|Jueves, Julio 2, 2020
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Conviviendo con el coronavirus 

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Con el coronavirus hemos pasado de la crisis social a una crisis viral.

No es que los temas de la crisis social hayan quedado resueltos, ¡para nada!, sino que la crisis viral nos pone ante una emergencia planetaria que -como un visitante inesperado e inoportuno- cambió el rumbo y el ritmo de todo. Estamos haciendo la experiencia de cuán vulnerables somos nosotros y nuestras obras que -frecuentemente- nos parecen tan firmes y estables. Ahora todo se vuelve frágil, inestable, vulnerable…

Probablemente, a la mayoría de nosotros nos resulta difícil comprender que el escenario mundial ha cambiado, y -quizás- más complicado es poder ver las consecuencias de este cambio en todo orden de cosas. Nos resulta complicado aceptar que lo que comenzó en diciembre de 2019, en un mercado de mariscos y animales en la ciudad china de Wuhan -el primer foco identificado del virus- cuando se reportó un grupo de personas con neumonía de causa desconocida, recorra el mundo entero matando a miles de personas y llegue hasta nuestra austral Patagonia con su carga de incertidumbre y temor, trastornando toda la vida.

En esta inédita experiencia de la mundialización en forma de virus, lentamente y con dificultad vamos comprendiendo que en nuestra Casa Común todo está relacionado con todo y que el destino de cada uno tiene que ver con el destino de los demás, vamos comprendiendo -no sin resistencias- que de esta crisis viral sólo saldremos si nos sentimos responsables unos de otros, y si actuamos en consecuencia. Vamos comprendiendo que este virus viene a matar el egoísmo e individualismo con que hemos infectado las relaciones entre los seres humanos y la sociedad, y vamos comprendiendo que al virus sólo lo mata la solidaridad.

Nos toca aprender a convivir con este visitante inesperado e inoportuno, y ¡no sabemos por cuánto tiempo! Convivir con el coronavirus para derrotarlo significa hacernos responsables unos de otros e ir recreando un estilo de relaciones más humano, menos individualista, más solidario.

Mientras tanto, en esta convivencia con el coronavirus todo va quedando en suspenso por el cuidado de todos. El cuidado de la vida, la propia y la de los demás va apareciendo como lo más importante: me cuido cuidando a los demás, y cuido de los demás cuidándome a mí mismo; pero -lamentablemente- aún hay personas que irresponsablemente circulan extendiendo la acción del virus.

Así, el llamado a quedarnos en casa va dándole forma a esta convivencia con el virus para derrotarlo. Una convivencia en la que no hay contactos físicos, ni encuentros, ni abrazos, pero sí una extendida red de contactos y comunicaciones por los diversos tipos de redes sociales.

Convivir con el coronavirus para derrotarlo significa -entre otras cosas- quedarse en la casa y entrar en la experiencia de un encuentro nuevo con los que están en la casa, y también -por cierto- con Dios que ve en lo secreto y está presente en cada Iglesia doméstica. Probablemente, alguna vez todos nos hemos lamentado de no tener tiempo para estar más con la familia, para conversar más entre los esposos o entre padres e hijos; ahora hay tiempo, ahora es el momento. Más de alguna vez hemos expresado -como queja o como excusa- que no tenemos tiempo para “las cosas” de Dios, para leer su Palabra y dialogar con Él en oración silenciosa; ahora hay tiempo, ahora es el momento (y en internet se ofrecen muchas y buenas oportunidades de reflexión, oración y retiros para la próxima Semana Santa). Quizás hace tiempo que decimos que no tenemos tiempo para leer algo que tenemos postergado, o escribir algún texto (poesía, oración, memorias); ahora hay tiempo, ahora es el momento. Es tiempo de hallazgos, de redescubrir lo que hemos postergado, olvidado o maltratado; tiempo de redescubrir y de recrear.

Entonces, convivir con el coronavirus para derrotarlo significa, también, vivir este tiempo de estar en la casa como una oportunidad, como un tiempo nuevo y creativo para recrear los vínculos desgastados. Eso es lo que en el lenguaje bíblico se llama “kairós” (palabra griega que indica un tiempo nuevo, propicio y oportuno: el tiempo de la presencia de Dios). Convivir con el coronavirus para derrotarlo es entrar en un “kairós” que renueve nuestra vida, nuestras relaciones humanas, nuestros modos de gestionar la economía y el conjunto de la sociedad; es entrar en el “kairós” de la solidaridad que nos abre caminos para enfrentar la crisis social que ha quedado en suspenso por el cuidado de la vida de todos.

P. Marcos Buvinic

La Prensa Austral   –   Reflexión y Liberación

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