Julio 17, 2024

+Pablo Fontaine; A mis Hermanos…

 +Pablo Fontaine; A mis Hermanos…

Extracto de la Carta del P. Fontaine, que en su momento le leímos al P. Pepe Aldunate en la Residencia Jesuita y nos pidió publicarla en nuestro Portal de Noticias ‘Reflexión y Liberación’, era el mes de mayo de 2012:

Queridos amigos: ¿Por qué no mirar desde ahora el futuro de la Iglesia como una realidad más modesta pero encendida por el Espíritu? La imagino pequeña, fervorosa, formada por personas libres, sin fetichismos, sin miedos, alegres, felices de estar tratando de seguir al Señor.

Podemos pensarla y prepararla muy fraterna, con verdadero respeto y cariño de unos por otros. Como una comunidad de iguales en que la autoridad muestra tangiblemente esta igualdad, en su tono, su vestimenta, su modo de proponer, escuchar y mandar.

Quisiéramos ver en ella un verdadero protagonismo laical en que los cristianos, sacerdotes, religiosos(as) y laicos(as) ricos y pobres, trabajaran juntos por igual, para mejorar su formación, especialmente leyendo la Escritura, en la oración compartida o silenciosa. O llevando las responsabilidades de la comunidad con parecida participación. También una pastoral que contara con muchas pequeñas comunidades, siempre centradas en la Biblia, comunidades fraternas, en que el pobre y la mujer tuvieran un lugar relevante.

Una Iglesia preocupada de verdad por lo que le pasa al hombre realmente, por la vida de las familias, por el trabajo, la economía, la creación artística, la situación de los más pobres…

Sobre todo con una Pastoral centrada en Jesús con una mística de encuentro personal con él y con un mensaje de liberación para todos los marginados, empobrecidos, explotados y despreciados. Una pastoral que descubra cada día con gozo y asombro la Presencia de Dios y su Don, junto con el llamado a una entrega más entera de todos. Que recuerde el carácter subversivo de la Iglesia, como el de María: Derribó de sus tronos a los poderosos y engrandeció a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin nada (Lucas 1, 52-53).

Para una conversión eclesial de tal hondura necesitábamos un movimiento telúrico de la magnitud de éste que estamos sufriendo. En tal caso, bienvenida crisis. Si no soñamos algo así, querrá decir que ha dejado de correr por nuestras venas esa alegría contagiosa de San Pablo y de todo el Nuevo Testamento.

Unido con todos ustedes en la Esperanza, los saluda cordialmente,

Pablo Fontaine Aldunate, SS.CC.  –  La Unión

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