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Sumak Kawsay, buen vivir, otra forma de construir el mundo 

sumak-kawsay

Fernando Astudillo Becerra*.-

La instalación de la Convención Constitucional y las futuras elecciones han puesto nuevamente en la mesa de discusión: programas, propuestas y discursos. Uno de los que se empieza a escuchar es el del Buen Vivir, parece que muchos que usan el concepto están lejos de comprenderlo y de algún modo lo distorsionan, ya que es poco comprensible que no asuman que es un paradigma contra hegemónico a la mirada del neoliberalismo dominante y su forma como  construye la sociedad. 

El buen vivir ha dado lugar a una proliferación de significados ( no tan distintos desde mi mirada) para un mismo concepto[1]. De ahí que, desde una perspectiva desconstructivista, se ha afirmado que existen, al menos, cinco maneras de entender el buen vivir: la primera es un concepto indigenista y pachamamista (prioriza la identidad); la segunda es un concepto socialista (prioriza la equidad); la tercera es un concepto ecologista (prioriza la sostenibilidad)[2].   Estas tres primeras se relacionan con una corriente ideológica de la izquierda latinoamericana (indigenismo, socialismo y ecologismo); corrientes que se inspiran en  el concepto de buen vivir y que lo proponen como un programa político en un contexto de lucha contra la hegemonía del neoliberalismo en América Latina.

Sin embargo en este proceso deconstructivo del concepto buen vivir encontramos dos formas más de entenderlo: una versión antropológica del buen vivir, que podemos denominar como originaria, que  como todas lleva implícita una propuesta alternativa al desarrollo, que se conoce por su denominación en kichwa como sumak kawsay; y una versión que surge del ámbito académico y que lo que hace es una síntesis de las cuatro conceptos antes reseñados, que se relacionan o estarían relacionadas con otro desarrollo[3].

El buen vivir latinoamericano también denominado sumak kawsay (en kichwa), vivir bien, suma qamaña (en aymara) es un concepto que hace referencia a la concepción de la vida deseable, inspirada en la cultura de los pueblos indígenas de América Latina; es un concepto que puede ser definido como una forma de vida en armonía con uno mismo o una misma, con la sociedad y con la naturaleza.

Con la incorporación del concepto de buen vivir en las constituciones de Ecuador y Bolivia en 2008 y 2009, este pasó a ser objeto del debate político de la izquierda latinoamericana, con tres significados que se complementan y se completan: primero  como buen vivir indigenista y pachamamista; segundo como buen vivir  socialista; y  tercero  como buen vivir ecologista y posdesarrollista. Hacia mediados de la  década pasada, los discursos políticos progresistas latinoamericanos no abandonan el concepto de buen vivir, sino que lo resignifican, de manera académica, como un buen vivir que es inclusivo de las otras concepciones de buen vivir.   Este concepto se ha convertido en una propuesta de transformación cultural, política y filosófica  que nace de los pueblos originarios de américa latina[4] y que invita a la construcción de otro mundo como una tarea y un paradigma posible.

Hay que recalcar que el buen vivir, se presenta como una propuesta alternativa al desarrollo que conocemos, el capitalista, o que nos han presentado como el ideal de una sociedad, a través de él se busca  alcanzar una forma de vida que logre la  triple armonía a la que ns referimos en párrafos anteriores.

El buen vivir originario denominado sumak kawsay, nació en el seno de las comunidades kichwas amazónicas,  influido por el shiir waras achuar[5] y el pnker pujustin shuar[6]. Desde allí a inicio de 1990 comienza una reflexión sobre su forma de vida, como alternativa a la propuesta del desarrollo que les comunicaban los agentes de la cooperación internacional para el desarrollo[7] por la Organización de Pueblos Indígenas de Pastaza (OPIP), y de la comunidad kichwa amazónica de Sarayak. La concepción amazónica del sumak kawsay, traducido como buen vivir, pero que también significa vida límpida y armónica, se sustenta en tres ideas fuerzas: el Sacha Runa Yachay (la sabiduría del hombre de la selva), el Runakuna Kawsay (la vida del pueblo) y el Sumak Allpa (la tierra sin mal), que pueden ser interpretados como la armonía con uno mismo (dimensión cultural de identidad), la armonía con la comunidad (dimensión social de equidad) y la armonía con la naturaleza (dimensión ambiental de sostenibilidad)[8].

