|Martes, Diciembre 6, 2022
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La Iglesia no puede ser sinvergüenza 

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 En el vuelo de regreso de Baréin a Roma: Pregunta del periodista Hugues Lefevre de I. Media.-

Esta mañana, en su discurso al clero de Baréin, usted habló de la importancia de la alegría cristiana, pero en los últimos días muchos fieles franceses han perdido esta alegría al descubrir en la prensa que la Iglesia había mantenido en secreto la condena en 2021 de un obispo, ahora jubilado, que había cometido abusos sexuales en los años noventa mientras era sacerdote; cuando esta historia salió en la prensa, cinco nuevas víctimas se presentaron. Hoy en día muchos católicos quieren saber si la cultura del secretismo de la justicia canónica deba cambiar y volverse transparente (y a mí) me gustaría saber si usted cree que las sanciones canónicas deben hacerse públicas, gracias. 

“Me gustaría empezar (con) algo de historia sobre esto. El problema de los abusos siempre ha estado ahí, no sólo en la Iglesia, sino en todas partes.

Ustedes saben que el 42-46 % de los abusos sexuales se producen en la familia o en el barrio; esto es gravísimo, pero la costumbre siempre ha sido la de encubrir, en la familia aún hoy se encubre todo, e incluso en el barrio se encubre todo, o al menos la mayoría de los casos; una fea costumbre que empezó a cambiar en la Iglesia cuando se produjo el escándalo de Boston en la época del cardenal Law que, por el escándalo, dimitió; fue la primera vez que (un caso de abuso) salió a la luz como un escándalo. Desde entonces, la Iglesia ha tomado conciencia de ello y se ha puesto a trabajar, mientras que en la sociedad y en otras instituciones normalmente se encubre. Cuando se produjo el encuentro de los presidentes de las conferencias episcopales (sobre este tema) pedí a Unicef, a la ONU, las estadísticas sobre esto, los datos porcentuales: en las familias, en los barrios, en las escuelas, en el deporte… y se hizo un estudio cuidadoso que comprendía también a la Iglesia; y alguien dice que somos una pequeña minoría, pero (yo digo) si fuera incluso un solo caso sería igualmente trágico, porque tú sacerdote, tienes la vocación de hacer crecer a la gente y en cambio comportándote así la destruyes; para un sacerdote, el abuso es como ir en contra de su naturaleza sacerdotal y en contra de la propia naturaleza social, por eso es algo trágico y no tenemos que detenernos, no tenemos que parar.

En esto, despertarse, hacer investigaciones y mover las acusaciones, no siempre (y en todas partes) ha sido todo igual, algunas cosas se ocultaron, antes del escándalo de Boston se cambiaba a la gente (se trasladaba a los sacerdotes), ahora todo es claro y se avanza en esto, por lo que no hay que extrañarse de que surjan casos como este, ahora me viene a la mente otro caso de otro obispo, los hay ¿saben? Y (ahora) no es fácil decir ‘no lo sabíamos’ o ‘era la cultura de la época y sigue siendo la cultura social el ocultar’. Te digo esto: la Iglesia es decidida sobre esto, y quiero agradecer aquí públicamente el heroísmo del cardenal O’Malley, un buen fraile capuchino, que intuyó la necesidad de institucionalizar esto con la comisión de protección de menores que está llevando adelante, y esto nos hace bien a todos y nos da valor.

Estamos trabajando con todo lo que podemos, pero sepan que hay gente dentro de la Iglesia que todavía no ve claro, que no comparte… es un proceso que estamos haciendo y lo estamos llevando a cabo con valentía y no todo el mundo tiene valor; a veces está la tentación de transigir, y también todos somos esclavos de nuestros pecados, pero la voluntad de la Iglesia es aclararlo todo.  Por ejemplo, he recibido dos quejas en los últimos meses sobre casos de abusos que habían sido encubiertos y no juzgados bien por la Iglesia: inmediatamente pedí un nuevo estudio (de los dos casos) y ahora se está haciendo un nuevo juicio; también está esto entonces, la revisión de los antiguos juicios, no bien hechos (que no se han dado correctamente). Hacemos lo que podemos, todos somos pecadores, ¿sabes? Y lo primero que tenemos que sentir es la vergüenza, la profunda vergüenza de eso. Creo que la vergüenza es una gracia. Podemos luchar contra todos los males del mundo pero sin vergüenza…. (no sirve para nada), por eso me sorprendió que San Ignacio en los Ejercicios Espirituales, cuando te hace pedir perdón por todos los pecados que has hecho, te hace llegar hasta la vergüenza, y si no tienes la gracia de la vergüenza no puedes seguir.

Uno de los insultos que tenemos en mi tierra es “sos un sinvergüenza” y creo que la Iglesia no puede ser “sinvergüenza”, tiene que avergonzarse de las cosas malas, así como dar las gracias a Dios por las cosas buenas que hace. Esto puedo decírselo: (tenemos) toda la buena voluntad de seguir adelante, también gracias a su ayuda”.

Papa Francisco en Conferencia de Prensa en el avión / 6-11-2022.

(Transcripción del Dicasterio de Comunicación del Vaticano).

 

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