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Palabra, silencio y escucha. Breve comentario a Fratelli Tutti 

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Palabra, silencio y escucha

Breve comentario a Fratelli Tutti 47-50

En esta sencilla columna, quisiera comentar los numerales 47, 48, 49 y 50 de la tercera encíclica del Obispo de Roma, Francisco, Fratelli Tutti (de ahora en adelante FT) escrita en torno a la fraternidad y la amistad social. El objetivo que busco en este sencillo comentario es desarrollar tres ideas fuerza que aparecen en los indicados numerales, a saber, la palabra, el silencio y la escucha. Considero que ellos representan el elemento central de, en primer lugar, la experiencia bíblica (un Dios que crea a través de la Palabra, un Dios que se comunica, un Dios que envía a su Hijo, quien es la Palabra (Cf. Jn 1,14), una mística de la escucha y del silencio (Cf. Is 50,4); en segundo lugar, una puerta que se abre para reconocer cuáles son los elementos centrales para vivir la cultura del encuentro como vida política, cívica, cultural. Y, en tercer lugar, elementos que la Iglesia debería asumir para el tiempo presente, que ha sido llamado por los autores como de “recomposición” del cristianismo. Desarrollaré, por lo tanto, estos tres elementos y, desde ya, la invitación a leer, trabajar y mirar críticamente la propuesta de Francisco, asumiendo que no es un documento finalizado, sino que va en camino y debe continuar dialogando con los elementos de nuestro tiempo.

a.-Dimensión bíblica. El apartado que comento lleva por título: “Información sin sabiduría”. Los cuatro numerales de FT no presentan citas bíblicas, aunque sí se puede reconocer una clave enmarcada en la Teología Fundamental: Dios quiere comunicarse con el ser humano y, el ser humano, puede escuchar la voz de Dios. Francisco recuerda cómo Francisco de Asís escuchó la voz de Dios en el enfermo, en los pobres y en la naturaleza (FT 48). El encuentro entre Dios y los seres humanos, a través de estas mediaciones privilegiadas (los pobres, la madre tierra), tienen la particularidad de evitar nuestro narcisismo, en cuanto invitan a vivir lo que Francisco denomina la “actitud receptiva” (FT 48), es decir, ser capaces de salir de nosotros mismos y lograr captar, en el silencio (como actitud de contemplación), al Dios que nos habla en los acontecimientos de la historia y, de modo privilegiado, en Jesucristo, Palabra de Dios (Cf. Heb 1,1-2; Rm 1,29-20; Jn 1,14).

b.-Dimensión de la cultura del encuentro. Esta categoría de cultura del encuentro ha sido asumida por Francisco a lo largo de su pontificado. En los numerales que estoy comentando, Francisco coloca especial atención a las redes de comunicación social que, en este año de pandemia, han asumido un lugar más preponderante del que ya poseían. Dos peligros podemos detectar en las palabras de FT: la superficialidad y lo instantáneo (FT 49). El filósofo Byung-Chul Han indica que vivimos en una “dictadura del me gusta”, haciendo referencia a la tradicional forma de indicar la preferencia por alguna publicación en las redes sociales. El “me gusta” para Han – y para Francisco en FT – impide vivir la auténtica sabiduría, la cual tiene modos reposados de articularse. Lo sapiencial de la vida debe comenzar por el silencio y la escucha. No podemos anteponer la palabra sonora al silencio. De hecho, el silencio es llamado la antesala de la palabra. Hemos de aprender a recuperar esos modos de pensamiento y no dejarnos llevar solo por los “me gusta” o “no me gusta”, sino que hemos de aprender a reconocer por qué nos es favorable o desfavorable un determinado modo de actuar, pensar o ser. Esa es la forma de una auténtica información con sabiduría.

c.-Reimaginar la Iglesia. FT 50 comienza indicando que juntos podemos buscar la verdad a través de la conversación. El filósofo Humberto Giannini indicó que la conversación era la forma más alta de la hospitalidad. En nuestras comunidades hemos de trabajar constantemente por crear espacios protegidos, libres y respetuosos de las conversaciones. La conversación no excluye el disenso. La Iglesia, si quiere ser una comunidad de adultos en su fe, debe dar espacios para el encuentro que acuerda y desacuerda. Francisco recordó durante su visita a Chile que los laicos no deben ser los “loros” que repiten todo lo que dice el Pastor. Un cristianismo adulto pasa por el reconocimiento de los aciertos y desaciertos de la comunidad, todo ello amparado en la auténtica lógica de la conversación y el encuentro.

Les invito a leer y trabajar la encíclica. Ella, pienso, puede dejarnos muchos elementos y criterios de análisis y actuación.

Juan Pablo Espinosa Arce

Académico Facultad de Teología UC

Académico Universidad Alberto Hurtado

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