“Los kichwas amazónicos sostienen que el sumak kawsay debe darse en un territorio concreto, el cual se convierte en un cosmos vital en el que las personas pueden interactuar entre ellas y con los elementos materiales y espirituales de la naturaleza. Este territorio tiene tres ámbitos: la huerta de la que se puede obtener el sustento básico (yuka y otros alimentos; entre ellos la chicha de yuka); la selva de la que se puede obtener la carne de caza, como complemento de la dieta, y otros materiales; y el agua terrestre de la que se puede obtener el agua de uso doméstico y el pescado, como complemento de la dieta”[9]. Ello supone para conseguir de dicho territorio los recursos necesarios para el sumak kawsay “es necesario un buen manejo de los suelos, del bosque y de las aguas; lo cual está relacionado con una serie de elementos materiales y espirituales basados en los mitos del espíritu de la huerta, de los espíritus de la selva y de los espíritus de las aguas”[10].

Además, es un requisito necesario para obtener de la tierra los recursos para el sumak kawsay, que  cada persona “debe desarrollar una serie de cualidades, como son: su fortaleza interior, su conducta equilibrada, su sabiduría, su capacidad de comprensión, su visión de futuro, su perseverancia y su compasión. Y todas estas cualidades las va adquiriendo cada persona a lo largo de su vida por medio de un proceso de enseñanza/aprendizaje comunitario, basado en la experiencia y en los mitos”[11]Si una persona posee dichas cualidades podrá interactuar con la huerta, con la selva y con las aguas para conseguir los recursos materiales imprescindibles, y nada más que los imprescindibles, para el sumak kawsay. Aunque el sumak kawsay tiene además una dimensión ética, relacionada con una serie de valores sin los cuales éste no podría mantenerse en el tiempo. Dichos valores son:  la armonía doméstica,  la solidaridad,  la ayuda,  la generosidad,  la obligación de recibir,  la reciprocidad, el consejo y  la escucha.”[12]

La conclusión es sencilla, la existencia del sumak kawsay requiere de una armonía en cada casa, si no lo hay no puede haber un buen vivir en la comunidad. Otra expresión de éste es la solidaridad, que se manifiesta en  las mingas[13], en ayudar a los que no tienen, en compartir los alimentos, en el especial respeto a ancianos y viudas. Esta solidaridad tiene otros valores relacionados, como son la obligación de recibir, que es la contrapartida del dar, rehusar la generosidad constituye un insulto; y la reciprocidad, que consiste en dar, sabiendo que cuando lo necesite recibirá de vuelta independientemente del tiempo en que ello ocurra.

Podemos decir entonces que el sumak kawsay es una filosofía de vida de la comunidad  indígena basada en la triple dimensión: la armonía con uno mismo, con los demás miembros de la comunidad y con los demás seres de la naturaleza.  Así el sumak kawsay se constituye en un proyecto de vida que va mucho más allá de lo meramente económico. Lo anterior es una síntesis de la concepción Originaria  del Sumak Kawsay, revisemos ahora las otras concepciones.

Lo primero que debemos decir es que los conceptos del buen vivir indigenista y o pachamamista socialista y ecologista aparecen con mayor fuerza una vez que el buen vivir o vivir bien fue incorporado en las constituciones de Ecuador y de Bolivia en los años 2008 y 2009 respectivamente[14].  Es en estas constituciones donde se expresa con absoluta claridad el buen vivir en Ecuador y el vivir bien en Bolivia, desde una dimensión política, lo que se manifiesta en diversos esfuerzos gubernativos por materializar en la vida del conjunto de la sociedad estos conceptos,  lo que se expresa, por ejemplo, en el plan nacional para el buen vivir de 2009-2013 de Ecuador[15].

