|Jueves, Septiembre 29, 2022
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La derrota de una República solidaria 

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Probablemente la declaración más importante que hacía el proyecto de nueva constitución, por sobre los 108 derechos humanos que se garantizaban y por sobre la definición de Chile como un “Estado social y democrático de derecho”, era la que expresaba el artículo 1 numeral 2: Chile: “2. Se constituye como una república solidaria…

Por ello bien vale preguntarse si ¿los resultados del 4 de septiembre fueron una derrota de la solidaridad?. Del mismo modo intentaremos buscar una respuesta sobre el por qué de un resultado tan categórico.

Comencemos señalando una obviedad, en el proceso constituyente más importante -por lo democrático en su generación y en su proceso de escrituración- de toda nuestra historia republicana,  quienes creemos en la construcción de nuevos paradigmas (o tal vez no tan nuevos) hemos sufrido una gran derrota.

Desde ya, dejemos sentado que las razones son múltiples y muy probablemente no se agoten en esta columna.

Primero, no supimos evaluar y ponderar adecuadamente la fuerza de las ideas, el espíritu, la cultura capitalista y como esta ha permeado a toda nuestra sociedad.  En Chile al menos, el capitalismo, con todas sus crisis, no parece estar ni muerto y menos enterrado.

Segundo, no supimos evaluar lo que expresó la revuelta social de octubre de 2019, masiva, hermosa, llena de esperanza, con millones de personas movilizadas.  Sin embargo podemos hacer dentro de las muchas lecturas del proceso a lo menos dos:

  1. De ella participamos nosotros, los mismos, esos cinco millones de chilenos y chilenas que salimos a votar apruebo.
  2. Creímos representar a la mayoría, (pero nunca fuimos la mayoría). Ya que lo que se produjo fue la expresión de un descontento generalizado, más que el anhelo de las mayorías de construir un nuevo paradigma y eso son dos cosas muy distintas. El mundo político y social, no supo leer las señales.

Tercero, los errores comunicacionales: entregamos las redes sociales, las que se inundaron de mensajes del rechazo.  Nunca pudimos con los fake news y el enorme cúmulo de mentiras que construyeron disfrazadas de una supuesta legítima: “otra interpretación”.

Había que tocar el corazón de las personas, la emoción,  lo mejor de ellas y comunicacionalmente no se hizo. 

La derecha, a través de sus múltiples medios, toca con su mensaje lo peor de la sensibilidad de las personas y de la sociedad y atribuye la responsabilidad de la violencia a la izquierda,  lo hace de forma efectiva, promueve así el racismo, el individualismo, el egoísmo y lo disfraza de los medios para lograr la felicidad.

Las ideas son fundamentales, por supuesto que debemos convencer y concientizar, sin embargo también hay que prefigurar para las personas el mundo distinto que proponemos, debemos visibilizar nuestras propuestas. El mundo popular ve en su población: abandono, delito, pobreza; la derecha prefigura mundos caóticos, de los cuales responsabiliza a la izquierda, y a las personas les hace sentido, porque lo ve todos los días .

Cuarto, la postura del gobierno estuvo lejos de ser la mejor, puso en un pie de igualdad el apruebo con el rechazo, y peor aún, anticipó una reforma a la constitución si ganaba el apruebo. Podía entenderse como asumir el discurso de la derecha: “estamos frente a un muy mal proyecto constitucional”.  Era casi una invitación a votar rechazo.

Nunca propuso alternativas potentes  que de algún modo anticiparan lo que el proyecto proponía, estuvo siempre a la defensiva y quien ponía la pauta fue siempre la derecha.

El corolario lo puso el presidente Boric cuando dice, en su discurso después de los resultados, que en un nuevo proceso constituyente:  “la violencia e intolerancia debe quedar a un lado” dándole razón a la narrativa del rechazo que decía que la nueva constitución era mala y se escribió con odio.

Quinto, los resultados en los sectores populares nos demuestra que no estamos escuchando, no entendemos a quienes nosotros creemos y decimos representar, Esto es un baño de realidad.  La constitución, en definitiva, no los representó.

Hubo un claro rechazo al contenido de la constitución, nos formamos la falsa idea de que los chilenos y chilenas querían, en materia de los pueblos indígenas, la plurinacionalidad y el reconocimiento de estos, sin embargo, nada de ello era así, solo una mirada romántica de los derechos de estos pueblos pero nada que provocara las transformaciones que efectivamente les devolvían los derechos por los que por siglos han luchado.

