|Viernes, Agosto 7, 2020
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Ver y escuchar 

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Los sentidos de la vista y el oído son realmente maravillosos en su modo de conectarnos con el mundo real, percibiendo los estímulos externos, decodificándolos y transformándolos en información para nuestro cerebro; una información que nos conecta con la realidad y nos permite actuar en ella.

Por lo mismo, el refranero popular ha acuñado la frase “no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír”, porque ese es alguien que se cierra a lo que está sucediendo a su alrededor, ensimismado y encapsulado en sus propias ideas acerca de lo que sucede en la realidad.

Así, no es de extrañarse que en la discusión del proyecto de ley que permite el retiro del 10% de los ahorros del fondo de pensiones, uno de los argumentos más usados por diputados y senadores es que ellos han visto y escuchado lo que dice la gente.

Ciertamente, la inmensa mayoría de los chilenos nos alegramos de que el retiro del 10% de los ahorros previsionales venga a dar un alivio a la difícil situación económica de la mayoría de las familias. Pero, también nos alegramos de esta declaración del uso de sus sentidos del oído y de la vista, porque así declaran que se están conectando con la realidad, lo cual es condición mínima para ser una autoridad que representa a los ciudadanos.

Parece que un serio problema de nuestras autoridades y de los responsables de diversas instituciones de la sociedad es que han visto sólo un poco más allá de la punta de sus narices y han escuchado poco o nada a la gente, quedando ensimismados y encapsulados en sus ideas y prácticas poco solidarias, y en sus concepciones ideológicas acerca de poder, acerca de su propia autoridad, y acerca del sentido que tiene en la sociedad la institución que representan.

En los últimos años, esta ausencia de vista y oído ha sido posible percibirla en autoridades policiales que han robado a manos llenas, en autoridades políticas que se ensucian la conciencia y las manos con dineros corruptos, en autoridades militares que defraudan los dineros de la patria que juraron defender, en autoridades eclesiales que no prestaron oídos a quienes denunciaban ser víctimas de abusos o encubrieron a los culpables, y sigue la lista de autoridades de todas las instituciones en crisis.

Lo que sucede es que ver y escuchar son acciones intencionadas, es decir, para ver hay que querer ver, si no es así la mirada pasea distraída y no se detiene a recoger la información que se le ofrece. Igualmente, para escuchar hay que querer escuchar, prestando atención para comprender lo que se oye, si no es así sólo hay ruido de fondo sobre los propios pensamientos y dial

Por eso, cuando alguien escucha de verdad puede cambiar sus puntos de vista, acogiendo a otros y sus situaciones, en lugar de permanecer encerrado en sus pensamientos e ideología. También, el dolor de quien no se siente escuchado es uno de los más grandes en las relaciones entre personas y grupos (“lo que pasa es que tú no me escuchas”), al sentir que no es tomado en cuenta, que es ninguneado, y sentir que lo que le pasa y lo afecta no significa nada para otros, no les importa, no les interesa… entonces, esta dolorosa frustración del que no es tomado en cuenta y ninguneado se hace oír a través de la rabia que explota en estallidos personales o sociales.

Para ver y escuchar hay que querer hacerlo, pero también hay que estar en un lugar donde esto sea posible. Ver y escuchar son acciones intencionadas que exigen ir hacia otros y, también exigen cercanía empática para acoger a los demás y la realidad que viven.

Supera las posibilidades de esta columna presentar todo lo que significan las acciones de ver y escuchar, lo que ellas exigen y cuáles son sus consecuencias, pero podemos terminar con dos pistas que cada uno puede profundizar. Una la dejo como pregunta: ¿acaso no hay nada que ver y oír en el hecho de que el máximo de retiro posible que cada persona puede hacer del fondo previsional no alcanza a ser la mitad del sueldo mensual de un diputado o senador?

La otra es una pista que nos muestra quién es Dios y cómo actúa en nuestro mundo, para reconocerlo en la fe como Aquel que ve y escucha (“he visto la aflicción de mi pueblo, he escuchado el clamor ante sus opresores” Ex 3,7) y como el que no sólo ha “bajado para liberarlo de la mano de los egipcios”, sino que se ha hecho hombre en Jesús y permanece viendo y escuchando para liberar de toda esclavitud; de El podemos aprender a ver y a escuchar.

P. Marcos Buvinic

La Prensa Austral  –  Reflexiòn y Liberaciòn

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