|Lunes, Julio 13, 2020
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Solo los pobres mueren de hambre 

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Además de la crisis de salud global y del inminente colapso económico mundial, la Covid-19 está alentando una crisis humanitaria.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) advierte que “millones de civiles que viven en naciones afectadas por conflictos, incluidas muchas mujeres y niños, pueden verse empujados al borde de la inanición, con el espectro de la hambruna como una posibilidad muy real y peligrosa”. El punto de vista del PMA de que el mayor impacto de la pandemia no estará directamente causado por el virus, sino por el  hambre que se deriva de de él, concuerda con el de otros grupos preocupados.

Una declaración reciente del PMA advertía de que “a menos que se tomen medidas rápidas”, para finales de año “veremos a más de la cuarta parte de mil millones de personas sufriendo hambre aguda… en países con bajos y medianos ingresos”. A esta cifra se unirían  los 135 millones que se enfrentan ya a escasez de alimentos, más una estimación de alrededor de 130 millones de personas (podrían ser más), como resultado de la Covid-19, lo que elevaría a unos mil millones la cifra total de personas que se acuestan todas las noches con hambre.

Además de los “130 millones”, hay decenas de millones de trabajadores ocasionales que solo pueden comer si trabajan. “Los confinamientos y la recesión económica mundial ya han diezmado sus ahorros”, según el Dr. Arif Husain, economista jefe del PMA, “solo se necesitaba un golpe más, como la Covid-19, para llevarlos al límite”.

Los países que dependen de las importaciones de alimentos y la exportación de petróleo están particularmente en riesgo de aumentar los niveles de hambre, así como las comunidades que dependen de los ingresos por remesas del extranjero y el turismo. Además, hay incertidumbre en torno a la ayuda externa, ya que los países donantes se están enfrentando a la perspectiva de una recesión. Las personas que están en mayor peligro se hallan en 10 países afectados por conflictos, crisis económica y cambio climático, todo lo cual está interconectado.

A menos que nos preparemos y actuemos ya “para asegurar el acceso, evitar la falta de fondos y las interrupciones en el comercio”, afirma la declaración del PMA, “podríamos tener que enfrentar múltiples hambrunas de proporciones bíblicas en pocos meses”.

Si el virus arraiga en lugares donde la guerra está en su apogeo, en países que tienen sistemas de atención médica débiles, la ONU advirtió que sería imposible limitar el impacto y/o entregar suministros humanitarios muy necesarios, incluidos los alimentos. En un intento por salvaguardar a estos países, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha pedido un alto el fuego global. Mientras que alrededor de 70 Estados miembros, socios regionales, actores no estatales, redes y organizaciones de la sociedad civil “han respaldado hasta ahora su súplica”, dijo, “había aún bastante trecho entre las declaraciones y los hechos en muchos países”.

Si se quiere evitar una “pandemia de hambre”, además de asegurar la paz y el acceso humanitario, las cadenas de suministro, que han quedado interrumpidas, deben permanecer abiertas y ser fluidas, permitiendo que los alimentos sean transportados fácilmente. Y, como deja claro el PMA, los Estados no deben introducir prohibiciones a la exportación o aranceles de importación, ya que se provocarían aumentos de precios.

Estas son varias medidas urgentes que deben tomarse para enfrentar la amenaza inmediata. Pero estas medidas no van a alimentar a los cientos de millones de seres que padecen hambre crónica. La causa principal del hambre en nuestro mundo no es el conflicto o el acceso a los alimentos, es la pobreza: no hay ningún lugar en el mundo donde los ricos pasen hambre. Para eliminar el hambre definitivamente, debe introducirse un cambio fundamental duradero. Un cambio sistémico y un cambio de comportamiento, y los dos están inextricablemente conectados.

Al introducir la Solidaridad, el hecho de compartir, como principio organizador primario subyacente al orden socioeconómico, y animar al cambio generalizado, se crearía confianza, se construirían relaciones, se erosionarían las divisiones, permitiendo que la paz sea una realidad. La paz y la libertad son ideales perennes sustentados en los corazones de la humanidad. Solidaridad, Unidad y Justicia son los medios para acceder a un mundo en el que se conviertan no solo en esperanzas y sueños no realizados, sino en cualidades vibrantes que animen todos los modos de vida.

Graham Peebles  –  The Create Trust 

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