|Sábado, Octubre 24, 2020
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Una Parada Militar… 

Romería2

Hace unos cuantos días, mi memoria ha trabajado en el recuerdo.

El día 11 de este mes fue el primer recuadro que intenté ir armando en mi memoria. El día en que las FFAA y de Orden, en un acto que nada tiene de heroico, y que se relacionó más con las ansias de poder, de quienes nunca habían tenido ni remotamente, rasgos de una inteligencia notable, lograron a través de las armas, y sin mediar costos, tomarse el poder, bombardeando La Moneda, acto que recuerdo como una fotografía que tomada en blanco y negro, quedo suspendida en algún lugar.

Para esa fecha, yo tenía nueve años, y mi padre, General de Ejército, Comandante de la II División, y Jefe de la Guarnición de Santiago, miraba y escuchaba con horror, lo que realizaban sus compañeros de armas, aquellos mismos que terminando con un cuerpo de Generales cohesionado en apariencia, harían lo que fuese necesario para terminar con el gobierno del Dr. Salvador Allende. El 22 de Agosto mi papá había presentado su renuncia con carácter de indeclinable, por no confiar más en el cuerpo de generales del que fue parte hasta ese día.

En septiembre, entre los años 1974-1979, viajábamos a Mendoza por algunos días, entre el 9 y el 20 de dicho mes, para pasar allá las fiestas patrias, así fue como el mismo año 74, mientras almorzábamos, comentó que afuera del hotel, permanecían en un auto las mismas personas que lo custodiaban en su cargo de General. Éste hotel que el Ejército Argentino había ofrecido a mi papá, para garantizar su seguridad y la de su familia.

Cabe mencionar que fuimos perseguidos desde el mismo septiembre de 1973, aproximadamente hasta 1989.

Ayer fue 19 de Septiembre, recordé, como hace mucho no lo hacía, que la última vez que fui a la Parada Militar, fue a ver desfilar a mi papá, en el año 1972, cuando tenía 8 años. Como también recordé que desde 1980, los 19 de septiembre fueron celebrados en nuestra casa en Santiago, junto a familiares y amigos de mis padres que pertenecieron al Ejército igual que él. Constitucionalistas al igual que él.

Ayer, al bendecir la mesa, junto a nuestros 4 hijos pedimos por las glorias del Ejército, para que este vuelva a ser lo que un día, respetado y querido por todos sus compatriotas.

Pensé, sin tristeza, que la mejor forma de honrar a aquellos militares constitucionalistas, era no volver a observar una parada militar hasta que el último de sus miembros, haya pagado, ante la justicia civil por los crímenes cometidos. Esos crímenes, que los convirtieron en animales, y de los que fueron capaces de seguir viviendo pese a la sangre de tantos hermanos nuestros, torturados sin piedad, aún después de muertos.

Hago mención a las FFAA y de Orden, las mismas que han dejado con daños irreparables a tantos ocupando toda su fuerza para aplacar el estallido social, iniciado en octubre del año pasado.

El ejército, al que perteneció mi padre, el General Mario Sepúlveda Squella, no fue el de las detenciones ilegitimas, las torturas y la desaparición de hombres y mujeres, en manos de cobardes que no supieron como entregar lo mejor de sí para engrandecer nuestra patria. El ejército al que perteneció, se comprometió a respetar la constitución y las leyes, y no esta deuda histórica  de justicia para con nuestro pueblo, cientos de DDDD que no tienen una sepultura digna donde ser visitados por sus familiares.

Una parada militar… para violentar a aquellos que no tienen noción del paradero de un familiar.

Fue mucho lo que sucedió y nadie ha terminado de olvidarlo, porque la justicia, lamentablemente, nunca llegó.

Raquel Sepúlveda Silva

 

 

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