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La desigualdad se mantiene por la fuerza 

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La gigantesca disparidad, la dualidad de mundos ricos y pobres, se mantiene por la fuerza.
(Alain Badiou).

Existe un fuerte vínculo entre la pobreza y los derechos humanos. La declaración y el programa de acción de Viena de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de 1993 establecen lo siguiente:
La generalización de la pobreza extrema inhibe el disfrute pleno y efectivo de los derechos humanos; su alivio inmediato y su eliminación final deben seguir siendo una cuestión de alta prioridad para la comunidad internacional.

Nuestro mundo es extremadamente desigual. El hombre más rico del mundo en el año 2010 declaró unos ingresos de 15 mil millones de euros. Para comprender lo chocante de este “sueldo”, veamos el Producto Interior Bruto (PIB) anual de algunos países. En 2009, Afganistán, con una población de 29 millones de habitantes, tuvo un PIB de 10 mil millones; el de Georgia y con una población de 4 millones fue de 8 mil millones de euros 1. Vivimos en un mundo donde un multimillonario gana lo mismo en un año que la producción anual de países enteros. La impresionante desigualdad y la pobreza no solo afectan a las regiones en desarrollo, también a los países ricos. En Europa, todavía tenemos gente sin techo durmiendo en las calles, hay familias que son desalojadas porque no pueden permitirse el lujo de pagar el alquiler, niños que no reciben suficientes alimentos, y personas de edad avanzada que luchan por mantener sus hogares cálidos durante el invierno. La pobreza no es un destino incontrolable; es una cuestión de justicia social y del cumplimiento de los derechos humanos.

Derechos Humanos y Pobreza

La pobreza puede ser tanto una causa como una consecuencia de la violación de los derechos humanos, en el sentido de que no solo un incumplimiento de estos puede causar la pobreza, sino también que en sí misma puede aumentar las violaciones de los derechos humanos. Los estados tienen obligaciones jurídicas sobre las personas que viven en la pobreza; todas ellas provienen de las esferas social, económica y cultural, de los derechos civiles y políticos. El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales explica que todos los derechos deben ser cumplidos “individualmente y mediante la asistencia y la cooperación internacional”. Esto significa que no solo hay una responsabilidad nacional sino también internacional de los estados desarrollados, así como de otras personas que estén “en posición de ayudar” en la erradicación de la pobreza. Por lo tanto, la eliminación de la pobreza no es una cuestión de caridad o de buena voluntad de los estados más ricos; es una cuestión de cumplir las obligaciones en materia de derechos humanos.

Los Jóvenes y la Pobreza

Evidencias de muchos países muestran de forma persistente que los jóvenes que crecen en la pobreza son generalmente más vulnerables: tienen más probabilidades de tener un estado de salud precario, dificultades de aprendizaje y de comportamiento, de bajo rendimiento en la escuela, de quedar embarazada pronto, tienen menos habilidades y aspiraciones, y a ser mal remunerados, desempleados y dependientes de la asistencia social. La pobreza contribuye directamente a la negación de sus otros derechos humanos: puede privarles del derecho a la educación, a la asociación, al descanso y al esparcimiento, a participar en la comunidad, y a otros derechos civiles y políticos.

Según los datos de Eurostat – base estadística de datos de la Unión Europea – más del 20% de los niños y los jóvenes menores de 24 años vivían en riesgo de pobreza en 2010 en la UE. Esto significa que uno de cada cinco jóvenes vivía en un hogar con una renta inferior al 60% de la renta media nacional.18

En 2010, el Foro Europeo de la Juventud en un documento político sobre los jóvenes y la pobreza identificó la difícil transición a una vida adulta autónoma como una de las principales causas de la pobreza de los jóvenes en Europa. El documento señala que los jóvenes que salen de casa de sus padres tienen más probabilidades de ser pobres19. Los que viven con sus familias o las parejas sin hijos tienen un menor riesgo de pobreza que los jóvenes que viven solos o como madre soltera. En una encuesta del Eurobarómetro realizada entre personas de 15 a 30 años de edad20, la mayoría menciona que son razones financieras las que provocan que los jóvenes adultos permanezcan con sus familias más que antes.

Council of Europe

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