La versión indigenista y pachamamista del buen vivir lo  entienden  como vida en plenitud. Aunque prefieren hablar del sumak kawsay (en kichwa), del suma qamaña (en aymara) o del allin kawsay (en quechua), y no del buen vivir o del vivir bien (en español), porque tienen la convicción que estos últimos conceptos han sido despojados de la dimensión espiritual que tienen y han sido asociando con un bienestar material, con el buen vivir no guarda ninguna relación[16].

En una cuestión que resulta central para esta posición, rechazan el desarrollo moderno como aspiración social, por considerarlo una forma más de colonización, ya que el concepto de desarrollo no existe en la cosmovisión andina; por lo que no son variantes indígenas del desarrollo, formas de etnodesarrollo o de desarrollo con identidad[17].

Quienes sostienen esta posición postulan por un sistema socioeconómico comunitario  o de comunismo primitivo; y buscan que el principal referente cultural de la latinoamérica sea la cosmovisión andina  y las otras cosmovisiones indígenas de manera que recuperando la identidad ancestral perdida  se propicie un cambio civilizatorio[18].

De este modo, el sumak kawsay, el suma qamaña y el allin kawsay son filosofías de vida basadas en las tradiciones ancestrales de los pueblos indígenas.

Una cuestión política central de este enfoque es el reclamo de la autodeterminación de los pueblos indígenas y la propuesta y lucha política por convertir a los Estados-nación latinoamericanos en Estados plurinacionales; consecuentemente con ello ponen en el centro de sus reivindicaciones la recuperación de las tradiciones ancestrales de dichos pueblos y de los elementos espirituales relacionados con el buen vivir, la Pachamama y otras divinidades, espíritus, mitos y ritos de las culturas indígenas[19] . Todo en perfecta concordancia con las normas del Convenio 169 de la OIT, de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas y la Declaración Americana sobre los Derechos de los pueblos indígenas.

La versión socialista del buen vivir no necesariamente puede definirse como estatista, a diferencia de lo que sostienen autores como Cubillos-Guevara e Hidalgo- Capitán, toda vez que desde nuestra mirada lo que busca es  generar un amplio espacio para el desarrollo de la vida propia de las comunidades indígenas, el reconocimiento de sus culturas, de su derecho y de su autodeteminación, sin ingerencia estatal, sino siendo el Estado un órgano protector y promotor del desarrollo propio de esas comunidades.

Esta versión es la propia del pensamiento neomarxista de los intelectuales vinculados a los gobiernos de Ecuador, Bolivia[20]; que entienden el buen vivir como una expresión del socialismo comunitario andino, como vivir bonito, como parte de lo que es el socialismo del siglo XXI[21].  Comprenden que el buen vivir es mucho más que un planteamiento indígena ya que está en armonía con pensamientos tales como la revolución ciudadana, la revolución bolivariana, la economía social y solidaria, la resistencia a la globalización. Se asume el buen vivir es un modelo de desarrollo alternativo al neoliberalismo.Este enfoque concede relevancia al papel que debe jugar el Estado en la implementación del buen vivir.

Sin embargo esto no convierte al Estado en el agente político principal e intérprete único de la voluntad popular; ni excluye de la acción política a los movimientos sociales sino que los potencia.

A lo que se aspira es a una transformación del sistema socioeconómicos capitalista reinante en latinoamerica por  sistemas poscapitalistas, en  donde las entidad principal sea una economía social y solidaria y a escala humana tengan un gran protagonismo; de hecho, el poscapitalismo es el propósito último del uso que hacen del buen vivir, ya que se aspira a la equidad y a la erradicación de la pobreza a partir de políticas redistributivas[22].

La corriente socialista asocia el buen vivir con un aumento del bienestar subjetivo de carácter tangible e intangible -satisfacción de necesidades, calidad de vida, florecimiento saludable en paz y armonía con la naturaleza[23].

