|Lunes, Julio 13, 2020
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Déficit de Ciudadanía 

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Que sea el manifestante que se ve en la calle reclamar por una nueva Constitución política,  que sea el laico católico cansado de sus mandamás  eclesiásticos que le niegan su adultez, los dos viven las mismas frustraciones.

Es justo rebelarse contra un Estado que en Chile llegó a ser una empresa monopólica  insoportable. Es comprensible  que muchos católicos se marginen de una Institución eclesiástica que acumula corrupciones inaceptables y un atraso cultural.

En el país, el gobierno y la oposición tienen que contar con un tercer actor para decidir  su futuro. Frente a una violencia sorpresiva  que dejó numerosas víctimas, todos los manifestantes, los políticos, los Medios,  los religiosos  y el mismo gobierno levantaron la bandera de los  derechos humanos culpando a las fuerzas de orden por inhabilitadas y sobrepasadas en sus funciones.  .Posteriormente, alarmada por un sentimiento de inseguridad, la clase política entera aceptó el salva-vida de un  plebiscito  esperando que las vacaciones tranquilicen los ánimos.

En la iglesia católica, el centralismo romano aprovechó este tiempo de verano  para imponer sorpresivamente algunas nominaciones de obispos en algunas diócesis vacantes. En las parroquias el clero y sus  fieles mantienen las tradiciones como si  “aquí no pasa nada”. Para algunos laicos algo más despiertos, las espiritualidades siguen buen refugio y, para otros,  es el quehacer socio político que les invita a una nueva perspectiva de fe.

Este año 2020 se abre con muchas preguntas. ¿ Habrá una nueva constitución?. ¿Quién la redactará? ¿Se podrán encontrar nuevos líderes políticos? ¿Será la próxima constitución  más social que liberal? ¿Se escuchará algo de los obispos?

Y en la Iglesia, ¿seguirán las mujeres en segundo plano? ¿Progresará la democracia en la Institución católica? ¿Surgirán nuevos líderes católicos en más del solitario Papa? ¿Influirán positivamente las religiones en la sociedad nacional?

La historia seguirá su curso.  La violencia que se destapó es el fenómeno que más preocupa. Sin embargo, lo bueno es que salió a la luz del día la violencia con todas sus derivas. Todas las manifestaciones revelan el engaño del modelo económico que crea más desigualdades sociales. Se puede hacer una crítica de la gestión política del país, se pueden hacer la lista de las demandas sociales  pero no hay que olvidar la dimensión  “socio-cultural” . Las reivindicaciones  de salud, educación, trabajo, familia, pensiones…tienen la dificultad de quedarse en consideraciones individuales. Se suman  muchos intereses similares en las manifestaciones pero no se ve plasmarse preocupaciones colectivas. El ejemplo de los derechos humanos ilustra bien esta mentalidad individualista. Se defiende fácilmente a las víctimas, se denuncia vehemente los atropellos a las personas pero poco se menciona las responsabilidades involucradas y la inseguridad colectiva que la violencia crea.  El sistema policial y el gobierno pertenecen al  Estado y el Estado somos  todos nosotros. Pruebas de esta mentalidad individualizada son pocas organizaciones que capitanearon las protestas  masivas, no surgieron líderes en la evolución de los acontecimientos; las conversaciones en los cabildos revelan  muchas motivaciones personales  pero se descubre bien pocos ideales comunitarios y sociales.

El individualismo es nuestro gran vicio contemporáneo, lo sustentamos con nuestra búsqueda de progreso, nuestro consumismo y también muchos lo padece por  las frustraciones de no participar  del  mundo de fantasía.

Lo esperanzador del plebiscito es de ser un  acto novedoso de “ciudadanía”. Después de manifestar cada uno por lo propio en la calle, vamos a realizar un acto colectivo para definir el tipo de país que queremos. Una Nueva constitución no soluciona de inmediato los problemas sino que crea consciencia, consciencia  de pertenecer a una entidad que se llama “país”, una sociedad  que no puede existir sin la colaboración efectiva de sus integrantes, una sociedad  mancomunada que debe optar por  procurar el bien estar igualitario a todos sus miembros.

Al respecto, es interesante recordar que la revolución francesa no hablaba de derechos “humanos” sino de derechos de  “ciudadanos”. Es el liberalismo que se acaparó de los derechos olvidando las  responsabilidades sociales (la igualdad y la fraternidad). Se defiende  la libertad de iniciativa económica, de expresión, de libertad de reuniones, de religión…pero en dezmero de la igualdad socio-económica nacional. Se puede declararse hipócritamente humanista sin convivir en lo local, lo comunal, lo regional.  Se puede llegar a soñar con la globalización restando importancia a  la pertenencia a un pueblo, a una nación. Es fácil dejar cada uno con sus ideas propias y su propia manera de vivir despreciando  todo lo que suena a organización, “institucionalidad”.

¿Qué tanto de todo esto de “ciudadanía” puede  referirse a la fe  “cristiana” y “católica”? Inútil ir a buscar en el evangelio o en las cartas de San Pablo una justificación para la idea de “ciudadanía”, El distanciamiento de Jesús de  la sinagoga, su crítica del culto del Templo, su enigmático: “del Cesar, lo del Cesar y de Dios lo de Dios “no ayuda mucho. La misma primera evangelización que desmarcó a los cristianos del mundo (pagano) tampoco aclara el comportamiento que deben guiar los cristianos en la sociedad contemporánea. Y hasta complica  más las cosas en la larga y ambigua historia de  los compromisos de la Iglesia romana con los estados, naciones y continentes.

Sin pretender una teología de las realidades terrestres, se puede decir algunas cosas.

Para empezar después de 2000, no hay que esperar una venida repentina del señor como lo creían los primeros cristianos. Si el Señor demora no es por antojo sino para dejarnos a nosotros los hombres la construcción de su Reino en la misma historia humana. Es una tarea de hijos “emancipados” obra misteriosa  del Espíritu que sopla donde quiere, obra civil y laica  contigua a la de su Institución eclesial.

Los ecologistas pueden buscar salvar la tierra, los cristianos entienden que es Dios el primer implicado en este salvamento de la tierra y de la humanidad porque sus existencias provienen de Él. Lo creemos porque su Hijo Jesús se involucró de tal manera en la humanidad como para crear una instancia de rescate de una humanidad siempre en peligro de arruinarlo todo. Este Pueblo cristiano que se ve casi más perturbado  que el mundo pagano es  sin embargo el guardián de los testimonios de quienes vivieron la cercanía especial de Dios  en la historia. En estos testimonios los cristianos laicos  pueden buscar y encontrar sintonía con los designios de Dios.  A modo de ejemplo se puede dar dos perspectivas más de inspiración cristiana.

El “amar a tu prójimo como a ti mismo” tiene una resonancia especial en estos tiempos difíciles. Amar a su hermano, su amigo, su vecino, sus correligionarios….y amar a sus conciudadanos, es el mismo camino.

El llamado a recrear la ciudadanía es el desafío cristiano hoy día.. Lo es también el perdón de los pecados. Perdonar al adversario político, al violentista, al carabinero, a los políticos, al presidente, a los obispos…y a  uno mismo…  porque somos todos culpables. El perdón es lo mismo que la “no violencia” , es creer en la fuerza del Amor. El Amor es más fuerte.

Este plebiscito es  una gran oportunidad de Amar.

Paul Buchet

 

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