Después de ‘Magnifica humanitas’ / Paul Buchet
Las distintas “inteligencias artificiales” procesarán a su manera las informaciones y comentarios acerca de la encíclica papal ‘Magnifica humanitas‘.
Su parición sorprendió a los Medios de comunicación social y sacudió el mismo ambiente eclesial. De hecho, el ambiente actual era propicio a crear un profundo malestar. El auge de las nuevas tecnologías preocupa, los conflictos se multiplicaron en el mundo, la violencia y la inseguridad reinan. A buena hora llegaron las palabras del Papa León XIV.
Cuando nuestro segundo milenio empezó con un “sunami” de neo-ciencias informáticas, digital, internet… esto provocó un verdadero trastorno cultural. La avalancha de informaciones en las redes sociales, en las industrias, el comercio, la finanzas… dan pie a unas despersonalización y deshumanización que no se conocieron en las revoluciones sociales del pasado ni en el surgimiento de la industria y del capitalismo. Nuestro Papa León XIV, con su encíclica “Magnifica humanitas” vio la urgencia de actualizar la Doctrina Social de la Iglesia que había quedada deslucida en el abandono del Vaticano II y en la confusión cultural de la globalización que siguió.
Quizás, no muchos cristianos y clérigos tomarán el tiempo de leer las 70 páginas del documento por esto es conveniente resumir brevemente este documento valioso.
En un primer capítulo, recorriendo la evolución histórica de la doctrina social de la Iglesia, el Papa destaca sus principales principios inspirados del evangelio: el Bien común, la subsidiaridad, la justicia social y la solidaridad.
Sus páginas visionarias del segundo capítulo subrayan, ante las promesas de la “inteligencia artificial”, la grandeza de la persona humana “.Reconociendo lo positivo que pueda tener la AI, dice que ésta requiere “un nuevo marco espiritual, ético y político”. Y la cuestiona en muchos enfoques precisos denunciando sus ambigüedades . Hay que custodiar lo humano, lo verdadero “más humano “ que es obra del Espíritu Santo.
En un tercer capítulo aborda los ámbitos s que necesitan preocupación particular : la Verdad (democracia, educación, familia) , el Trabajo (Bien común, economía, juventud), la Libertad ( lo social, las nuevas esclavitudes, la necesidad de trasparencia). Con muchas precisiones, aclara los limites, los peligros y las ilusiones de las aplicaciones de esta “inteligencia artificial”. Denuncia las injusticias las corrupciones que encubren esos nuevos poderes.
El cuarto capítulo confronta “la cultura del Poder al que puede llegar a ser la Civilización del Amor”. Recuerda los problemas de la Paz, de las víctimas , de las armas por la AI, , de las responsabilidades personales, la diplomacia, la ONU.
En “Conclusión”, el Papa aporta como “brújula” de orientación : los misterios de la Encarnación que es “transhumanismo”. Llama a la “unidad eclesial” que se expresa en la Eucaristía y a la Esperanza de “Liberación” como lo reza el ‘Magnificat‘de Maria . “No es una utopía”, dice el Papa , es un proyecto exigente, un proyecto que puede cambiar la cultura del Poder por una “civilización del Amor”.
Después de leer detenidamente este magistral trabajo pontificio, se puede hacer unos comentarios.
Lo valioso de esta Carta es su mirada hacia el exterior (la A.I.) Era urgente porque la pastoral social ha sido la pariente pobre en los discursos y sobre todo en las actividades eclesiales en las ultimas décadas. El Papa dedicó algunas líneas para invitar la Iglesia a un examen de conciencia. Se entiende que la decadencia y la crisis de la Institución Eclesial dejaron caer las comunidades en un repliegue conservador y un letargo societario pero, para, a futuro, se espera de la Iglesia un despertar social con mejores resultados que los que tuvo la ‘Gaudium et Spes‘ del Concilio Vaticano II.
Es cierto que el nivel de conocimientos que supone la lectura del documento papal es medio alto. Existen muchos laicos capaces de ser movilizados en lo socio-politico cultural y que entienden los predicamentos del Papa pero muchos de ellos han sido marginados de los ambientes eclesiales. Surgió una generación de jerarcas y de ministros en la Iglesia que no recibieron ninguna formación social ni tienen interés en las perspectivas de la encíclica. El Papa Léon les abre los ojos.
La puesta al día de la Doctrina Social de la Iglesia era conveniente para despertar el catolicismo tradicional y el mundo occidental, sin embargo el seguir con el doctrinalismo en materia social deja unos cuestionamientos profundos.
Respecto a la evangelización, el modo “doctrinal” deja a Cristo atrás las bambalinas. No basta decir en un discurso que se está “inspirando” del evangelio si Jesucristo mismo no aparece como referente principal . El mismo recurso del teísmo popular es bien insuficiente para el anuncio de Jesucristo. La redacción de los evangelios y de los escritos de los apóstoles demuestran en el Nuevo testamento la memoria imprescindible de Jesús en todos los discursos. Recordar los dichos y hechos de Jesús era de por si evangelizador. La cultura ha evolucionado y secularizado pero esto es una mayor oportunidad para llevar la Iglesia a ser más explicita (‘kerigmática‘) en sus mensajes y más cosmopolita en sus catequesis .
La Doctrina Social de la Iglesia se entremezcló con los pensamientos personalistas, humanistas e idealistas (asumiendo a penas las ciencias). El cristianismo no puede amararse a un contexto cultural determinado. No se puede hablar indistinctamente de “persona”, de “humanidad”, de” Bien común”, de “Verdad”, de “Trabajo”, de “Dinero”… a Marxistas, capitalistas, existencialistas, indígenas, budistas, Hinduistas, sincretistas…(que son las mayorias en el planeta)… pero se les puede hablar del mismo Jesucristo.
La metodología de la acción católica de ayer era simple: VER (situacion vivida) – JUZGAR (con referencia explícita al evangelio y ACTUAR (preciso y concertado). En la misma encíclica, el Papa habla de “discernimiento” acerca” de la Inteligencia artificial, pero no limita este papel a los jerarcas de la Iglesia (de“pronunciarse”), convoca a todas las comunidades , a todos los laicos para esta labor. Es de esperar que las próximos prioridades de la Iglesia en todos los niveles vayan en este sentido y que esta encíclica ‘Magnifica humanitas’ inicie una necesaria renovación social de la Iglesia.
Paul Buchet / Temuco – Chile