|Lunes, Octubre 19, 2020
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“El grito de la tierra… el grito de los pobres” 

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“Laudato Si” es un texto central en el  debate global en lo que va del siglo XXI.  Se cumplen cinco años de su aparición y en todo el mundo -mientras la pandemia atraviesa los océanos y se detiene diferencialmente en desiguales lugares desnudando los límites de los criterios de hierro que rigen el globo-  se proponen reflexiones sobre la más conocida encíclica de Francisco.

No conviene distraerse. “Laudato Si” no es una  encíclica verde sino un desafío al concepto ecológico de los países centrales y una reubicación de la problemática ambiental en el corazón de la problemática social. Ya desde la mención de la “casa común”, ese oikos que es “casa” pero también economía, marca la lectura. Tanto como esa mención a lo común en la que resuena el eco del destino universal  -colectivo, común- de los bienes. Se trata no sólo del bien común, posible coartada valórica o moral, sino de los bienes comunes.

Las afirmaciones políticas y económicas incómodas de la Laudato Si’

El paradigma tecnocrático y el capitalismo financiero son el núcleo conceptual-material que amenaza al planeta. Es el hipercentramiento antropológico de occidente y su fase superior neoliberal la que se fuma bosques, pueblos y mares en una carrera sin final. El fenómeno objetivo tiene como contrapartida, fundamento y ariete, un pensamiento fatal y fatalista.

La necesaria subordinación de la economía a la política es quizás el movimiento  central que propone Francisco en “Laudato Si”. En el mismo movimiento, el Papa señala la necesidad de ir más allá de  una política procedimental, hacia una marcada y desbordada por el protagonismo de los pueblos.

El paradigma de la sociedad civil y de los meros consensos, que prima en el mundo de los activistas y en las democracias liberales, es desafiado por la lógica de los pueblos. Esto implica concebir como sujeto de la historia una entidad mítica que rebalsa al sujeto, lo contiene, le da sentido y lo trasciende. Ser pueblo es estar en diálogo con el pasado, el presente y el futuro de la comunidad. Sobre esto, sin embargo, que acredita un acto de fe y de entrega, quedan siempre exigidas y pendientes las jugadas de construir el pueblo y el poder popular con la fuerza de ese reconocimiento. De otro modo, se estaría confiando en una entidad que, teniendo la fuerza del mito, no necesitaría la consistencia de construcción que implica la encarnación y la historicidad. Aquí habría una advertencia a quienes quisiera que el pueblo fuera puro dato o esencia  a la que adherir, sin exigencia de politización y toma de partido.

Francisco habla también de la solidaridad intergeneracional. Es el respeto por la sabiduría de quienes conservan esa vida práctica y cercana a la tierra y sus procesos, como también, la conciencia que el consumo presente no puede condenar a la escasez y amenazar la supervivencia de los que están viniendo. Sin embargo, aquí hay que leer algo más que la imagen bucólica de jóvenes idealistas y viejos sabios: hay que animarse a ver, quizás, la idea de que entre quienes hoy no deciden (por años de más o por falta de ellos) se encuentra la potencia y la memoria que necesitan quienes, hoy, aquí y ahora, deben tomar las decisiones urgentes. La solidaridad intergeneracional es un desafío de construcción de poder, también.

Por eso, para cuidar la casa común hay que cuidar la naturaleza, con pequeños y grandes gestos. Y con mística y espiritualidad. Los dos conjuntos pueden, en cierto sentido, ser asumidos por ricos y pobres, incluidos y excluidos, norte y sur. Pero a la par de eso, para cuidar la casa común en los términos que plantea el Papa  hay que pasar también por  tópicos fuertes y controversiales, menos cómodos y más costosos a la hora de hacerse cargo:  el fortalecimiento del mercado interno, la acción política, la intervención de los estados a favor de las mayorías, la limitación del lucro y las ganancias, la responsabilidad de las élites y la distribución de la riqueza. O la garantía de tierra, techo y trabajo, para decirlo con la síntesis de Francisco mismo.

#Factor Francisco   –   Reflexión y Liberación

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