Febrero 21, 2026

Hno. Mino ¡Gracias por tu testimonio de vida!

 Hno. Mino ¡Gracias por tu testimonio de vida!

+Maximino Cerezo Barredo -‘Mino’-, desde esta madrugada y a sus 93 años ya está en la Casa del Padre. En toda Latinoamérica y El Caribe se le conoce como ‘el pintor de la liberación’, su testimonio de vida como Misionero Claretiano lo ubican como una figura de las más relevantes de Asturias, en el ámbito del compromiso humano, ético y social de las últimas décadas.

Nacido en el barrio El Ancho de Villaviciosa (Asturias) en 1932, la afición por el dibujo le viene a Mino desde niño, cuando llenaba de figuras las páginas en blanco de los libros de su padre en su hogar Asturiano. Alumno del colegio de San Francisco. El bachiller lo realizó en Gijón, en el Corazón de María, la Universidad Complutense de Madrid en la Facultad de Bellas Artes. Ya ordenado, tiene en Filipinas su primera experiencia de Misionero junto a los pobres.  Después va a América Latina en los convulsos años setenta y ochenta; Sao Félix de Araguaia y su amistad con don Pedro Casaldáliga. Nicaragua, Panamá, la selva peruana. En el 2005 regresó a España, a la Casa de los Misioneros Claretianos de Salamanca.

 Su dilatada biografía humana, religiosa, claretiana, artística y pastoral testimonia el paso de Dios por estos lugares y por innumerables personas.  Comienzan entonces a ser frecuentes las invitaciones para pintar murales por toda América Latina y también en Europa y América del Norte. Existen obras suyas en al menos 18 países de varios continentes. Los derechos editoriales de su ingente producción de dibujos de carácter popular fueron cedidos ‘al pueblo pobre y creyente de América Latina’.

Mino Cerezo fue un cristiano sencillo, libre y sabio. Todo su compromiso social lo aprendió entre la gente; ‘ellos me enseñaron más que las clases de teología’, señaló en un reportaje audiovisual de la Televisión-Asturias. Su entrega religiosa y misionera a favor de los más desfavorecidos le llevaron a posturas que fueron interpretadas desde la óptica política, pero su comportamiento estuvo siempre guiado por su fe profunda y las convicciones inequívocas que de ella se desprendieron.

En América Latina y El Caribe, Mino como Misionero luchó por una Iglesia más evangélica; una Iglesia servidora, samaritana, que ‘huela a oveja’. Conoció de cerca las situaciones de injusticia y de explotación en territorios de Misión y comprendió que no podía ser cristiano sin defender los derechos de los pobres. ´No podía ser neutral. Era una sociedad dividida y había que optar, pero la opción por los pobres no es contra los ricos. Optar por los pobres es querer que los ricos también lo hagan’. Y, así buscaba rescatar al pueblo de su opresión. Pasó un año junto a su amigo y hermano don Pedro Casaldáliga y pintó doce murales en la Prelatura de Sao Félix de Araguaia.

Gracias por tu Discipulado querido compañero Mino, las Comunidades Cristianas de Base latinoamericanas y caribeñas te abrazan y guardarán como un tesoro el recuerdo entrañable de tu inalterable compromiso social-liberador que puso la dignidad humana y la justicia social por delante de todo con el mensaje de la Palabra, la esperanza y la pintura…

Jaime Escobar Martínez / Director de revista ‘Reflexión y Liberación’

Roma – Santiago – Madrid

Editor