La versión ecologista y posdesarrollista del buen vivir es la propia de los intelectuales vinculados con la crítica al desarrollo y con los movimientos sociales latinoamericanos; que identifican el buen vivir con una utopía por (re)construir, o con la concreción territorial del concepto de buen vivir; lo entienden como una propuesta alternativa al desarrollo y rechazan el desarrollo moderno como aspiración social, por considerarlo una forma de dominación[24].

Se propone que cada comunidad defina su propio buen vivir, poniendo la sostenibilidad ambiental como requisito fundamental. Así, aspiran a construir múltiples sociedades que vivan cada una bajo un buen vivir propio,  lo que se expresaría en las concepciones indígenas, campesinas, sindicalistas, cooperativistas, solidarias, feministas, pacifistas, ecologistas, socialistas, de la teología de la liberación, decolonialistas[25].

Se aspira a que la sociedades sean  biocéntricas, es decir, la naturaleza ocupará el centro de las preocupaciones e intereses de los ciudadanos y del Estado[26].  Dicho proceso, dota al sumak kawsay de una mayor riqueza conceptual y en ningún caso puede pensarse que desvitúa la esencia indígena del buen vivir, no hay que olvidar que los primeros protectores de la naturaleza son los pueblos indígenas, adicionalmente amplia el universo de personas y grupos que se suman a este proyecto.

Esta promoción de las relaciones armónicas con la naturaleza por medio del respeto de los derechos de ésta, se expresan bellamente en el Título II capítulo sexto artículos 71 a 74 de la Constitución de la República de Ecuador.  Lo cual debiera significar un buen ejemplo de que es posible  transformar  los estatutos jurídicos de los Estados y así sentar las bases para superar  las economías esencialmente extractivistas de América Latina[27] y que nuestros constituyentes deberían tener muy a la vista en el momento de pensar en formas de desarrollo más amigables con los seres humanos, sus comunidades, los animales y la tierra.

Hoy estamos en una etapa donde el mundo académico intenta hacer síntesis de las tres versiones del buen vivir recién analizadas, para ello lo que se ha hecho es hacer a un lado los elementos polémicos de cada una de ellas. Así, “se abandona la espiritualidad, defendida por los indigenistas y pachamamistas, el estatismo defendido por los socialistas y el localismo, defendido por los ecologistas y posdesarrollistas; y, por el contrario, se centra en incluir la identidad, destacada por los indigenistas y pachamamistas, la equidad, destacada por los socialistas y estatistas, y la sostenibilidad, destacada por los ecologistas y posdesarrollistas; y se hace concediendo a cada una de estas variables la misma relevancia”[28].

Esta concepción sintética del buen vivir  ha sido definida como aquella propuesta alternativa al desarrollo que persigue la consecución de una forma de vida en armonía con uno mismo, una misma; con la sociedad y con la naturaleza, y que por tanto persigue mejoras en la satisfacción personal, la equidad social y la sostenibilidad ambiental. Y esta concepción sintética podría servir de base para la transformación de las sociedades latinoamericanas, como acostumbra a decirse hoy, en sociedades decoloniales, poscapitalistas y biocéntricas[29].  

Esta pluralidad de significados del buen vivir latinoamericano, lejos de significar una retroceso del concepto, ha aportado en la  consolidación de éste, ha motivado discusiones y debates filosóficos, políticos y económicos  sobre lo que es y lo que no es, sus proyecciones y posibilidades.

Concluyendo, no se puede hablar de buen vivir si no se comprende la riqueza del concepto y si no se posesiona este como un paradigma contra hegemónico que tiene la capacidad de enfrentarse al neoliberalismo proponiendo formas nuevas de organizar la vida desde los excluidos, en comunidad, en la relación de las comunidades entre sí, entre  hombres/mujeres y de todos/as ellos/as con la naturaleza.  Una esperanza en que otro mundo es posible.

