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Que las empresas aprendan a pagar la deuda Ecológica 

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La Hna. Alessandra Smerilli, religiosa salesiana, profesora de Economía en la Pontificia Facultad de Ciencias de la Educación Auxilium y coordinadora del Grupo de Trabajo de Economía de la Comisión Vaticana para el Covid-19, se referirá al concepto de “deuda ecológica” y sus consecuencias en la actividad empresarial.

El Papa Francisco en su oración al mundo, mejor en su petición de oración, señala que si los recursos del planeta son saqueados, en primer lugar, por supuesto, se crea un daño ambiental. Pero como los más ricos en estos recursos son sobre todo los países emergentes, los llamados países del Sur que son saqueados de sus riquezas naturales, todo esto se convierte también en un problema económico. Cuando los recursos, además de ser recursos naturales, son también materias primas alimentarias, también tenemos un grave problema de suministro de alimentos, tenemos personas que literalmente se están muriendo de hambre.

En el texto el Papa dice “No al saqueo, sí a compartir”…

R.- En su propuesta de oración Francisco también utiliza una imagen muy plástica: dice que estamos exprimiendo los bienes del planeta “como una naranja”. Quiere enfatizar que nos estamos comportando, con aquellos que tienen estos recursos, de una manera irrespetuosa. Habla de “saqueo” porque esto es lo que sucede en la guerra cuando los vencedores conquistan un país y se llevan todas sus riquezas como locos, dejando un desastre atrás. Lamentablemente esto es lo que sucede en muchos territorios cuando se saquean los recursos naturales y en este contexto el Papa introduce el concepto de “deuda” que me parece muy efectivo…

Francisco, de hecho, habla de países y empresas del Norte que se han enriquecido explotando los dones naturales del Sur, generando una “deuda ecológica” y se pregunta quién la pagará…

R.- Es una expresión que el Papa había introducido en la encíclica Laudato sí, en el número 51, donde hizo una comparación muy pertinente. Saquear, depredar, explotar a otros países significa enriquecerse a sus espaldas y, por lo tanto, es casi como si uno pidiera prestado estos recursos generando una deuda. Ahora bien, mientras que en economía, cuando uno contrae una deuda se siente obligado a pagarla, en ecología no la tenemos en cuenta. La encíclica recuerda que los países del Sur del mundo están en deuda con los más ricos. Hay planes para volver de estas deudas económicas, se establecen condiciones precisas. Con sencillez e ingenio, Francisco se pregunta por qué esto no sucede también con la deuda ecológica. Se pregunta por qué no ponemos a los que explotan los recursos de otros en posición de devolver esta deuda a los países más pobres. Tal vez deberíamos estar más atentos a esto.

Como economista, ¿qué es lo que más le ha llamado la atención de este razonamiento?

R.- Creo que debemos detenernos ahora, “hoy, no mañana”, como dice el Papa, de considerar el daño ecológico como algo “externo” a la actividad empresarial. De hecho se llaman “externalidades”, como si fueran un efecto no intencionado, precisamente externo. El razonamiento es: el empresario debe producir, para producir necesita ciertos recursos, explota otros países, crea problemas ecológicos, pero estos son algo que ocurre más allá de sus intenciones. Tenemos que dejar de considerar todo esto como algo externo, una “externalidad”, pero tenemos que aprender que todo esto forma parte de las actividades de la empresa y tiene que poner en sus costos todas las actividades necesarias para reducir este impacto ecológico.

El Papa explica que la “deuda ecológica” aumenta cuando las multinacionales sacan de su país lo que en su propio país no está permitido…

R.- Es un fenómeno desgraciadamente muy extendido, se da a nivel de la ecología pero también de la tributación. Y tal vez este aspecto sea el más conocido. Muchas empresas multinacionales -no todas, porque hay algunas que están bien dirigidas- ponen, por ejemplo, sus sedes tributarias en los llamados paraísos fiscales, por lo que logran explotar el trabajo y aprovechar diversas condiciones sin pagar impuestos en los lugares donde operan económicamente. Pero lo mismo se hace a nivel ecológico. Cuando las empresas actúan a nivel internacional, cuando son multinacionales, sería necesario contar con sistemas de “governance”, de tributación y de control que vayan más allá de los Estados individuales.

¿La crisis ecológica y socioeconómica a la que Francisco se refiere aquí también se conecta con la crisis sanitaria, vinculada al Covid-19, que estamos experimentando?

R.- Ciertamente. El Papa fue quizás uno de los primeros líderes del mundo en comprender inmediatamente que la emergencia sanitaria nacida con la pandemia está ligada a todo lo demás. Esta emergencia sanitaria por la que hemos pasado y estamos pasando, dado que en muchos países del mundo se encuentra todavía en una fase de crecimiento, está provocando la aparición de problemas de tipo socioeconómico, muchos de los cuales ya existen, en particular la desigualdad de oportunidades. Por lo tanto, esta es una oportunidad que se nos da para arreglar algunas cosas. Por esta razón el Papa tuvo la intuición de crear una comisión que razonara en torno a un mundo post-pandémico, nuevos modelos de desarrollo, trabajando, aunque en términos concretos – como siempre nos dice – en la lógica de la ecología integral. En particular, en el grupo de trabajo número dos – que estoy coordinando – trabajamos juntos en los temas de economía, seguridad, salud y ecología. De hecho, si no se tiene una visión amplia, no se progresará. Al contrario, quizás con la pandemia iremos en retroceso.

Fabio Colagrande – Ciudad del Vaticano

Vatican News  –  Reflexión y Liberación

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