Tampoco parecen querer derechos sociales, les hacen más sentido los derechos individuales. Rechazaron consagrar como derecho la educación (la constitución del 80 solo reconoce el derecho a elegir donde educarse y concibe a la educación como un bien de consumo); la salud a través de un Sistema Nacional de Salud, que recibirá todas las cotizaciones obligatorias en salud, pudiendo estar integrado por prestadores públicos y privados; el trabajo como un derecho (la actual constitución consagra el derecho de elegir donde trabajar); en previsión se proponía un Sistema de Seguridad Social público, financiado con rentas nacionales y cotizaciones obligatorias, parece que el mensaje “con mi plata no” fue más potente; el derecho a la ciudad, a una vivienda digna; el reconocimiento al trabajo doméstico o la creación de un Sistema Integral de Cuidados universal y solidario; el agua como bien inapropiable y el derecho humano al agua que se prioriza sobre sus demás usos y creaba una Agencia Nacional de Aguas para su uso sostenible (el resultado en Petorca nos vuelve dolorosamente a la realidad); los grandes avances en materia de descentralización; lo ecológico y la naturaleza como sujeto de derechos; la perspectiva de género que atravesaba todo el nuevo texto constitucional.

Sexto, todo lo anterior expresa nuestra derrota cultural ya que, sin duda, la mayoría de las personas que votaron no querían un cambio de paradigma en el modelo político y económico que nos llevara a la construcción del respeto por la dignidad, la naturaleza y los derechos humanos de pueblos y comunidades. Perdimos no porque la gente no lea, no comprenda, no por los fake news, perdimos porque esencialmente las mayorías optan, desde el lugar donde se encuentran, por el proyecto de sociedad que les ofrece el capitalismo.

Finalmente, respecto del prometido cambio constitucional de los triunfadores, tenemos muy poca fe de que este se materialice, y ya hay indicadores de ello: por una parte no están los votos suficientes en el congreso para que suceda, y de suceder, muy probablemente será un cambio cosmético, el tantas veces conocido “gatopardismo”que necesariamente expresará el consenso del pensamiento y la visión de sociedad del neoliberalismo.

No hay que perder de vista que, lo único jurídicamente cierto, es que si el 4 de septiembre de 2022 sufría una derrota la opción apruebo, se aplica lo señalado en el artículo 142 inciso final de la Constitución del 80: “Si la cuestión planteada a la ciudadanía en el plebiscito ratificatorio fuere rechazada, continuará vigente la presente Constitución.”

Después de este análisis, que vislumbra un escenario difícil para los tiempos venideros, qué hacemos: Fortalezcamos la enorme  fuerza política que representan esos cinco millones de votos -la que viene expresándose en el plebiscito de entrada, en la elección del Presidente Boric y ahora en el plebiscito de salida. Esta fuerza electoral es consistente con un proyecto y un ideario más o menos común, que hoy tiene una expresión concreta en el derrotado proyecto de nueva constitución.

No renunciemos a la búsqueda y construcción de la unidad política y social del pueblo y de las izquierdas. No podemos empezar a dividirnos con acusaciones de traición y amarillismos; debemos buscar el diálogo y el encuentro entre aquellos que queremos producir efectivos cambios en las condiciones de dignidad y de vida de los pueblos de Chile.

Trabajemos con más ahínco en construir organización y en concientizar.  Escuchemos más, seamos humildes, aprendamos de la lucha cotidiana por la subsistencia.

No traicionemos el programa que eligió al Presidente Boric.

Entremos con fuerza en la batalla de las ideas, es allí donde podemos provocar cambios culturales indispensables para construir otro mundo, así seremos capaces de anticipar la sociedad que prometemos y promovemos, de modo que las personas visualicen que en ella tendrán condiciones que muy concretamente harán mejor su vida.

Sigue pendiente y en desarrollo la tarea de construir un hombre y una mujer nuevos, agregaríamos: comunidades, relaciones culturales, políticas, sociales y económicas nuevas.

Por lo que, parafraseando a Martín Luther King, decimos: La Solidaridad, aún vencida provisoriamente, permanece siempre más fuerte que la muerte.

Fernando Astudillo Becerra / Abogado 

Magister en Derecho Público y Doctor en Derecho de la Universidad de Valparaíso.

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