‘Nadie puede estar al servicio de dos amos’
Desde los tiempos de la Iglesia primitiva, los cristianos han apartado un tiempo para recordar y conmemorar la muerte, sepultura y resurrección de Jesús… Somos peregrinos con Jesús.
Si bien recordamos la pasión de Jesús y su resurrección de entre los muertos todos los domingos, especialmente cuando celebramos la Eucaristía o Cena del Señor, los primeros cristianos establecieron un tiempo fijo en su calendario para una celebración particular. Al principio consistía en un ayuno especial de dos días antes del domingo de Pascua, luego se extendió en lo que conocemos hoy como la Cuaresma.
La Cuaresma es un periodo de 46 días, 40 si no contamos los días domingo, antes del domingo de Pascua. Es un tiempo para vivir la vida cristiana más intensamente. No hay una serie de prácticas que son ajenas a la vida cristiana cotidiana, sin embargo, la cuaresma es un tiempo especial para acompañar a Jesús en su camino a la cruz.
Es verdad que Jesús murió una sola vez y no volverá a morir. Nosotros participamos de su muerte, sepultura y resurrección a través del bautismo. No obstante, podemos trazar el camino que llevó a Jesús a la cruz y luego a la resurrección juntamente con Él todos los años para fortalecer nuestra fe y nuestro compromiso. Peregrinamos con Jesús desde el desierto de la tentación de nuevo a la cruz porque queremos examinarnos y ser formados en el camino de Jesús.
Podemos hacer un inventario de nuestras vidas. ¿Cuáles son nuestras luchas? ¿Qué tendría que cambiar para seamos aún más como Jesús? ¿Cuáles son los pecados recurrentes que nos hacen perder el rumbo hacia Jesús? Podemos analizar nuestras vidas y podemos compararnos con Jesús (no con los demás) para ver en qué áreas aún nos falta crecer en humanidad.
Podemos tomar más tiempo de lo normal para orar, para sintonizarnos con Dios, para decir, ‘que se haga tu voluntad y no la mía’. El ayuno nos permite tener más tiempo para orar, para conversar con Dios. También podemos negarnos ciertos lujos o placeres para servir a los demás para que Dios pueda cambiar nuestros corazones.
Podemos pasar más tiempo leyendo la Palabra con una disposición orante – orando mientras leemos. Al leer las palabras de Jesús, a ver cómo interactuaba con la gente, podemos orar y pedirle a Dios que nos haga más como Él. Podemos pasar un tiempo especial leyendo la pasión de Jesús, su última semana de prueba y persecución para entender mejor su sacrificio y el camino que debemos trazar junto con Él.
La invitación a participar de la Cuaresma no es a sumar puntos con Dios sino crear un espacio para encontrarnos con Dios en el silencio de la oración y en la meditación de su Palabra. El servicio a los demás, en especial a las personas que recién mencionamos, es una manera de imitar a Jesús y entender mejor su camino a la cruz.
Si no morimos con Jesús, tampoco vamos a resucitar juntamente con Él. Las prácticas no nos van a cambiar, es el tiempo con Jesús y el servicio en su nombre que nos van a transformar. Somos peregrinos con Jesús.
‘El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación’… (Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2017).
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