|Sábado, Agosto 8, 2020
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Actividades No Esenciales 

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Dios es. No necesita adjetivos idólatras. Es silencio.

Los dioses, nuestros pigmeos, obra de nuestra imaginación, necesitan los grandes adjetivos del diccionario.

Sus fans los ensalzan, los veneran y coleccionan toda la basura, merchandising, que producen, verdaderas reliquias para adornar sus altares.

Mortales que son, viven en su lujoso confinamiento en silencio e indiferentes a los suspiros de sus devotos.

Messi no marca goles, LeBron James no encesta triples, Lady Gaga no canta, Enya medita, Trump se tiñe el pelo, color oro, cada mañana y, dios celoso, exige lealtad y adoración a su feligresía cada día más numerosa y vociferante, Leticia no tiene quien la vista, Plácido Domingo llora detrás del telón, Putin se erige en el protector del alma rusa…dioses de temporada, inventan nuevas piruetas para sus incondicionales que ya preparan nuevas peanas para sus sustitutos.

En este paisaje, vacío lunar, triste y silencioso, siento una pena inmensa por el hombre más importante del mundo, el Vicario de Cristo. ¿Quién, en su right mind, puede ostentar semejante título?

El Papa, solo, sin acólitos, sin la claque boba que le sigue allá donde va, -se llame como se llame el detentor del Gran Título,- celebra liturgias y pronuncia homilías en la más densa y humillante soledad.

Como un funcionario más del Dios que es, el que no necesita adjetivos, el Gran Funcionario de Dios celebrará la Semana de las Semanas reducido al silencio en el Templo frío de Google para unos fieles lejanos, asustados, perplejos y más pasivos que en sus templos cerrados.

El Coronavairus como metáfora puede ser el temido Apocalipsis, el último Aviso, la Maldición universal, el poner a cada uno en su sitio.

Queda la megalomanía de los dioses pigmeos reducida a su dolorosa realidad. Hombres, no sois dioses, no usurpéis la identidad y los atributos que no os pertenecen.

Los apóstoles, tras la muerte de Jesús, por miedo a los judíos, se encerraron en el cénaculo detrás de unas puertas blindadas.

Hoy, nosotros, los habitantes de este planeta, por miedo a Mr. Coronavairus hemos convertido las mansiones, las casas, los apartamentos y las chabolas en cenáculos. Todo,un cenáculo, menos los templos y las iglesias, vientres cerrados y vacíos en la sala de maternidad.

En este tiempo de pandemia hemos sacrificado en el altar de la seguridad nuestra libertad e invertimos el tiempo en surfear la televisión y en exigir a Google respuestas imposibles.

La economía y los economistas, todopoderosos y omnipresentes en esta sociedad de consumo, han perdido protagonismo. Los médicos y los científicos son hoy los verdaderos sacerdotes del único bien que importa, el cuerpo y la vida de este puñado de arcilla. Sus consejos son buscados y escuchados y sus recetas, obedecidas con fe ciega, son milagrosas.

A las 8 P.M., las ciudades y los pueblos celebran un concierto de alabanza en los balcones, templos aún abiertos, palmas, música, gritos, jaculatorias, trompetas y acción de gracias a los sacerdotes de la vida efímera. Son el dedo de Dios que quiere tocar el dedo de los adanes y las evas arrojados del paraíso.

No sólo son necesarios sino que realizan las únicas “actividades necesarias”.

Los sacerdotes, los funcionarios de la religión, los profesionales de la fe, los acompañantes del pueblo de Dios, ahora entran a formar parte de los no-mencionados, los no-necesitados, son el equipo de las “actividades no necesarias”.

La voz de los Obispos católicos: “No es necesario que la gente vaya a la iglesia a rezar. Hay que aprender a rezar con el corazón”. “Prohibido entrar en la iglesia. Prohibido bautizar. Prohibido confesar. Prohibidos los funerales”. Están diciendo: la Iglesia es un “servicio no-esencial”.

La voz del Patriarca ruso Kiyrill: “He estado durante 51 años pidiendo a la gente que viniera a la iglesia a pesar de sus problemas personales y de las presiones externas, y ahora me resulta poco menos que imposible pedirles que no vengan”.

Conozco a más de un párroco que suspira: Qué alivio! Me han liberado de estas “actividades no necesarias” del Triduo Pascual. Nada que preparar.

La vida espiritual, anestesia total,no se queja, no sufre, no da trabajo… ¿Despertará?

Hay verdades, las trascendentes, que no sirven para nada.

El ámbito de lo ético y el ámbito de lo ritual no son rivales. El Decálogo milenario los unifica y Jesús, atrevimiento divino, los simplifica.

Los hombres, los de Iglesia incluidos, marginan el ámbito de lo cultual.

Los católicos, las iglesias cerradas, comienzan a consultar y a wasapear los horarios de los “servicios-no esenciales” a seguir en televisión estos días santos.

Curiosidades. En Pennsylvania distribuir cervezas, actividad necesaria.

En NYC tener abierto el dispensario de cannabis, actividad necesaria.

En Movera y en la calle Sevilla 19, la iglesia, mi pista de atletismo.

P. Félix Jiménez Tutor, Escolapio.

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