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¿Una segunda ‘Marea Rosa’? 

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El ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva aspira a volver al poder aupado por un frente democrático que desafíe a la extrema derecha de Jair Bolsonaro. Para eso, selló una alianza con su ex-adversario Geraldo Alckmin y busca trascender las fronteras de la izquierda. Por ahora, el ex-presidente encabeza las encuestas, pero incluso en caso de ganar, no es claro que se puedan recuperar los ejes de los gobiernos petistas del pasado.

La “Marea Rosa” brasileña tuvo lugar entre 2003 y 2016, con el país gobernado por el Partido de los Trabajadores (PT) durante cuatro mandatos consecutivos. El cuarto de estos mandatos fue interrumpido antes de que alcanzase la mitad del periodo fijado por la Constitución por un proceso de destitución que separó de su cargo a la presidenta Dilma Rousseff en agosto de 2016. Menos de un año después, en julio de 2017, el ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva fue condenado a nueve años y seis meses de prisión, por supuesta participación en los casos de corrupción que involucraron a Petrobras, la petrolera estatal. Líder del PT, era también la carta principal del partido para las elecciones presidenciales del año siguiente.

La situación actual de Brasil reproduce, en cierto modo, los desarreglos que vienen padeciendo las democracias en diversas partes del mundo. Que tales desórdenes afecten también a países y regiones enteras en donde la práctica de la democracia ostenta fuertes raíces históricas es algo que otorga a la crisis actual un perfil bastante inédito y peculiar. Por primera vez en mucho tiempo, se da una sincronía casi perfecta de graves perturbaciones políticas tanto en países caracterizados típicamente por la precariedad o la intermitencia de sus regímenes democráticos como en otros donde la democracia podría considerarse estable y sólida, como Estados Unidos y varias naciones de Europa occidental.

Consciente de estos riesgos, Lula da Silva busca reforzar sus filas con nuevos aliados. Tal vez la adhesión más impactante a la fecha fue la de su antiguo adversario oriundo de las líneas del psdb, el ex-gobernador de San Pablo Geraldo Alckmin, quien aceptó la invitación a sumarse a la fórmula en calidad de candidato a vicepresidente [14]. Esta iniciativa dejaría ver, en principio, la necesidad de Lula da Silva de acercarse “al centro”, especialmente tratándose de una elección en dos turnos. Pero es también un fuerte indicio de que no solo los diferentes sectores del electorado, sino también sus respectivos líderes políticos, buscan dar forma al realineamiento que antes comentábamos. Esto se integra, por ende, en un movimiento más profundo, no ya de una candidatura de izquierda que aspira a atraer al “centro” hacia ella, sino de una metamorfosis viabilizada en una fórmula que represente a todo el heterogéneo campo democrático.

Ese es el escenario de fondo que se perdió en la coyuntura actual. Por eso mismo, el posible triunfo de la candidatura de Lula da Silva, que hoy se ofrece a los electores, no podrá reproducir la “marea rosa” de 20 años atrás. Si el amplio campo que esta representa se encontrase convergiendo en un programa común de reconstrucción del régimen democrático y si estuviese madurando un acuerdo acerca de los caminos de superación positiva de los errores y fracasos previos, tal vez las perspectivas serían otras, por lo pronto más nítidas y consensuadas. Pero no es esto lo que podemos ver. Por lo demás, la coalición democrática que hoy se está decantando tendrá que ser muy consciente de que, si fracasa, pone al país en un enorme riesgo de fortalecimiento de la extrema derecha en una versión más nociva que la que conocemos. Así las cosas, es fundamental que esta coalición democrática pueda explicar sus objetivos, más allá de ser la “alternativa al autoritarismo”.

Finalmente, habrá que tener en cuenta los condicionamientos de la coyuntura internacional, también muy distinta de lo que fue en los años de la “marea rosa”. Hoy, un nuevo gobierno presidido por Lula da Silva estará mucho más sujeto que en sus mandatos anteriores a un cuadro global muy complejo, y no es nada sencillo augurar cómo incidirán las turbulencias en curso.

Cicero Araujo / Profesor de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Sao Paulo

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