|Martes, Julio 7, 2020
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¿Nos hemos arrojado al abismo? 

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Aunque parezca que esta crisis lleva años, hace menos de cinco meses que comenzó. En este corto espacio de tiempo, las vidas de la práctica totalidad de la población mundial han dado un vuelco. Una epidemia de un nuevo virus ha hecho parecer este año el del inicio del apocalipsis. ¿Realmente se trata de eso?

Todo comenzó con un brote en una ciudad china y se ha extendido por el mundo provocando una pandemia. Según datos de la OMS a mediados de mayo de 2020 cerca de 290.000 personas han muerto con coronavirus. En ese mismolapso de tiempo también han fallecido alrededor de 25 millones por otras causas.Aunque la palabra pandemia haya pasado a formar parte del vocabulario habitual hace poco, no es un término ni un hecho nuevo. Sufrimos pandemias desde el inicio de los tiempos.

De manera estacional padecemos varias como la de la gripe, que se cobra entre 290.000 y 650.000 muertes cada año. Así mismo, existen otras pandemias perennes como la tuberculosis (10 millones de enfermos y 1,5 millones de fallecidos anuales), el SIDA (38 millones de infectados y un millón de muertosal año) o la malaria (casi 500.000 fallecidos, de los que dos tercios son menores de cinco años).También hay otras causas de mortalidad a las que aplicamos el término de pandemia: las enfermedades cardiovasculares (18 millones de muertos), el cáncer (10 millones de muertes) o el tabaco (9,2 millones de muertos).

Debido al desconocimiento y al miedo que se propagó desde un inicio, se han tomado medidas muy drásticas no basadas en evidencias y sin tener demasiado en cuenta sus consecuencias. La agenda de salud pública se ha visto totalmente desbordada por miedos irracionales, falta de datos y evidencias científicas, y presiones mediáticas muy fuertes. En estos tiempos de afirmaciones y discursos fugaces de cara a la galería es dudoso que sea posible hacer políticas de salud pública con racionalidad científica. Una mayoría de la población y de sus dirigentes ha sucumbido a una ola de histeria colectiva.

Los mecanismos de vigilancia y represión se han incrementado de manera exponencial instaurando un estado policial de facto con apenas oposición. Algunos analistas acusan al estado de haber utilizado la crisis como un laboratorio social para implementarmedidas que serían duramente rechazadas en otras condiciones. Vivimos una situación distópica, que recuerda a la peor de las pesadillas. Hemos perdido grandes espacios de libertad y derechos que tendremos que recuperar luchando.

Tal vez sea el momento de repensar nuestra sociedad y darle un vuelco. El sistema social en que vivimos no es el mejor ni el único posible. Además, la “nueva normalidad” no será la solución. Quizás no haya que volver a la normalidad, pues la normalidad era el problema.

Gontzal Martinez de la Hidalga  –  Máster en Enfermedades Infecciosas

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