Febrero 8, 2026

Manifiesto: La Rebeldía de la Esperanza

 Manifiesto: La Rebeldía de la Esperanza

Que duda cabe que la extrema derecha es el actor político principal de nuestro tiempo y que ha sido capaz de establecer una hegemonía cultural que ha transformado las relaciones sociales, al punto de poner en jaque la existencia de la humanidad. Esto hace que sea un imperativo, para la pervivencia de la vida humana y no humana, la derrota de este sistema que esclaviza.

En este contexto mundial quienes nos identificamos como cristianos de izquierda o de izquierda cristiana somos una comunidad de personas, que no siendo necesariamente confesionales, creen que el mensaje de Jesús – aquel de la justicia absoluta, el que los últimos están primero y el de la fraternidad radical- es la herramienta más subversiva contra un sistema que solo valora cuánto produces y cuánto consumes.

En un mundo de pantallas y competencia brutal, elegimos la comunidad contra la soledad del mercado. No militamos por un cargo, militamos para que nadie camine solo.

El humanismo hoy es ecologista, o no es, ya que o salvamos la creación o no hay futuro que organizar, ya que la tierra no es infinita y mucho menos un botín a repartir.

Creemos en una política feminista, desde la idea básica de que la mujer tiene igual dignidad y derechos que el hombre. Si no estamos todos y todas, no es justicia, es privilegio. Porque el pensamiento de la liberación latinoamericana ha evolucionado hacia la Teología Ecofeminista, como la de Ivone Gebara, que conecta la opresión de la mujer con la opresión de la tierra, ofreciendo un marco ético mucho más rico que el feminismo liberal.

Hoy, con mucha fuerza esa “opción” se extiende a las mujeres violentadas por el patriarcado y a la naturaleza explotada. No solo buscamos repartir la riqueza, buscamos que se reconozca la interdependencia humana.

Creemos en el poder para crear, no para mandar.

No te pedimos que creas en dogmas cerrados. Te invitamos a creer en los demás. Te invitamos a ocupar la política no como una carrera profesional, sino como un acto de amor rebelde por el pueblo.

Siguiendo a Gustavo Gutiérrez, nuestro punto de partida no es una teoría abstracta, sino la realidad sufriente del prójimo. Ser de Izquierda Cristiana hoy es entender que la pobreza no es una fatalidad del destino, sino un pecado estructural. Es por ello que hacemos dos opciones: por los pobres y marginados y por la vida.

Como decía Gutiérrez, la liberación debe ser integral: liberación de las estructuras sociales injustas, liberación personal hacia la libertad interior y liberación del egoísmo que nos impide ver al otro (en lenguaje de los que creemos: liberación del pecado).

Inspirados en Paulo Freire, rechazamos la política “bancaria” donde los/as dirigentes y los MCS depositan ideas en los militantes y ciudadanos/as. La educación es una práctica de la libertad.

Los/las jóvenes no son el futuro, son el presente con capacidad crítica e influencia en sus espacios cotidianos, su aporte es hoy y ojalá mañana. Los cristianos de izquierda o los de izquierda cristiana deben generar y ser, o intentar ser, un espacio de concientización: donde el estudiante y la mujer descubren que su malestar personal: la deuda educativa, la precariedad laboral, el no reconocimiento del trabajo de cuidados pilar de cualquier modelo económico, es un problema político colectivo.

Proponemos una compromiso político basado en el diálogo circular, donde el saber académico y el saber popular se encuentren para transformar la realidad.

Recogemos el pensamiento de José Carlos Mariátegui y su visión del “socialismo indoamericano”, pero actualizado con las raíces cristianas.

Buscamos una organización de la sociedad basada en la comunidad. La fe en la justicia nos obliga a pensar siempre en el fin social de la propiedad, y no tememos cuestionar la propiedad privada de los medios de producción cuando esta atenta contra el bien común.

Como decía Clodovis Boff, la política es la forma más alta de la caridad porque busca transformar las causas del sufrimiento, no solo aliviar los síntomas.

Basándonos en Enrique Dussel, planteamos que cualquier sistema que excluya a alguien es un sistema injusto.

La modernidad actual nos pide ser individuos/as exitosos. Nosotros proponemos ser “compañeros y compañeras”. La justicia social es, ante

todo, el reconocimiento de la dignidad infinita de cada persona, especialmente de aquellas que el sistema descarta.

Para que estos conceptos no se pierdan, debemos comunicar estas ideas bajo el ya viejo esquema de:

VER (El Análisis): Usamos las influencia de la sociología crítica latinoamericana de las ciencias sociales para entender por qué hay injusticia en Chile (en América latina) hoy.

JUZGAR (La Ética): Contrastamos esa realidad con el mensaje del Evangelio y el humanismo. ¿Es esto lo que queremos para nuestro pueblo, las comunidades y las personas que los conforman?

ACTUAR (La Praxis): Nos organizamos. La fe sin obras es política muerta. La militancia es la forma en que encarnamos nuestras convicciones.

En un mundo de consumo vacío, la IC ofrece una “épica”. No se trata de ir a votar cada cuatro años; ni de pelear cargos o figuración a codazos, se trata de pertenecer a una tradición de profetas y luchadores sociales que dieron su vida por un ideal de fraternidad.

La esperanza es rebelde y es por eso que otro mundo es posible.

Fernando Astudillo Becerra / Abogado – Valparaíso, CHILE

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