  Valparaíso, septiembre de 2021

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*Es hijo de Alberto y Mercedes, un sastre y una modista de Valparaíso. Abogado, Doctor en Derecho, Magister en Derecho Público, Magister (c) en Filosofía con mención en pensamiento contemporáneo. Universidad de Valparaíso. Correo electrónico: fernando@astudilloabogados.cl

[1] Le Quang, M. y Vercoutere, T. (2013). Ecosocialismo y Buen Vivir. IAEN, Quito.

[2] Cubillo-Guevara, AP (2014). El pensamiento sobre el buen vivir. Reforma y Democracia Nº 60 págs 27-58.

[3] Múnera, M. C. (2016). Resignificar el Desarrollo en la  era del postdesarrollo. En C. Arango, Desarrollo y Territorio. Universidad Católica del Oriente, Río Negro. Colombia págs. 17-46.

[4] Hidalgo-Capitán, A.L. (2011) Economía Política del Desarrollo, Revista de Economía Mundial Nº 28 págs. 279-320.

[5] En el Pueblo Ashuar de Ecuador, Buen Vivir, se entiende como una paz doméstica y una vida armoniosa.

[6] Bienestar, es el buen vivir, a lo que aspira todo shuar, hombre o mujer. La abundancia de alimentos es uno de los elementos que se persiguen en la búsqueda de ese ideal. Incluye ahora el mantenimiento de la alimentación tradicional para conservar la identidad cultural

[7] Subdivisión de Políticas de la Oficina de Coordinación y Apoyo Departamento de las Naciones Unidas de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas.

[8] Sarayaku (2012). Kawsak sacha-selva viviente. Pueblo Originario Kichwa de Sarayaku, Sarayaku Ecuador. En: https://www.iccaconsortium.org/wp-content/uploads/2018/07/Kawsak-Sacha_Declaracion-espa%C3%B1ol.pdf

[9] Viteri, C. (2003). “Súmak káusai”. UPS. Quito pág.41.

[10] Idem pág. 74.

[11] Idem pág 53.

[12] Idem pág 66.

[13] Trabajos colectivos a favor de la comunidad o de uno de sus miembros que lo requiere.

[14] Oviedo, A. (2014). Bifurcación del buen vivir y el sumak kawsay. Ed. Sumak. Quito

[15] Ver en: https://www.planificacion.gob.ec/wp-content/uploads/downloads/2012/07/Plan_Nacional_para_el_Buen_Vivir.pdf

[16] Macas, L. (2010) Sumak kawsay. América Latina en Movimiento, N. 452 págs. 14-16.

[17] Prada, R. (2014) Descolonización y transición. Ed. Abya Yala , Quito.

[18] Estermann, J. (2012). Crisis civilizatoria y vivir bien. Revista Polis nº 33.

[19] Huanacuni, F. (2010) . Buen vivir-vivir bien. CAOI. Lima.

[20] García Linera, A. (2010). El socialismo Comunitario. Revista de Análisis Nº 5. Bolivia.

[21] Borón, A. (2016). Socialismo del siglo XXI. ¿Hay vida después del neoliberalismo?. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

[22] Coraggio, J.L. (2007). La economía social y la búsqueda de un programa socialista para el siglo XXI. Foro Nº 62 págs. 37-54.

[23] Ramírez, R. (2010). Socialismo del sumak kawsay. Senplades, Quito.

[24] Gudynas, E. (2011). Buen vivir. América Latina en Movimiento. Nº 462. Págs. 1-20.

[25] Oviedo, A. (2011). Qué es el Sumakawsay. Ed. Sumak. Quito. Págs. 237-238.

[26] Gudinas, E. (2009). La dimensión ecológica del buen vivir. Revistas Obest Nº 4 págs. 49-53.

[27] Acosta, A. y Martínez E. (2011). La naturaleza con derechos. Ed. Abya Yala Quito.

[28] Cubillo-Guevara, A.P. e Hidalgo- Capitán, A.L. (2015). El transdesarrollo como manifestación de la transmodernidad. Revista de Economía Mundial Nº 41 págs. 127-158.

[29] Rodríguez-Magda, R.M.(2004). Transmodernidad. Anthropos. Barcelona.

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