y  no pagan  el precio de una  fe adulta volviendo a leer el evangelio  y compartiendo la fe con otros cristianos. Acuérdense de los discípulos de Emaús  a quien Jesús tuvo que re-explicarle  todo para que lo reconocieran. (Lucas 24,13ss)

Ahora, ¿Porque  los pocos que hablamos  no alcanzamos a hablar explícitamente  de Dios? ¿Por qué nos cuesta tanto explayarnos nombrando a Jesús  y a su  Reino de manera sencilla?

Muchas veces  nos hacemos  politólogos, moralistas, juristas, antropólogos… y  nos olvidamos ser cristianos  hablando  bien de Dios espontáneamente.

Unos hablan  de que vivimos una crisis moral más que  política. Cuando leo el evangelio, descubro a Jesús  más preocupado  de la crisis religiosa de su época, le preocupa mayormente   la relación  de la gente con  su Padre, sus necesidades  de salud , su pobreza ; no predica mandamientos sino un cambio de vida,  la idea del “Reino de Dios” , una perspectiva de conjunto , un colectivo  que Dios nos anima a buscar en la tierra como en el cielo. Esto es  la política de Jesús que  puede dar perspectiva a todas nuestras políticas actuales. Una buena convivencia  crea moralidad  y viceversa.  Ojala que la Iglesia católica pueda  re-encontrar una dinámica comunitaria para ser ejemplo de organizaciones sociales  y para testimoniar del Reino de Dios  en  estas perspectivas.

Otros hablan de derechos humanos.  Los seres humanos, creados a imagen de Dios, dicen,  tienen  una dignidad que condena  toda  violencia en su contra. La insistencia en esta interpretación  es propensa a fomentar un  individualismo  demasiado radical. Existen  derechos sociales y  de Bien común  que  se deben  tomar  en cuenta como la legitima defensa, la seguridad ciudadana…. La frase del Génesis  “creado a imagen de Dios “ha dado de Dios un imagen dominante que ha servido a muchos para imponerse. Así, muchas imágenes perversas de Dios merecen nuestra revisión. ¿Cuántas veces tendremos que rezar: “Padre Nuestro” para lograrlo?

El tema del  crecimiento  económico, de las desigualdades, del consumo,  de la ecología  son temas complejos y discutidos.  Autoridades religiosas, fácilmente hacen largos discursos  en esas materias. Jesús decía: “hagan lo que dicen pero no les imiten “. Las verdaderas enseñanzas son las vividas.  Es difícil de   criticar la riqueza  si no  se le hace la pelea al consumismo. ¡Que las  historias del Buen Samaritano, del pobre Lázaro,  de la multiplicación de los panes  nos  sigan presentes  en la mente  en nuestra vida de todos los días!

Por fin reconozcamos que es más fácil decir o escribir que de hacer algo, sobre todo en la participación social. ¿Qué participación social tenemos?  Jesús contrató apóstoles para continuar su obra evangelizadora, no buscó buenos alumnos que aprenden  pero poco emprenden. Es cierto que los ritos de nuestra Iglesia incitan más a la pasividad  que a la acción  pero  hay que cambiar las cosas no solamente en la sociedad sino  en la Iglesia misma. Después del Espíritu de Dios que sacudió  a la Iglesia, consideremos que  es el mismo Espíritu de Dios que  busca ahora  cambiar la sociedad  humana   esperando encontrar en los cristianos el fermento de la masa.

Paul Buchet

Consejo Editorial de Revista “Reflexión y Liberación”

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