Enero 21, 2026

‘El Dios en el que no creo’

 ‘El Dios en el que no creo’

“Dios ha escogido lo que no es nada a los ojos del mundo para anular a quienes creen que son algo” (1Cor 1,28-29).

No creo en el Dios de los “espacios protegidos”, ni creo que Dios habite espacios, tiempos o lugares en los que haya hermanos de su Hijo que no puedan pasar por su condición social, religiosa, personal o su modo de vestir o de vivir. Creo que Dios espera siempre que todos nos reconozcamos hermanos y podamos celebrar juntos su mayor regalo: la vida.

Tampoco creo en un Dios de “silencios prudentes”, no creo que el Dios que inspiró a los profetas sonría al ver el silencio ante tanto dolor, el compromiso de parte de nuestras iglesias con los poderosos del mundo por un bien ¿mayor?. Echo de menos gestos proféticos, tomas públicas de postura en nuestra iglesia. Siento que hay tantos hermanos nuestros que necesitan que les sostengan en sus luchas por un mundo mejor…

Tampoco creo en un Dios de “las cosas serias”. Sí, muchas veces en nuestras liturgias transmitimos a un Dios serio, incomprensible (incluso si utilizamos la lengua vernácula) alejado por el vocabulario y las formas de las gentes sencillas. Y a mí me cuesta creer que si no puedo ir con mis vecinas analfabetas a una celebración porque no entienden nada, Dios se quede tan tranquilo. Ellas necesitan una celebración y una liturgia que sostenga su fe, no que las separe cada vez más de “la iglesia de los curas”. Y qué decir de los jóvenes…Creo que Dios es también fiesta, danza, lenguaje cercano a lo que vive la gente…

Por último, me cuesta creer en un Dios que no me recuerde al Jesús del evangelio, al Hijo-de-Dios-carpintero-de Nazaret. Todo lo que se aleja de las comidas abiertas, la accesibilidad sin horario a las gentes sencillas, del amor incondicional y previo a toda respuesta dificulta mi relación con Dios. Se me hace complicado creer cuando me pesa tanto ladrillo de tanta obra institucional mientras cuarenta millones de hermanos nuestros viven desplazados en tiendas de plástico en no se sabe qué desierto. Dudo de la presencia de Dios, lo confieso, cuando hay cualquier acto religioso (procesión, celebración….) y mendigos en la misma calle. Más bien, creo en su presencia en el pobre y me pregunto cuándo llegará la justicia a tocarnos el bolsillo de forma eficaz.

El Nazareno supo descubrir entre todo el fasto del Templo a la viuda; dentro de la sinagoga al publicano, supo mirar a la higuera cuando todos le miraban a él y encontró a Zaqueo y supo leer el corazón de la mujer del perfume. ¿cómo miramos nosotros? ¿cómo miro yo? ¿cómo descubro yo el rostro de Jesús y me dejo encontrar y transformar por él en cada uno de mis hermanos?

Que el Dios en quien yo creo, en su infinita misericordia, nos rompa el corazón para que quepan todos, nos sane la vista para que veamos su acción salvadora y sanadora, y nos quite las parálisis que nos impiden darnos las manos para caminar con alegría participando en la construcción de un mundo más justo para todos. Amén.

Carmela Barrientos, Hermanita de Jesús

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