|Lunes, Agosto 15, 2022
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Con pasión y convicción: aprobamos nueva Constitución 

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La leí a conciencia, y estoy convencida de que es una buena carta fundamental; una Constitución imperfecta, sí, como toda creación humana, pero buena y mucho mejor que las que han caducado en nuestra breve historia de país republicano, asolado por golpes traicioneros. 

Hoy tenemos entre nuestras manos la nueva ley fundamental de la República de Chile, por primera vez pensada y escrita por una Asamblea / Convención Constitucional, paritaria, con inclusión de representantes de pueblos originarios y conformada luego de una votación democrática, en que cada convencional llegó allí porque ciudadanas y ciudadanos de Chile creyeron que podría representarles en sus anhelos, necesidades y valores.

Una nueva Constitución nacida desde el fuego de la Revuelta, hija del Estallido Social de octubre de 2019. Sí, nos guste o les disguste, se gestó en las calles; no hubiese sido posible sin las manifestaciones ciudadanas y la protesta ante décadas de abusos legalizados, amparados en la Constitución del dictador, remozada superficialmente y en la medida de lo posible por cierta clase política de la primera década del siglo 21. Tampoco hubiese sido posible sin el polémico y pragmático acuerdo político, en el que se estableció el compromiso de trazar la ruta de un proceso constitucional. Acudimos a un plebiscito de entrada, el 25 de octubre de 2020, en el que el ochenta por ciento de quienes votamos aprobamos redactar una nueva carta fundamental de la República. Fue hermoso, épico; entre pandemia y represión, entrelazada con angustias renacía la esperanza para millones de compatriotas.

Estamos ad portas de ratificar la nueva Constitución el 4 de septiembre de 2022, en el plebiscito de salida. Por primera vez en la vida de muchas ciudadanas/os el universo electoral se plasma bajo la premisa de voto obligatorio, apelando a un deber democrático básico, desde mi punto de vista, el cual se refrenda en el proyecto de la nueva Constitución 2022.

Mucho se juega en este plebiscito: la nueva Constitución propone que la historia de Chile, a partir del siglo veintiuno, se sostenga sobre el irrestricto respeto de los derechos de la naturaleza, de las personas y animales, que se reconozcan y validen las diversas formas de desarrollo desde los pueblos y las culturas que coexisten en nuestro territorio, que se les dé prioridad a quienes son más vulnerables y necesitan mayor apoyo y posibilidades para florecer, desde su belleza única: sean personas neuro-diversas, jubiladas, diversidades de género y disidencias, discapacitados o con capacidades diferentes, entre tantas chilenidades y etnias que brindan riqueza a la República. La nueva Constitución visibiliza un principio que como psicóloga me resulta tan cercano y valioso: la interdependencia.

También la nueva Constitución enfatiza la necesidad de un gobierno único pero descentralizado, regional, bien articulado y justo. En fin, esto no es un resumen: léanla, convérsenla, compárenla con la que ya está muerta, y que no puede ni debe ser nuestra carta de navegación.

Muchas sombras y podredumbre han intentado lanzar sobre el proyecto resultante del proceso constitucional. El peso de la noche parece seguir acechando a Chile, pero son demasiadas primaveras las que hemos sobrevivido, hemos tejido con fibras firmes y coloridas; no podrán contra la voluntad democrática, feminista, solidaria y plurinacional que nos cobija y nos engrandece. Ante el temor de perder sus privilegios y un orden establecido por la fuerza y el abuso de leyes acomodadas para los poderosos, han multiplicado mentiras, amplificado defectos e imperfecciones, distorsionando lo escrito. Tienen los medios económicos y propagandísticos a su favor, es cierto, pero nosotros tenemos la fuerza de la esperanza, de la dignidad y la creatividad danzando en un movimiento repleto de certezas y de tensiones. Sin ello no hay vida, solo costumbre y sumisión. Es un movimiento que nos enorgullece, que abre las calles, dialoga en establecimientos educacionales, en el trabajo, convoca en las redes sociales; es marea morada, multicolor, diversidades viejas y nuevas, que ni dos años de pandemia lograron desbaratar.

Con todo lo vivido, por todos los muertos, las y los mutilados, quienes lucharon y padecieron desde los albores de la República, como Javiera Carrera, entre tantas mujeres silenciadas y enterradas bajo los llamados padres de la patria, les invito a Aprobar. Estoy segura que las viejas y viejos sabios de nuestro Chile, las trabajadoras y trabajadores del país, reforzados por millones de jóvenes, muchos votando por vez primera, haremos historia, Buena Historia por fin, el comienzo de otra sociedad. 

Con pasión y convicción, por Dignidad, llamo a APROBAR NUEVA CONSTITUCIÓN.

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