|Martes, Noviembre 24, 2020
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También son nuestros hermanos… 

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…Los anarquistas, los violentistas, los saqueadores, los delincuentes, los narcos…y no podemos olvidarlo.

Que sean inclinados al mal desde su nacimiento, o que nacieron buenos o que es la sociedad que los corrompió o que cada cual  pueda hacer la vida como quiere o  que tengan problemas mentales o… lo que sea…se puede pensar lo que se quiere  pero si no están convencidos que estos jóvenes son sus hermanos, vayan a preguntar a los médicos que trabajan  salvando vidas sin mirar  si son viejos o jóvenes, ricos o pobres, delincuentes o no. Quienes viven el drama de esta hermandad perdida son  verdaderamente cristiano si vayan a la iglesia o no.

Cuesta el radicalismo de nuestro cristianismo que dice de perdonar,  de amar a sus enemigos”, “el Hijo del Hombre vino para salvar lo que se había perdido” …Tenemos que reflexionarlo en medio de todo una diversidad de opiniones fáciles . ”El general de carabineros dijo: “no fuimos nosotros los violentos” El presidente de la Republica dice: “hay que combatir la violencia”. Los obispos y  los pastores  lamentan los hechos, solidarizan con las víctimas y celebran  los pacifistas. Los Derechos humanos denuncian los incendios como  atentados contra la libertad religiosa. Los políticos discuten del apruebo o rechazo. Muchos miran los noticieros avergonzados, irritados o miedosos.  Sin embargo cuesta mirarlo todo como cristiano.

 Conviene empezar por  asumir nuestra historia nacional en la materia. Sin volver demasiado por atrás recordemos hace 50 años las manifestaciones de la ENU en tiempo de la Unidad Popular, pero,  más recientes,  los  dos movimientos escolares que ocurrieron. El primero: el descontento general del sistema educacional, la revolución de  los “pingüinos” que congregó 600.000 manifestantes el año 2006 en todo el país , esos escolares tienen hoy día  más de 25 años. Otra rebelión escolar  fue, ella, el detonante del desastre del  Metro  el año pasado cuando saltaron en masas los torniquetes de peaje del Metro. Chile arrastra un  sistema educativo catastrófico porque ahondó  las desigualdades sociales y porque creó unas  generaciones de productores–consumidores pero no de ciudadanos.

En realidad la Educación nacional no abarca toda la juventud porque una encuesta de 2016 calcula en 200.000  los jóvenes de Santiago, de entre 15 y 29 años, son  “Nini” vale decir que ni estudian ni trabajan. Son casi medio millón en Chile, esas cifras se esconden porque son espantosas. Por lo demás, si uno revisa por ejemplo el programa de gobierno actual, sorprende que los jóvenes no fueron  considerados como grupos prioritarios, fueron relegados entre  los problemas familiares o se incluyeron en la problemática  educativa. El texto nombra 3 o 4 proyectos juveniles sin mayor detalle pero no se les conoce ejecución posterior. Se dilató la discusión de una educación privada y/o de calidad. No se gastó ni esfuerzo ni plata para la educación cívica, las organizaciones  juveniles, la participación política de los jóvenes. Se entregó la juventud a lo que el mercado les podías ofrecer, se los abandonó al juego de las entretenciones y de las opiniones de las redes sociales. Estos  “antisociales” como los tildan son la punta del iceberg de la crisis de la sociedad entera.

 Las generaciones adultas no pueden eludir sus errores, sus deficiencias, sus maldades, su pasividad  en lo que concierne la formación de las nuevas generaciones…No solamente hay que culpar los poderes del Estado porque las políticas y las religiones se envejecieron de la misma manera sin implicar verdaderamente la juventud. Como botón de muestra se puede recordar el Sínodo de los obispos sobre la juventud en Roma en 2018.  Treinta y siete  jóvenes  de Chile  asistieron pasivamente al encuentro y la sola joven chilena  que pudo decir algo fue para denunciar el infantilismo de la catequesis y la falta de preparación de los jóvenes para su rol social. Desde entonces, todo quedo archivado y quien tiene alguna experiencia de los ambientes universitarios puede testimoniar de la pobreza pastoral existente en esos centros de formación superior. Algunos jóvenes participan  en  movimientos espiritualistas pero sin  incidencia social. Nadie se atreve a evaluar los resultados de los cursos de religión y de la educación confesional. En las parroquias y en las comunidades aparecen algunos jóvenes en los coros pero son muy poco. A menudo las planificaciones diocesanas para la juventud son paternalistas  y se quedan en buenas intenciones. Por esto las nuevas generaciones se distanciaron  del patriarcado de las religiones como de las políticas.

Los jóvenes están pagando los gastos de la crisis actual de la humanidad. El Progreso  económico, tecnológico, cultural, social …esta desequilibrado. Sin embargo no es el momento de dejarse llevar por el miedo, la inseguridad o la apatía, lo contrario, hay que pensar en cambios profundos y serios en la manera de pensar y de vivir.

Como cristianos es el momento de comprender el llamado de Jesús a la “conversión”. Los evangelios no son dulzones ni tranquilizadores sino inquietantes y comprometedores  Jesús fue radical y crítico, comparó su generación a unos ciegos que guían otros ciegos, un rebaño sin pastor, unos niños que no saben a qué jugar. Dijo no  haber  venido a traer paz sino división”. Dijo que no hay que estar  durmiendo o descuidando, el momento es grave y obliga a la vigilancia.

Se debe dejar de considerar a todos esos jóvenes como delincuentes y antisociales. Son los para quienes Jesús dio su vida. El verdadero Progreso   de la humanidad está en el futuro de estos jóvenes, marginales y  problemáticos, está en el futuro  de los niños de las migraciones, el futuro de todos los inválidos…  y, para cada cristiano, cada uno de ellos es relación con el mismo Cristo. La vida eterna está en la participación en este mundo nuevo que se viene gestando, en este mundo que se salva paso a paso por la gracia de Dios, este mundo donde se construye el Reino de Dios.

Dirán algunos: es imposible perdonar a los antisociales lo que están haciendo, el vandalismo, la violencia, los  atropellos son maldades. Esto es cierto si se considera que perdonar es tener indulgencia, despenalizar u olvidar. Pero Jesús dice “hay que perdonar hasta 77 veces”.  Vale decir: hay que amar lo suficiente como para llegar a ganarle a la violencia, a la maldad.  Allí se espera a los cristianos.  “Les envío como corderos  en medio de lobos. “Sean pues astutos como serpientes y sencillos como palomas”.

La coyuntura actual  del Plebiscito  es la oportunidad de aceptar la proposición de cambiar la Constitución. En un gesto, en él que podemos concretar  nuestros anhelos más profundos. Háganoslo como un acto de fe y pidamos a Dios    los recursos superiores por adelante para comprometernos en un cambio social cada uno a nuestro nivel.

Paul Buchet

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